El derecho a morir



Ciudad de México.- Más allá del enorme incremento de defunciones que se registran cotidianamente derivadas de la incompetencia técnica y de la absurda centralización del gobierno frente a una pandemia que se ha desbordado en nuestro país, es necesario también reflexionar sobre los derechos ciudadanos en situaciones de crisis.



Es claro que el Covid-19 tomó por sorpresa al mundo generando incertidumbre sobre el futuro.



Además, configuró un panorama inédito de imperiosas restricciones y acosado por nuevos miedos.



Nuestra realidad está marcada por el peligro de un virus invisible que genera una distancia social autoimpuesta y un rechazo al otro, al potencial infectado, que se traduce en medidas de paranoia y exclusión.



La epidemia evidencia graves problemáticas: en primer lugar, la profundización de la desigualdad social, la fractura de los límites entre el ámbito público y el espacio privado, así como las perversiones que el género humano ha desarrollado contra la naturaleza, los animales no humanos y otras personas.



Para no sucumbir en las nuevas condiciones descritas es necesario aprender a no tener miedo del miedo.



En tal contexto, un tema que se encuentra abierto y que afecta a miles de individuos en estos momentos, es el relativo a la “buena muerte”, o dicho de otra forma, al derecho a la muerte digna.



La dignidad de la muerte radica en el modo de enfrentarla. Por ello la eutanasia se refiere a las personas que encaran la muerte con dignidad.



Se considera que la vida humana no merece ser vivida sino es en condiciones de plenitud, y que es, incluso, un acto de amor y compasión en cuanto ayuda a un morir humanamente digno.



Los textos legales, la praxis médica y la filosofía moral otorgan las siguientes características a la eutanasia: de un lado, la voluntad clara del paciente de que se acabe con su vida y, del otro, la irreversibilidad de su enfermedad con la consiguiente falta de alternativas o la persistencia de un sufrimiento insoportable de carácter físico o psíquico, o ambos a la vez.



La eutanasia se inscribe dentro de los derechos que nos competen a los humanos y que funcionan para proteger alguna de nuestras muchas necesidades.



Puedo disponer de mi muerte si me encuentro en una situación tal que la vida es un tormento y continuarla equivale a una agonía o a torturas con un inevitable final.



En la eutanasia la solidaridad es con la voluntad, bien informada y firmemente expuesta, del enfermo.



La libertad, la dignidad y el no hacer sufrir pertenecen al mundo de la ética que representa aquel mínimo consenso social aceptado por todos y que, a modo de cobijo o paraguas, es la referencia última de nuestras acciones. Cada uno puede dar a su vida la orientación que desee con tal de no dañar a un tercero, así como cada uno puede buscar el sentido de su vida según sus propias referencias.



La legalización de la muerte médicamente asistida es una concreta y urgente necesidad de las sociedades de nuestro tiempo.



El concepto de disponibilidad de la vida, en la bioética y el derecho, significa la posibilidad de decidir sobre la continuación o la interrupción de la propia vida.



Se refiere a la facultad de la persona, de escoger entre vida o muerte, y en consecuencia, proyecta la prerrogativa de poder decidir sobre la existencia o no de uno mismo. De esta forma, el derecho fundamental a vivir con dignidad implica, también, el derecho a morir dignamente.

  • Isidro Cisneros

    Isidro Cisneros

    Doctor en Ciencia de la Política por la Universidad de Florencia, Italia. Licenciado en Sociología por la Universidad Nacional Autónoma de México. Licenciado en Derecho por la Universidad La Salle del Pedregal. Fue diputado de la Asamblea Constituyente de la CDMX.

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