El Disparate



A la memoria de Manuel Camacho Solís


Ciudad de México.- En Michoacán el Congreso concedió por unanimidad la presea Melchor Ocampo a un grupo musical que ¡enaltece a la mafia michoacana! ¿Qué les pasa?
La "Melchor Ocampo" se entrega anualmente a personas o instituciones que hayan prestado servicios eminentes a México o Michoacán. Este año honraron al grupo Los Hermanos Jiménez por ser “pioneros en llevar la música regional de Tierra Caliente a toda la República Mexicana y a la Unión Americana”. Los 31 legisladores presentes respaldaron unánimemente la propuesta de su presidente, el diputado Raymundo Arreola Ortega; el premio fue entregado en sesión solemne por el gobernador perredista Silvano Aureoles.

Escuché una parte de la música de Los Hermanos Jiménez y entendí por qué también se les conoce como Los Reyes del Arpa. No cuestiono la calidad sino el que se premie a un grupo que tiene entre su repertorio alabanzas a la “mafia michoacana” por el talento con el cual llevan “marihuana, chiva y polvo” a tierras americanas. Entre los valores pregonados por estos músicos está que “el dinero es muy bonito” y que lo mejor es ganarlo con “las drogas” porque es “más fácil de gastar”.

Una parte de la sociedad michoacana se indignó y protestó en redes sociales y una colega de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Josefina Cendejas Guízar, incluyó el hecho en la ponencia que presentó la semana pasada en una conferencia realizada en El Colegio de México sobre culturas de violencia y paz en diez estados. Hago un paréntesis para glosar la manera como reaccionaron gobernador y diputados ante las críticas ciudadanas.
En lugar de responder, Silvano Aureoles hace como si le rezara a la Virgen de San Lucas, también conocida como la Reina de Tierra Caliente. El diputado de Movimiento Ciudadano (MC), José Daniel Moncada Sánchez, explicó que él aprobó la propuesta porque le dieron incompleta la información. El iniciador del desatino, el priista Raymundo Arreola, reconoció que Los Reyes del Arpa sí hacen “eso” (o sea, narcocorridos) pero que “son michoacanos a los que la Constitución les da sus derechos”, que “hacen cultura popular” y que fue una decisión colectiva del Congreso que “apechugará” las críticas. En pocas palabras, ultimadamente háganle cómo quieran.

Se corrobora que buena parte de quienes gobiernan encubren su complicidad, mala información y desinformación tras un abanico de negaciones, silencios y cinismos. En este caso, hicieron a un lado que en 2014 y 2015 volvieron a incrementarse las defunciones por homicidio en Michoacán, asesinan mujeres (ya hay alerta de género) y reaparecen los Caballeros Templarios mientras incursiona el Cartel Jalisco Nueva Generación. Asumen sin chistar el diagnóstico elaborado hace años en un memorable texto de Humberto Padgett y Dalia Martínez: “Michoacán esconde una república en su interior: la ‘República marihuanera’ ”.

Quien gobierna Michoacán replica la estrategia federal que apuesta por lo policiaco-militar, ignorando algunas de las arterias que mantienen en buena salud a la delincuencia organizada que se fragmenta, es cierto, pero que reaparece bajo otros nombres y modalidades. Una de las vías es la cultura de la violencia que amparada en la libertad de expresión, proporciona la racionalidad que justifica la ilegalidad en amplios sectores de la población que celebran los éxitos de la delincuencia organizada. La música es una de sus expresiones. Es un asunto endemoniadamente complejo que no desaparecerá ignorándolo o minimizándolo.
José Telésforo Juan Nepomuceno Melchor de la Santísima Trinidad Ocampo Tapia (Melchor Ocampo) fue un personaje tan congruente como Emiliano Zapata, Belisario Domínguez o Lázaro Cárdenas. Por ello resulta tan monumental la incoherencia perpetrada por el Congreso michoacano y sancionada por su gobernador. Dos de los tres poderes michoacanos entregan la máxima presea a quienes van tejiendo acordes que alaban al Estado paralelo. Es una capitulación sorpresiva y ofensiva.

Y luego se extrañan de que altos oficiales del ejército se quejen en privado de la irresponsabilidad de los “civiles” que los llaman a resolver sus errores. Y luego se sorprenden que les tengamos tan poco respeto.

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Colaboró Maura Álvarez Roldán.