En Ayotzinapa siempre estuvieron Los Rojos



Ciudad de México.- Hace seis años de la desaparición de los 43 estudiantes de la escuela normal de Ayotzinapa y ya es tiempo atender uno de los problemas de fondo: La infiltración de Los Rojos.



Hay múltiples constancias al respecto y la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) recomendó indagar el contexto de disputa de las organizaciones criminales en Tixtla, Guerrero.



Desde hace una década pelean por el control territorial Los Ardillos y, precisamente, Los Rojos.



Hace uno días, Omar García, uno de los líderes estudiantiles y sobreviviente de la noche de Iguala señaló que no había que descartar la infiltración del narcotráfico en la Escuela Normal Isidro Burgos.



También expresó que no hizo antes estos señalamientos para “no criminalizar” a las víctimas y porque esto afectaría a su movimiento.



La probabilidad de que los jóvenes estudiantes hayan sido atacados porque se pensó que pertenecían a una banda rival a los Guerreros Unidos, es el centro de esa historia macabra.



La PGR se vio obligada a tratar con pinzas esa hipótesis, porque el entonces presidente de la República, Enrique Peña Nieto, hizo el compromiso con los padres de los desaparecidos, de no enfocarse en cuestiones que vulneraran la memoria de los normalistas.



El paso de los años y la extensión de la indagatoria, hacen imposible que no se discuta sobre la venta de drogas en la propia Normal, sobre el control que ejercían dos grupos, al amparo y la protección del Comité Estudiantil.



También hay que insistir en revisar la enorme negligencia, si no es que algo más, de las autoridades del plantel, quienes nunca se ocuparon de la seguridad de los estudiantes, aun cuando conocían de los riesgos que existían y que se habían traducido en el secuestro y golpiza en contra de un estudiante.



Lo cierto es que los jóvenes de nuevo ingreso fueron llevados al matadero el 26 de septiembre de 2014, porque así lo quisieron líderes estudiantiles, directivos normalistas, jefes del narcotráfico, alcaldes corruptos y policías municipales al servicio de los bandidos.



A quienes no les gusta la verdad histórica, por lo que implica, debiera entonces motivarlos, las enormes posibilidades que representaría indagar lo que ocurría en la normal de Ayotzinapa meses y semanas anteriores a la noche de Iguala.



Se requiere leer y atender la Recomendación 15VG/ 2018, que emitió la CNDH, para tener una idea de la extensión y del costo de las negligencias que fueron colaborando, de algún modo, en que aquella pesadilla fuera posible.



Sería un homenaje, más que justo, a quienes perdieron la vida y para los que ya nunca se supo de ellos.

  • Julián Andrade Jardí

    Julián Andrade Jardí

    En la actualidad soy periodista y consultor. Escribo en diversos medios y entre ellos Forbes, La Crónica de Hoy y Etcétera. En La Razón me desempeñé como columnista y editor jefe. En Milenio trabajé como coordinador de información y en La Crónica de Hoy como subdirector. Dirigí Newsweek en español. En el ámbito de gobierno, fue coordinador general de comunicación social en el gobierno de la Ciudad de México y en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de Federación. Soy autor de la novela "La lejanía del desierto" y coautor, con Jorge Carpizo, de "Asesinato de un cardenal".