Covid-19 y la encrucijada de invierno



Ciudad de México.- Estamos en el peor momento de la pandemia del Covid-19.



Los hospitales en el Valle de México se encuentran saturados y el horizonte no luce nada promisorio.



Hace semanas rebasamos las 100 mil muertes y estamos lejos, muy lejos del saldo final.



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A ello hay que sumar que la emergencia misma provoca que otras enfermedades, igual de apremiantes, no puedan ser atendidas a cabalidad.



El horror de las muertes es cotidiano, en una suma macabra que luego se torna concreta cuando los números se transformas en nombres, en historias, en despedidas de los miles y miles de dolientes.



Esa es la marca terrible del Covid-19, su continuidad y su expansión, la sensación de miedo y en alguna medida hasta de orfandad, aunque sepamos que hay ejércitos completos de trabajadores de salud que no han bajado la guardia, que siguen dando lo mejor de sí desde los primeros días de esta pesadilla.



Vendrán las vacunas e implicarán una labor logística como nunca en la historia del mundo y también de nuestro país.



De la planeación y de su ejecución depende el futuro y la capacidad de recuperación. ¿Se estará a la altura del reto? ¿Se comprenderá a cabalidad lo que está en juego? Más vale, pero a nadie se le puede reprochar que tenga dudas al respecto.



Es más, en la distribución de medicinas han sido más que erráticos, porque confundieron el combate a la corrupción con el debilitamiento del sistema de salud.



Hoy tenemos el peor de los mundos: la corrupción continúa, pero las cosas que funcionaban se desmontaron.



Quizá uno de sus mayores errores, de quienes están a cargo de combatir la pandemia, sea el de la soberbia que les imposibilita escuchar a los otros, articular acuerdos y propiciar diagnósticos y análisis para hacer mejor las cosas.



Estamos en una encrucijada igual de apremiante que la de mayo: ¿La economía o la salud? La única respuesta correcta es imposible o demasiado compleja: ambas, ya que sin una no hay otra.



Por eso los gobiernos, en países como el nuestro, no dan el siguiente paso, no decretan medidas más estrictas que a la vez pueden significar problemas distintos. Un enredo, por dónde quiera que se le vea.



Uno de los rasgos de este diciembre sombrío es el agotamiento, el cansancio ante una situación que no sucede y que habrá de prolongarse por largo tiempo todavía.



Queda lo de siempre y no por la insistencia de repetirlo deja de ser cierto: solo la distancia social, el uso del cubrebocas y las medidas de higiene son los factores que pueden protegernos.