Polígonos de Paz

Gracias por arroparme con solidaridad y buena vibra


Ciudad de México.- Si el presidente Enrique Peña Nieto hizo una saludable, aunque tardía, autocrítica en el tema de la corrupción, hay que pedirle una revisión similar de su estrategia bélica.
El militar de alto rango me soltó el reproche: “entiendo que critiquen la estrategia de seguridad pero también propongan soluciones”.

El comentario me confirmaba lo escuchado en el mundo de la seguridad: la conducción de la guerra tiene limitaciones; no está funcionando.

Urge que las políticas públicas se oxigenen y consideren nuevos enfoques. Uno de ellos son los “polígonos de paz”.

En 1970 el Congreso de los Estados Unidos aprobó las Leyes RICO. Uno de sus objetivos principales era encarcelar a los grandes capos para fragmentar a las familias mafiosas y transformar un problema de seguridad nacional en uno de seguridad pública.

En los Estados Unidos funcionó razonablemente bien la política y la fragmentación se hizo dogma impuesto a, y asumido por los países de América Latina afectados por la violencia criminal. En Colombia descabezaron a los carteles de Medellín y Cali y algo parecido ha estado sucediendo en México.
Enrique Peña Nieto emuló a su antecesor y toma como indicador de éxito la detención o eliminación de los líderes delincuenciales. El 21 de abril de 2015 el actual presidente presumía que se habían “detenido, o en algunos casos abatido, a 93 de los 122 delincuentes más peligrosos del país”.

El 12 de julio de este año había añadido a otros siete a la cuenta porque aseguró que “se han neutralizado a 100 de los 122 […] delincuentes de mayor peligrosidad”. Con este criterio nuestro problema de seguridad desaparecerá cuando termine su sexenio. Es evidente que ello no sucederá.

El problema con este enfoque es que se desentiende de las consecuencias de la fragmentación. En Colombia y México el resquebrajamiento de los carteles ha llevado a la multiplicación de las bandas. En un oficio del 10 de septiembre de 2014 la Procuraduría General de la República reconoce que las nueve grandes organizaciones derivaron en 45.

El desgajamiento ha seguido y según una fuente confiable en Tamaulipas el Cartel del Golfo y los Zetas se han convertido en 23 grupos de diferente tamaño pero con altos niveles de agresividad.

Hacia los “cartelitos” no hay política. En realidad falta una estrategia integral y multidimensional que incorpore lo internacional. Una línea de trabajo podría ser la creación de “polígonos de paz”. Utilizo ese término para recordar una innovación en la estrategia peñanietista.

En los inicios de este sexenio la Subsecretaría de Prevención y Participación Ciudadana de la Secretaría de Gobernación identificó “polígonos de intervención” por todo el país.

El primer titular de esa dependencia, Roberto Campa, los definió como prioritarios por su “alto nivel de delincuencia y vulnerabilidad”. El trabajo de prevención tuvo resultados desiguales porque en algunos municipios las condiciones eran adversas. Eso me lleva a una digresión académica.

Una corriente de pensamiento es el de las “geografías de paz” (Nick Megoran y Fiona McConnell, The Geographies of Peace: New Approaches to Boundaries, Diplomacy and Conflict Resolution, 2014). Entre sus innovaciones está el incluir a la geografía en las disciplinas con las cuales se estudia tradicionalmente la guerra y la paz.
Es decir, hay zonas más propicias que otras para construir “islotes” de paz que contengan la violencia criminal. Es el caso con Jalisco y Chihuahua que son territorios propicios para la experimentación de este tipo.

En Jalisco la corriente de Movimiento Ciudadano encabezada por Enrique Alfaro y Clemente Castañeda obtuvo una sonada victoria electoral en 2015. En este momento gobierna a 62% de la población y tiene mayoría en el congreso. Hace unas semanas Javier Corral triunfó en Chihuahua y en octubre próximo se convertirá en el gobernador y su partido, el PAN, está cerca de la mayoría simple en el congreso local. En esos territorios gobiernan fuerzas más dispuestas a considerar lo nuevo.

En la última década se ha puesto el acento en la parte militar y policiaca de la guerra contra el crimen; tiene que complementarse con los “polígonos de paz”, concepto que por su complejidad requiere una mayor discusión.

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Colaboró Maura Álvarez Roldán.