«¡Somos pachecos, no delincuentes!»

Ciudad de México.-  Un hombre de unos 30 años saca una jugosa manzana verde frente a sus amigos reunidos en el Monumento a la Madre, que nace en el cruce de Insurgentes y Paseo de la Reforma.

El sol cae a plomo y antes de perforar la manzana por el centro, el hombre se quita el sudor de la frente. Al lugar se siguen sumando jóvenes, hombres, mujeres, de todas las edades y de todo tipo de clases sociales. El calor parece sofocarlos, pero aun así están dispuestos a desafiarlo y marchar hacia la Secretaría de Gobernación para exigir la legalización de la mariguana.

Sin importarle la presencia policiaca el joven saca un puño de hierba y la hunde en el centro de la manzana, que ha quedado como una pipa natural.

Los amigos hacen cigarros tradicionales con papel arroz, otros sacan pipas grabadas por artesanos y todos empiezan a fumar. Salen rumbo a su destino y a lo lejos sólo parecen ser una gran nube de cannabis.

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Avanzan frente al Senado de la República, donde se discute la iniciativa de ley que mandó el presidente Enrique Peña Nieto para que en México se permita el uso de la mariguana con fines terapéuticos.

Es casi la una de la tarde y el humo de la cannabis se alza por Paseo de la Reforma con cientos de pancartas de grupos de activistas, como el club cannabico Xochipilli, que ha promovido amparos para que le permitan el uso recreativo de la yerba.

El tiempo no pasa para ellos. Se divierten fumando. La hora emblemática para los consumidores es 4:20, ya que cuenta la historia que un grupo de amigos se juntaban a esa hora para consumir la planta, haciendo de esto una tradición no escrita. Cuando el reloj por fin marcó la hora los asistentes gritaron a una sola voz: «Mota legal, eleva la moral».

Con música de regge, con pulques, y alimentos de todo tipo y el ingrediente «mágico» se respiraba no sólo el aroma tan particular de la mota, sino se podía disfrutar un ambiente festivo entre los participantes.

Por un momento, hubo caos por una ruta mal planeada, pues quienes encabezaban el contingente decidieron caminar hacia la Secretaría de Gobernación, cruzando Reforma de una manera imprudente y cortando el tránsito vehícular intempestivamente.

Al tomar la calle General Prim, una joven gritó «Somos pachecos no delincuentes, por favor no tiren basura ni hagan destrozos». Bajo el efecto de la droga caminaban alegres, con un dejo de libertad que no ocurre seguido, pues pese a que es legal portar cinco gramos, su consumo aún es estigmatizado.

Pese a que la intención de muchos era llegar a Gobernación para tener diálogo con las autoridades una valla metálica les impidió el paso, algunos lo tomaron con calma y comenzaron, otros pretendían rodear la calle para llegar por la Ciudadela, pero un joven con una máscara del Huracán Ramírez, para ocultar su identidad, decidió que nada ni nadie le iba impedir cruzar, así que con ayuda de otro muchacho trepó las vallas instaladas por la Policía Federal.

Muchos aplaudieron la hazaña, mientras que otros le gritaban que bajará por que ensombrecía el movimiento. » Todos traemos más de lo permitido, no hagan estupideces y acaben detenidos», sugirió uno de los quejosos.

Varios caminaron hacia la calle de Atenas, para encontrarse con otro cerco de la Policía Federal y ahí muchos desistieron y se instalaron en las bancas de la Ciudadela.  Un grupo de aproximadamente 20 personas tomó rumbo hacia el Monumento a la Revolución y otros más con churro en mano emprendieron camino hacia sus destinos, haciendo que esa gran humareda que se alzó a cada paso se esparciera como la protesta por legalizar la yerba.

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