Alito y su ley del revólver

Mi amigo

Alito y su ley. Todo se degrada. La vida política pasa por un mal momento.

La propuesta de Alejandro Moreno, de hacer cambios a la Ley Federal de Armas de Fuego es un ejemplo del extravío en el que se encuentran quienes debieran tener claridad para enfrentar un momento tan complejo.

El líder del PRI quiere que los ciudadanos adquieran armamento de alto poder para defenderse en sus hogares y negocios de la delincuencia. Recapitulemos.

La Constitución, en su Artículo 10, permite la posesión de armas en los hogares, para la legitima defensa, pero tienen que ser de calibres específicos, estar registradas y no ser de uso reservado del Ejército.

¿En realidad se requiere dar un paso más en la cultura de las armas? ¿No es suficiente el ejemplo de lo que ocurre en los Estados Unidos?

Sería como entrar en la ley del revólver, en la selva del caos y del uso de la fuerza.

Pero además, al provenir la idea, aún no es iniciativa, de uno de los líderes de un partido como el PRI es que aumentan las inquietudes.

En los hechos, la propuesta sería una renuncia a la larga trayectoria de reformas en las que participó el priismo.

En particular las que tuvieron que ver con la implantación del sistema no jurisdiccional de protección de los derechos humanos más robusto del mundo, del significado que tuvo, en su momento, la edificación de la Policía Federal y de los esfuerzos para elaborar una estrategia de seguridad ciudadana.

Alito y su ley

¿Por qué sería así? Porque armar a los ciudadanos para que ellos se defiendan es renunciar al papel central del Estado, a la garantía que tiene la sociedad de que se le proteja para poder vivir en libertad.

Alejandro Moreno cometió un error político de grandes proporciones, al pretender rebasar la inacción de las autoridades actuales, dejando en manos de la propia sociedad lo que es una tarea central de las policías.

Sí, la enorme violencia que padece México requiere de acciones urgentes, de una estrategia adecuada, de construcción de policía y de alianza con la sociedad, pero no de ocurrencias.

La idea de Moreno no prosperará, no tiene el apoyo parlamentario suficiente y en su propio partido encontraría resistencias, de modo particular en el Senado.

Esto lo sabía el dirigente de los priistas, pero aun así soltó la propuesta.

Puede ser que se trate de una cortina de humo para desviar la atención de los problemas que padece: las indagatorias en su contra, amarradas a una campaña de desprestigio operada desde el gobierno de Campeche, bastante sucia, por cierto, y a la disputa interna que ya hay sobre su permanencia en la presidencia del PRI.

Pero si fue eso, el intento de buscar otros temas, el fallo es todavía más pronunciado, porque lo que se logrará es lo contrario.

Y además, deja a sus compañeros de partido en una triste condición porque los envuelve en sus propios errores.

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