Benito Juárez: el sombrío vuelo

Mi amigo

Benito Juárez. En el Aeropuerto Benito Juárez de la Ciudad de México, cuatro de cada 10 vuelos se demoran.

La probabilidad de perder conexiones internacionales es alta y en el ámbito de los negocios las incertidumbres que ello genera no son nada gratificantes.

El desastre no ha hecho sino iniciar, es decir, estamos muy lejos de tocar fondo, y es probable que cualquier corrección a esta situación lleve muchos años.

Por eso se estaba construyendo la terminal aérea de Texcoco, como una solución de fondo y además competitiva a nivel continental.

El actual gobierno optó por la edificación del Felipe Ángeles, que está lejos de la Ciudad de México y sin la conectividad adecuada.

Algún día la habrá, dicen, pero mientas ocurra los daños pueden ser de rango mayor.

Aunado a ello, el anuncio de que la Terminal 2 del AICM tiene daños estructurales que implicarán un mantenimiento que puede llegar a una nueva construcción, muestran un panorama bastante sombrío.

Como suele ocurrir en esta administración, todo es poco claro.

Benito Juárez, un aeropuerto en crisis 

El anuncio de los daños que enfrenta la terminal construida por el presidente Vicente Fox, se da luego de las enormes quejas que se fueron acumulando por usuarios y de la aparición de un bache en una de las pistas, sí, de un bache, de esos que abundan en las superficies de rodamiento de todo el país, pero que no tenían que existir en un lugar de seguridad prioritaria como es un aeropuerto y para colmo internacional.

La opción natural sería la de trasladar los vuelos al Felipe Ángeles, pero en realidad no lo es porque tiene problemas de infraestructura y acceso, pero, todavía más relevante, la categoría de seguridad aérea está degradada y no pueden cambiarse las rutas hasta que eso no sea solucionado.

Es el peor de los mundos posibles, pero no se llegó a esta situación por azar, sino por malas decisiones, la más grave la cancelación de Texcoco, pero las siguientes son la consecuencia de una concatenación de errores.

El eventual cierre de la Terminal 2 afectaría al 45 por ciento de los vuelos en la Ciudad de México.

Un dato. Entre enero y junio se realizaron 82 mil operaciones aéreas y esto es apenas una pincelada de todo lo que está en juego.  

Expertos señalan que se requieren de estudios adecuados, ahora no los hay, para saber en realidad cuáles son las opciones.

El riesgo es que se opte por dar un paso adelante para tratar de fortalecer al Felipe Ángeles, pero sin las evaluaciones de ingeniaría e inclusive actuariales correspondientes.

Una medida así de relevante pareciera difícil y más para una administración que ya está entrando en el periodo de cierre, pero las evidencias y objeciones nunca han sido un obstáculo, como lo mostró la cancelación de Texcoco.  

Por lo pronto, será un vuelo sombrío para Benito Juárez.

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