De despensas, clientelas y ciudadanos

Ciudad de México.- En la época en que el PRI era partido casi único, ese periodo en que el historiador Enrique Krauze definió como «la presidencia imperial», los mexicanos, más que ciudadanos, éramos súbditos, gobernador por un poder que no rendía cuentas, no consultaba y no estaba sometido a casi ningún tipo de control.

Con la llegada de la alternancia, en 1997 en la Ciudad de México, y en 2000 en el país, se pensó que los mexicanos deberíamos transitar hacia la ciudadanía, en la que los servidores públicos son objeto de obligaciones y la población goza de derechos y garantías. Los escándalos de corrupción, manejo opaco de presupuestos, negativas a la transparencia, son ejemplo de que el cambio de partido en el gobierno no trae la democracia por sí y que la ciudadanía no se adquiere por ósmosis.

Viene esto a cuento por las denuncias de reparto de despensas a cambio de votos de los que se acusó, primero, al PRD, y luego a un diputado local, ex perredista, y ahora candidato de Morena. Ambos casos muestran los rezagos que arrastramos en términos de prácticas políticas ya que la mayoría de los partidos siguen dispuestos a canjear votos por canonjías como despensas, materiales de construcción, becas, zapatos, etcétera. En términos llanos, los políticos siguen lucrando con la necesidad de la población.

Corporativismo y clientelismo fueron dos de los pilares sobre los que se levantó el edificio del partido casi único. La primera fue adoptada y mejorada por la izquierda que gobierna el Distrito Federal y más que cambiar las condiciones de vida en la metrópoli desde hace 18 años se ha dedicado a crear programas para satisfacer a las clientelas y además a legislar para hacerlos inamovibles.

El sainete comenzó el martes cuando un video en You Tube advertía que la delegación Cuauhtémoc almacenaba miles de despensas en el deportivo Peñoles, en la colonia Valle Gómez, que presuntamente serían usadas con fines electorales. El periódico Reforma informó que los beneficiarios debían entregar copia de la credencial de elector.

Atrapados con las manos en la masa los funcionarios patinaron al dar explicaciones. Eduardo Lima, encargado del despacho (Alejandro Fernández, el delegado, pidió licencia porque es candidato a diputado) dijo que se trataba de un programa del gobierno del Distrito Federal, parte de las acciones contempladas en la Ley de seguridad alimentaria aprobada por la Asamblea Legislativa en 2009. Pero la directora de Desarrollo Social, responsable de la operación y esposa del candidato del PRD a la jefatura delegacional, José Luis Muñoz, sostuvo que se trata de una obra del gobierno de Cuauhtémoc.

Las contradicciones, así como el hecho de que se escondieran las despensas, que policías detuvieran a los reporteros que investigaron el hecho, los pretextos de la dirigencia perredista -el presidente en el DF negó irregularidades alegando que era un montaje mientras el nacional, Carlos Navarrete, no se «enteró» de la agresión a los periodistas, provocaron y críticas tanto en redes como en medios.

De modo que para manejar la pequeña crisis el PRD armó un operativo y encontró que en una casa de Azcapotzalco donde atiende el diputado Vidal Llerenas también se preparaban despensas. Ahora las acusaciones fueron idénticas, pero en sentido contrario, los perredistas exigieron una investigación del Instituto Electoral del DF.

Si agregamos factores como el apresurado proceso para licitar, evaluar ofertas y asignar el contrato por las despensas (licitación pública 30001021-001-15) que la delegación despachó en una semana, y el hecho de que no exista un padrón de beneficiarios como los exige la Ley de Seguridad Alimentaria en su artículo 18, fracción XVI hay motivos fundados para sostener que esos programas, que funcionan con recursos aportados por los ciudadanos, son el imán para atraer votos.

Los episodios llegaron al IEDF, que se tardó dos días en responder a la exigencia, a pedir a los contendientes no utilizar programas sociales para ganarse votos ni inducir el sufragio con regalos.

La demanda equivale a la proverbial petición al olmo para que entregue peras. Ambas partes provienen de la misma raíz, del partido que da subsidios a adultos mayores, becas a estudiantes y madres solteras, despensas, política con resultados cuestionables como lo señalan los resultados que encontró Coneval 2012, que encontró entre 2006 y 2010 la pobreza no disminuyó en el DF sino que aumentó.

Las respectivas denuncias y la cauda de declaraciones posteriores han demostrado en lo que anticipa ser una cerrada disputa por posiciones en el DF, el PRD y Morena están dispuestos a echar mano de todas las argucias posibles, más allá de la oferta de gobierno y política pública que cada uno tenga (y de momento no hemos escuchado).

Recordando las Redondillas de sor Juana Inés de la Cruz -«cuál de los dos es más de culpar, aunque cualquiera de los dos mal haga»- vemos que ambos partidos de izquierda tienen en el clientelismo a uno de sus mayores soportes. Los comicios de julio abren una oportunidad paras que los electores den pasos para convertirse en ciudadanos que gozan de derechos y exigen cuentas a partidos y gobierno, y dejen la posición cómoda de clientes a los cuales sólo se les atiende con bagatelas antes de la elección y se les olvida durante los tres siguientes años. 

EN EL BALCÓN: Ya que los partidos son entidades de interés público que funcionan con recursos públicos, sus dirigentes son servidores sujetos a control y fiscalización. El mejor ejemplo de un dirigente ajeno a esta idea y que se conduce como cacique que no rinde cuentas, no da explicaciones ni escucha críticas es el presidente del PRD en el DF, Raúl Flores. Quien quiera comprobarlo sólo envíele un tuit crítico, aunque el tono sea respetuoso su respuesta será el bloqueo. Él sólo escucha a quienes lo elogian.

@rascisneros

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