La salud, rehén de la soberbia



Ciudad de México.- La salud de los habitantes de la Ciudad de México (CDMX) es rehén de la soberbia del subsecretario de Salud federal, Hugo López-Gatell, y de los conflictos entre este y la jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum.



La capital del país está en crisis por el alto número de contagios y muertes por Covid y ninguno se atreve a tomar medidas drásticas para evitarlo.



El 14 de mayo, en el Diario Oficial de la Federación se publicó el acuerdo para establecer el semáforo epidemiológico. Sin embargo, ante su fracaso, López-Gatell ahora dice que es “intrascendente”.



“Es hasta cierto punto intrascendente, alerta por Covid-19, emergencia por Covid-19. ¿Hay alguna duda?”, dijo molesto el encargado de la estrategia para controlar la pandemia.



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Claudia Sheinbaum no quiere dar el paso y dejó que la Secretaría de Salud federal decidiera si la Ciudad de México regresaba a semáforo rojo. Evidentemente no lo hizo.



La Jefa de Gobierno recomienda todos los días a los capitalinos no hacer fiestas ni reuniones, usar cubrebocas y no salir de casa. Pero ni siquiera a media calle de donde despacha le hacen caso.



Tendría que ser firme y exigirle al presidente López Obrador que, como habitante de la Ciudad de México, atienda ese llamado.



Las conferencias matutinas reúnen a más de 20 personas en un espacio cerrado y tampoco usa cubrebocas.



Por desgracia, Sheinbaum actúa más como súbdita de Palacio que como gobernante de la Ciudad más poblada del país.



En las manos de estos dos personajes está la salud de más de ocho millones de capitalinos, además de la población flotante que todos los días trabaja en la Ciudad de México.



De López-Gatell ya no asombra nada. Su incapacidad ha cobrado la vida de más de 100 mil mexicanas y mexicanos –reconocidos oficialmente--, y esto, por desgracia, no terminará pronto.



En tanto, a la Jefa de Gobierno le ha temblado la mano y no quiere tomar decisiones que molesten al inquilino de Palacio Nacional.



Cuando Sheinbaum asume su papel de Jefa de Gobierno lo hace bien, pero cuando se alinea a los caprichos de López Obrador, su actitud es lamentable.