Retorno del fascismo

¿Socialdemocracia o liberalsocialismo?

A pocas semanas de que se cumplan 100 años de la “Marcha sobre Roma” que marcó el inicio del fascismo en Italia a partir de octubre de 1922, reaparecen sus herederos políticos ofreciendo un camino alternativo a la democracia y a la constitución republicana nacida justamente de la resistencia antifascista.

Las teorías que se refieren a la crisis de la democracia encuentran en el caso italiano una prueba sobre cómo su declive acontece no por la acción de los poderes fácticos, sino por obra de los gobiernos elegidos democráticamente.

Así lo demuestra el triunfo de la coalición ultraderechista encabezada por Giorgia Meloni del partido “Hermanos de Italia”, quien no oculta su simpatía por el líder fascista Benito Mussolini y postula una “nación en lugar de un país” e identifica a “patriotas en lugar de ciudadanos”.

Acompañada por Matteo Salvini del partido “Liga Norte” quien desde su posición como Ministro del Interior en gobiernos anteriores clausuró las fronteras a los migrantes por medio de la política de “puertos cerrados” que costó muchas vidas y por Silvio Berlusconi fundador del partido “Fuerza Italia” quien manifiesta abiertamente su apoyo a Vladimir Putin en la guerra contra Ucrania.

En la evolución política de Italia se encuentran diferentes fases que van desde la formación del Estado liberal (1861-1922) hasta la dictadura fascista (1922-1943), desde la fundación de la república democrática (1946) hasta los años del centrismo político (1946-1960), desde el periodo de los gobiernos de centroizquierda (1960-1970) hasta la fase de la solidaridad nacional (1970-1979), desde los años del “compromiso histórico” y la alternativa democrática (1979-1987) hasta la caída del viejo sistema político (1987-1994), para inaugurar la fase de la transición política (1994-2001) y arribar a la Segunda República (2001-2013).

Prosigue la época de las desviaciones populistas (2013-2018) y ahora se agrega la fase del neofascismo en el poder.

Tenía razón Marx cuando parafraseaba a Hegel afirmando que la historia se repite primero como tragedia y después como farsa.

Retorno al fascismo 

Las elecciones anticipadas celebradas el fin de semana pasado son quizá las más importantes desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Cerca de 51 millones de ciudadanos fueron convocados para renovar el Parlamento y designar posteriormente al Primer Ministro.

Este proceso se llevó a cabo con una nueva ley electoral que modificó el diseño institucional del Parlamento, estableciendo un sistema mixto mayoritario y proporcional que reduce por primera vez el número de los legisladores.

De esta forma, se eligieron a 400 diputados en lugar de los 630 tradicionales y a 200 senadores de los 315 que existían anteriormente.

Un tercio de los legisladores fue elegido con el sistema mayoritario y dos tercios con el sistema proporcional.

En este esquema los electores no pueden votar de manera diferenciada.

Con esa normatividad la ultraderecha obtuvo mayoría absoluta con base en un programa electoral populista y soberanista, antieuropeo y de rechazo a la migración, proclive a la familia tradicional y contra la diversidad sexual.

La ultraderecha fue confrontada sin éxito por una débil coalición de centroizquierda encabezada por el “Partido Democrático” heredero del antiguo Partido Comunista Italiano.

Durante los últimos tiempos el gobierno de ese país fue considerado como el punto más débil del sistema político.

La inestabilidad de los gabinetes, la debilidad de los presidentes del Consejo Ministros, la falta de coordinación entre las instituciones y la ingobernabilidad sistémica hicieron que ese régimen político fuera víctima de una partidocracia tradicionalista, de una clase política oportunista, costosa e ineficiente, así como de una estructura electoral que favorece las coaliciones políticas “contra natura” y que deforma la voluntad de los ciudadanos. Con un abstencionismo creciente el neofascismo toma el poder.

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