El Mundial terminó. Ahora empieza el otro.
No habrá estadios.Habrá alcaldías.
No habrá árbitros.Habrá operadores políticos.
La disputa será el territorio.
Quien crea que la renovación de la dirigencia de Morena en la Ciudad de México es un trámite partidista está viendo el árbol y perdiéndose el bosque.
Lo que realmente comienza esta semana es la negociación política que definirá quién llega con fuerza a la elección de 2027.
El relevo de Héctor Díaz-Polanco marca el fin de un ciclo. Al mismo tiempo, abre la puerta a una nueva generación de cuadros.
Entre los nombres que más suenan aparece Paulo García, cercano al grupo político que encabezó Sebastián Ramírez. Si finalmente es él u otro perfil, importa menos que el mensaje político: la dirigencia local administra el partido, pero las decisiones estratégicas se toman cada vez más fuera de la Ciudad de México.
Ese es el verdadero cambio. Morena nació en la capital.
Hoy la capital ya no parece decidir el rumbo de Morena.
La fotografía de Clara Brugada con Héctor Díaz-Polanco tampoco fue casual. En política nadie posa por nostalgia. Las imágenes suelen anunciar acuerdos antes que despedidas. Si un grupo pierde una posición, buscará conservar otra. Así funcionan los partidos cuando el poder deja de concentrarse en una sola persona y comienza a repartirse entre distintas corrientes.
Por eso la negociación no terminará en la sede de Morena.
Podría extenderse al gabinete capitalino.
Desde hace meses se habla de posibles ajustes en posiciones estratégicas como la Secretaría de Gobierno. Si llegan, habrá que leerlos menos como una evaluación administrativa y más como el reacomodo político previo a 2027. Gobernar y preparar una sucesión suelen convertirse en el mismo proceso.
Max Weber advirtió que el momento más complejo para un movimiento político llega cuando el liderazgo carismático debe transformarse en organización. El carisma unifica. Las instituciones obligan a negociar. Y negociar significa repartir poder.
Ese reparto ocurre, además, en un momento incómodo para Morena. El movimiento enfrenta un mayor escrutinio público por distintos episodios que han desgastado su imagen y han elevado el costo político de cada decisión. En ese contexto, cada nombramiento, cada candidatura y cada alianza pesan mucho más.
La batalla ya no es por una oficina.
Es por el mapa político de la Ciudad de México.
Nocaut.
El mensaje de esta semana no está dirigido a la oposición.
Está dirigido a los alcaldes de Morena.
Nadie debería dar por descontada la reelección.
Primero vendrá la evaluación política.
Después la candidatura.
El verdadero Mundial de 2027 no empezará cuando arranquen las campañas.
sino cuando Morena decida quién conserva el territorio… y quién tendrá que entregarlo.


