Islotes de paz



Ciudad de México.- La inseguridad sigue causando estragos. Una solución es apuntalar y ampliar islotes de paz existentes. Elaboro el argumento, comparando dos ciudades.



El gobierno federal ha insistido en descabezar y fragmentar las grandes bandas criminales. Según Eduardo Guerrero, Jane Esberg y otros analistas, una consecuencia del éxito es el aumento en el número de grupos criminales. Según el International Crisis Group (ICG) actualmente tenemos 463 bandas desparramadas por todo México. Los resultados varían, cuando se compara La Laguna y Acapulco.



Los Zetas llegaron a ambas ciudades alrededor del 2004. Le disputaron la plaza al Cartel de Sinaloa y al de los Beltrán Leyva. Los Zetas perdieron en ambos lugares con resultados muy diferentes. En 2012, La Laguna tuvo 1,060 homicidios dolosos y Acapulco 1,271. Seis años después, las cifras son de 139 y de 861, respectivamente. ¿Qué pasó en uno y en otro lado?



En Acapulco la violencia se salió de control. Según el ICG (La guerra cotidiana: Guerrero y los retos a la paz en México, mayo de 2020) la situación es desoladora: están activos al menos 40 grupos armados no estatales (bandas criminales y grupos de autodefensa); aumentaron cuatro veces los homicidios en los últimos trece años; extorsión multiplicada; altísimo nivel de corrupción oficial; una tasa de impunidad del 96 por ciento en homicidios dolosos; asesinato de periodistas y activistas independientes; penetración criminal en las elecciones (en 2018 ejecutaron a 32 candidatos), etcétera. Para el ICG, Guerrero “presenta el mayor desafío” a la 4T.



La Laguna es el único caso mexicano donde los delitos de alto impacto, se han reducido y también mantenido bajos desde el 2013. La principal razón es la existencia de capital social positivo (actores de la sociedad organizada) que se decidieron a entender la lógica de la violencia en su territorio para, con el conocimiento adquirido, pedir políticas concretas a las autoridades de los tres niveles. Un grupo de empresarios importantes solicitó la creación de un Mando Especial y un grupo antisecuestros para la Zona Metropolitana, en donde participan las policías de Coahuila y Durango con el ejército y la incorporación reciente de la Guardia Nacional. Las familias de desaparecidos tuvieron algunos logros.



La movilización de los grandes empresarios tiene dos aspectos que quiero subrayar: 1) su disposición a financiar la construcción de la sede de la policía y el equipamiento de ésta y un centro dedicado a estudiar la violencia y monitorear las políticas públicas (el Consejo Cívico de las Instituciones Laguna) y 2) en el caso de las víctimas, Grupo Vida y FUUNDEC (Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos) perseveraron en condiciones muy adversas, pero fueron obteniendo algunos resultados. Contaron con el respaldo de medios locales y organismos regionales y nacionales.



Tuvieron un logro poco común: la coordinación de los gobiernos federal, estatal y municipal en torno a políticas que se han mantenido. Los gobiernos de Rubén Moreira y Miguel Ángel Riquelme han implementado una política integral de seguridad para Coahuila. Esta historia aparecerá en Sergio Aguayo y Jacobo Dayán, “Reconquistando” La Laguna, El Colegio de México, julio de 2020.



El “éxito” es provisional. Los excesos en el uso de la fuerza no han sido investigados y la verdad y la justicia siguen ausentes, La Laguna (y Coahuila) siguen rodeados por estados con fuerte presencia criminal y los colectivos de víctimas aún esperan resultados concretos. También hay imponderables creados por grandes huecos en el conocimiento. El gobierno de Durango se niega a entregar información para establecer el número de desaparecidos y desconocemos la fuerza y evolución futura del poderoso Cartel de Sinaloa.



¿Puede replicarse el Modelo Lagunero? Las zonas metropolitanas de Guadalajara, Monterrey y el Valle de México, entre otras, parecieran tener el capital social requerido para impulsar políticas adecuadas a cada urbe. Una estrategia de consolidación y expansión de islotes de paz, que se van interconectando, podrían frenar una violencia actualmente desbocada. La fórmula podría resumirse en que, cada polígono territorial, se allega los conocimientos para pensar globalmente y actuar localmente. La paz es de quien la trabaja.



?@sergioaguayo



Colaboró: Alfonso David Aparicio Bolaños.

  • Sergio Aguayo

    Sergio Aguayo

    Académico y analista. Nació en Jalisco y creció en Guadalajara. En 1971 llegó a la ciudad de México a estudiar la licenciatura en Relaciones Internacionales en El Colegio de México. Realizó la Maestría (1971), doctorado y post-doctorado (1977-1984) en la Universidad Johns Hopkins. Desde 1977 es profesor investigador del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México y tiene el Nivel III en el Sistema de Investigadores. Actualmente coordina el Seminario sobre Violencia y Paz en esa institución.