La mayoría de las personas piensan que el único atractivo que ofrece el estado de Nevada para vacacionar es visitar Las Vegas o la ciudad de Reno, por sus casinos y diversiones, sin embargo Nevada es mucho más que eso, pues tiene una historia y viajes de naturaleza que pueden encantar a sus visitantes y están a un par de horas de estas dos ciudades, con los cuales se puede tener una experiencia diferente.
Así que, más allá de los casinos y espectáculos, y la famosa Área 51 ubicada en Rachel por sus avistamientos extraterrestres, se extiende un territorio vasto y poco explorado con algunos de los paisajes más auténticos del oeste estadounidense. Nevada es desierto, montaña, silencio y tradición; un destino ideal para viajeros que buscan experiencias profundas y alejadas de las rutas convencionales.
Curiosamente el 85% de las tierras que componen el estado pertenecen al gobierno y sólo el 15% son propiedad privada, sin embargo, Nevada es el estado número uno de los viajes en carretera por sus autopistas panorámicas, con 24 parques estatales y dos nacionales qué ofrecen diferentes experiencias desde paseos en dunas, aguas termales, paisajes de montaña y la joya de la corona Lake Tahoe, sitios que han sido grandes escenarios de películas o series de televisión como la clásica “Bonanza”, de los años 60’s, además del famoso festival The Burning Man.
Su pasado vaquero
El estado tiene una historia que pocos conocen y de la que aún conserva vestigios de ella como si el tiempo no hubiera transcurrido, su pasado vaquero, la historia de los primeros colonos, la migración vasca y los pueblos originarios son los elementos que compone su paisaje del Viejo Oeste.
Nevada es considerada el estado de la plata, pues durante la Fiebre el Oro, se desarrollaron minas de plata que fueron explotadas y alrededor de ellas se generaron pequeños pueblos que después fueron abandonados para desplazarse al siguiente yacimiento, dejando atrás pequeñas ciudades fantasma y comunidades con historias de muertos y aparecidos, leyendas sobre esos primeros colonizadores y los pueblos originarios, dejando una muestra de ese pasado de aventureros en ciudades como Virginia y Carson.
A esta se suma la presencia de asentamientos de pobladores del país Vasco que llegaron de Chile y de Europa por Nueva York para asentarse ahí durante la Fiebre del Oro y quedarse, cuidando celosamente sus tradiciones, mismas que se mezclaron con las de los pueblos orignarios y han aportado un estilo de vida, un lenguaje y una gastronomía de una vida rural que inició en el siglo XIX y continúa hasta el siglo XXI, que poco se conoce y está fuera de las grandes aglomeraciones.
En este sentido, la riqueza de Nevada no se limita únicamente a la belleza de su geografía. El estado mantiene viva su identidad a través de la Ruta Vaquera de Nevada (Nevada Cowboy Trail), un recorrido que atraviesa pueblos remotos, extensos ranchos y carreteras solitarias donde el tiempo parece avanzar a otro ritmo. Esta ruta permite conocer la esencia del vaquero moderno y su profunda relación con la tierra.
Poblaciones como Elko, famosa por su Festival Nacional de Poesía Vaquera y su Museo del Folclor del Oeste, celebran con orgullo sus tradiciones rurales. Más al sur, Eureka conserva edificios históricos del siglo XIX que recuerdan la época minera y el auge del ferrocarril. Estos pueblos ofrecen hospitalidad genuina, gastronomía local y relatos que dan vida al espíritu del Viejo Oeste.
Sus atractivos Parques nacionales
A poca distancia de Las Vegas, pero sorprendentemente lejos del bullicio, se encuentra el Área de Conservación Nacional Red Rock Canyon. Sus imponentes paredes de arenisca roja, moldeadas por millones de años de erosión, crean un paisaje dramático ideal para el senderismo, la fotografía y la escalada. Los caminos escénicos permiten descubrir formaciones geológicas únicas y disfrutar de vistas panorámicas que revelan la cara más salvaje del desierto de Mojave.
Aunque no ostenta la categoría de parque nacional, el Parque Estatal Valley of Fire merece una mención especial. Sus rocas color naranja intenso parecen arder bajo el sol del desierto, mientras antiguos petroglifos narran la presencia de culturas ancestrales que habitaron la región hace miles de años. Caminar entre estos vestigios es una experiencia que conecta al visitante con la espiritualidad y la historia primitiva del suroeste estadounidense.
Uno de sus mayores tesoros es el Parque Nacional Great Basin, ubicado al este del estado y considerado uno de los secretos mejor guardados del sistema de parques nacionales. Aquí se eleva el pico Wheeler, que supera los 3,900 metros de altura, rodeado de lagos alpinos, glaciares y senderos que atraviesan ecosistemas contrastantes. El parque también protege los milenarios pinos bristlecone, árboles que han sobrevivido más de 4,000 años y representan un vínculo vivo con la historia natural del planeta. Por la noche, el cielo se transforma en un escenario majestuoso: Great Basin es reconocido internacionalmente como uno de los mejores sitios para la observación de estrellas gracias a su mínima contaminación lumínica.
Los senderos históricos que dejaron los colonizadores en Black Rock en el siglo XIX en su camino a California y lugar donde se celebra el festival contracultural Burning Man, es otro de los paisajes espectáculares del desierto de Nevada.
En fin, explorar Nevada es descubrir un estado indómito, donde la naturaleza se impone con fuerza y las tradiciones se mantienen intactas. Lejos de las multitudes, este destino invita a recorrer caminos abiertos, a escuchar el silencio del desierto y a reencontrarse con la esencia más pura del Oeste americano.
Es un destino que invita a recorrerlo, llegar al aeropuerto de Las Vegas o Reno, rentar un auto y tomar un mapa, y casi podría decirse “pueblear”, hospedarse en pequeños hoteles, tomar alimentos es restaurantes familiares y disfrutar de la naturaleza y sus grandes paisajes.


