Ciudad de México.- Xóchitl Gálvez es una mujer entrona, que desde que asumió el gobierno en Miguel Hidalgo ha dado de qué hablar. Ya lleva algunas quejas por presuntas violaciones de derechos humanos, pero no se amilana. «Ya probamos el estilo pendejo de muchos alcaldes», dice a Capital CDMX y pide una oportunidad para mostrar un nueva forma de gobierno.
A más de 100 días de gobierno, Gálvez confiesa que encontró la demarcación, que gobernó el perredista Víctor Hugo Romo, «hecha un desmadre», pero no le sorprende «porque en general en este país se privilegia el amiguismo».
Para asumir el reto de gobernar, la hidalguense sumó a su equipo a políticos del Partido Acción Nacional (PAN), que la llevó al poder, y sumó a su contrincante de campaña, Arne aus den Ruthen, quien jugó por la vía independiente.
-¿Le impusieron el gabinete?
– Ni mi marido me impone. Yo seleccione por su talento y obviamente son cercanos al partido que me llevo al poder.
El equipo está conformado por su particular Deborah Arriaga; el jurídico Obdulio Ávila; y Arne aus den Ruthen, el denominado City Manager, que gobernó la delegación en 2000.
De nueve direcciones generales, dejó tres con funciones que en su mayoría recaen en Arne, quien saltó a la fama por usar la red social Periscope para mostrar en vivo a los infractores.
Xóchitl Gálvez cuenta que los primeros meses de gobierno en 2015, los dedicó a «sanear el desmadre» de la administración pasada porque dejaron laudos y adeudos del orden de los 120 millones de pesos.
En un café de la delegación Cuauhtémoc, Gálvez deja su bicicleta y se relaja para describir su gobierno. Habla de cuatro ejes: política social, integración, innovación e infraestructura.
«No vamos agregar clientelas», afirma la delegada y comenta que concentrará su esfuerzo en ayudar a los presos de su demarcación a reinsertarse en la sociedad. También habrá apoyo económico para adultos mayores de 60 a 65 años de edad y educación para que los jóvenes entren a la prepa y las universidades públicas.
Para innovar, Gálvez creará aplicaciones móviles que ayuden a eficientes servicios como la recepción de basura y la oferta laboral.
La infraestructura, admite que es una grande duda, y para ello va a georefernciar los servicios urbanos y promete una delegación sin baches. En 2018, dice, se verá el efecto de la integración al lograr que respete la ley en la delegación con la exhibición de vecinos «cochinos y gandallas».
A Xóchitl Gálvez le incomoda la corrupción y al asumir el poder denunció irregularidades de la administración del PRD. Ya entregó expedientes con pruebas a la Contraloria general de la Ciudad de México, pero avizora impunidad.
«No soy la autoridad para juzgar. Cuando veo otros delegados que gobernaron y que es conocida su fama pública de la inmoralidad con la que se conducen me da poca esperanza la aplicación de la ley», dice con resignación.
Aunque con los ciudadanos de a pie, Gálvez ha decidido ser enérgica y por eso le dio al City Manager esa tarea. Antes de exponer las virtudes de Arne, cuenta si hubo reconciliación con él, ya que fue uno de sus principales opositores en la campaña.
«Nunca nos peleamos. Hay que entender que una cosa es una contienda electoral. Mi enemigo nunca fue Arne, nunca se metió con mi persona», asegura.
-¿Le preocupa que crezca la popularidad de Arne?
– No soy una mujer acomplejada que le preocupe que alguien brille más que yo. Mi capacidad para conciliar es otra. Él (Arne) es muy bronco, directo, o lo odias o lo quieres, entonces, somos una buena mancuerna. Quiero que hagamos historia y por eso la gente voltea a la delegación, porque algo está pasando en Miguel Hidalgo.
– ¿El City Manager ha sido eficiente?
– Hoy sabe más que yo porque ya fue delegado, pero en tres años nos emparejamos. Yo sólo creo que los pendejos se pueden acomplejar. Además está padre. Si yo pudiera elegir la próxima vez sería el City Manager. Es una crítica de aquellos que quisieran molestar, pero yo soy la que mando. Arne representa lo que muchos ciudadanos quisieran ser al ver al político arrogante o a los guaruras prepotentes.
La delegada en Miguel Hidalgo es categórica ante las críticas que ha generado su estilo de gobierno: «la autoridad no puede ser blandengue».
Asegura que asume la responsabilidad y el riesgo de poner orden en las calles. «Nunca nos van a encontrar un maletín de dinero debajo del agua, no nos van a escuchar en una llamada de cochupos», presume.
A decir de Gálvez «este país está hasta la madre de los políticos faltos de autoridad. Yo no le tengo miedo a mandar. Estamos creando conciencia cívica. Eso es gobernar», dice en tono enérgico.
Durante sus casi seis meses de gobierno, Xóchitl Gálvez ha tenido desencuentros con los panista, sobre todo, porque no milita en el partido. Santiago Creel fue el responsable de invitarla a la candidatura en 2015.
-¿Cómo es su relación con Creel?
-Muy bien. Le tengo un gran cariño a Santiago.
¿Por qué no afiliarse al PAN?
-Porque no creo en los partidos hasta este momento en mi vida. Creo que las grillas internas del PAN te desgastan tanto que no te dejan hacer otras cosas, para mí es un honor servir a la gente. Tengo el don del servicio.
La hidalguense, que enfrentó una a batalla jurídica para ir a la elección y derrotar al PRD luce tranquila consigo misma. «La mejor manera de seguir gobernando es haciendo un buen gobierno y eso lo tiene garantizado el PAN en 2018».
-¿Ya piensa en ser jefa de Gobierno?
– No. Por eso se chinga la política, porque antes de ver si son capaces o idiotas ya están pensando en otro cargo.


