Con la DEA, dejar las armas

Mi amigo

Con la DEA. La DEA suele ser un problema, pero también una solución.

Desde hace años, el gobierno mexicano ha colaborado con la agencia antidrogas.

La relación fue siempre compleja, porque los policías de Estados Unidos no suelen respetar mucho a sus colegas mexicanos, con excepción del grupo de élite que se conformó en 1997 y por el que se capacitó a decenas de oficiales, sobre todo de la PGR y, posteriormente, de la Policía Federal.

La DEA, además, utiliza métodos no siempre ortodoxos cuando se trata de salvaguardar sus intereses o inclusive de tapar sus fechorías.

Las indagatorias sobre el asesinato del agente Enrique Camarena son un ejemplo, donde ciudadanos mexicanos fueron secuestrados para posteriormente ser trasladados a territorio norteamericanos para ahí ser juzgados.

Pero aquello también respondió a un crimen que sigue siendo una afrenta para la DEA.

Porque muchos de los viejos mandos consideran que estuvieron involucrados funcionarios mexicanos del más alto perfil.

Nada indica que haya sido así, pero el problema y la percepción persisten.

Con la DEA

Pero si se hace un balance, la cooperación con la DEA resultó provechosa para ambos países.

Ya que permitió la detención de líderes importantes del crimen organizado y, sobre todo, estableció esquemas de procesamiento de datos que son indispensables para la obtención de información de inteligencia.

La fusión de información es indispensable para establecer con claridad estrategias, pero también para detonar operaciones eficaces y exitosas.

Nada hay más riesgoso que ir a ciegas en el combate a los bandidos del más alto perfil, porque los errores cuestan vidas y echan por tierra el trabajo de meses o inclusive de años.

En la actual administración, la del presidente López Obrador, no tienen un interés en perseguir, de modo prioritario, a los criminales más relevantes.

Lo han dicho con mucha claridad, ellos están concentrados en revertir las causas de la violencia y no tanto de ocuparse de sus consecuencias.

El saldo está a la vista, en tres años ya se rebasó el número de homicidios dolosos si se compara con lo que ocurrió durante los seis años de mandato del presidente Felipe Calderón.

Por lo pronto, decidieron disolver la unidad especial que trabajaba con la DEA.

No les interesa ese tipo de colaboración.

Es probable que aleguen cuestiones de soberanía, las que sin duda son relevantes, pero los equipos de élite trabajan con objetivos claros y supervisados por oficiales de ambos países.

Es un intercambio y se llama colaboración.

Para la DEA resulta compleja la obtención de información en el terreno.

Sus agentes, por más que conozcan México, nunca tienen las herramientas para poder navegar con la seguridad adecuada en territorios donde la delincuencia tiene presencia e inclusive control.

Foto de Karolina Grabowska en Pexels.com

Pero del lado mexicano no hay la misma capacidad, en cuanto a tecnología y procesamiento de la información, para obtener productos de calidad que sirvan para tomar decisiones.

La cancelación de este tipo de acuerdos en realidad es un desperdicio de recursos y de talento humano.

Capacitar oficiales es una tarea bastante ardua y más aún en un contexto como el mexicano, donde la policía no cuenta con la valoración adecuada de la sociedad.

No colaborar con la DEA sirve para la alharaca nacionalista, pero no para garantizar la seguridad ciudadana.

La mejor defensa de la soberanía radica en no permitir que los delincuentes hagan lo que les venga en gana.

Síguenos en Google News

¡Suscríbete!
Obtén los beneficios especiales que tenemos para ti.