Mientras que México maneja un discurso internacional que posiciona al mezcal como símbolo cultural, en el consumo interno su presencia sigue siendo marginal frente a productos industrializados, como la cerveza que tiene un volumen de venta anual en nuestro país del 93.9%, mientras que el mezcal apenas alcanza el 2.7%, esto habla de la desventaja competitiva en la que se encuentran nuestras bebidas ancestrales en su mercado nativo y de las que tanto nos orgullecemos, una realidad que hay que cambiar de acuerdo con Moderniza IEPS.
En un taller especializado sobre las Bebidas Alcohólicas en México que ofreció a medios de comunicación Moderniza IEPS (movimiento que promueve el cambio en el esquema fiscal (IEPS) de las bebidas alcohólicas nacionales), éste habló de la importancia de abrir una conversación pública sobre el consumo, la cultura y la regulación de las Bebidas Ancestrales Mexicanas en la que dijo, necesitan apoyo para competir y crecer, pues son un Patrimonio Cultural que no se puede perder y está en riesgo.
El taller giró sobre tres ejes: El Mercado de las bebidas en México (incluyó historia); Patrones de consumo y consumo responsable y las Barreras Regulatorias que enfrenta el sector para su posicionamiento en el mercado mexicano.
Los ponentes fueron Luis Nogales, director del Centro de Estudios sobre el Maguey y Mezcal (CEMMEZ), quien habló sobre la historia del mezcal y nuestras bebidas ancestrales; Susana Barroso de CANACINTRA, quien ofreció una platica muy precisa y clara de consumo responsables y José Heraclio de Lucas, líder de Moderniza IEPS, un gran defensor de las bebidas ancestrales mexicanas y habló de la serie de trabas ejemplificadas en trámites que enfrentan los productores artesanales para registrar sus productos.
El encuentro se realizó con la finalidad de ofrecer una visión de cómo se encuentran actualmente en el mercado nacional de bebidas alcohólicas y en que lugar de competencia están ubicadas nuestras Bebidas Ancestrales como el mezcal, la raicilla, el sotol, entre otras, las cuales cuentan con una historia, cultura y tradición, con grandes maestras y maestros.
De acuerdo con Heraclio de Luca, México no ofrece a estas bebidas que son Patrimonio Cultural, los apoyos suficientes para ser competiivas, no sólo en el mercado internacional sino también en el nacional, marginándolas al mercado artesanal y obligándolas trabajar fuera de la regulación por la infinidad de trámites que les exigen, de los cuales, algunos no están emparejados con la realidad de su elaboración, pues a veces hay que adentrarse a la sierra para seleccionar los agaves y producir.
Sin embargo, afuera, países como Estados Unidos, Australia o África, están aprovechando la preferencia que tienen en el mercado internacional para beneficiarse de éstas, pues han iniciado, en el caso del mezcal, la elaboración de un “licor de mezcal” y lo exportan al mundo, mientras que en México tiene tantas medidas regulatorias e impuestos, que no permite que sus productores crezcan ni siquiera en el mercado nacional, pero si para el extranjero, pues existen marcas estadounidenses que compran el destilado en México por volumen, lo importan para etiquetarlo y revenderlo a veces hasta en precios premium.
El gran pendiente: la regulación y el IEPS.
Pero el tema central del taller giró entorno al panorama en que se encuentran en el mercado nacional nuestra Bebidas Ancestrales y en un tema sensible: la política fiscal.
Actualmente, el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) grava las bebidas alcohólicas con base en su valor económico, lo que —según los participantes— genera distorsiones estructurales:
● Castiga productos de mayor calidad y precio.
● Favorece modelos industriales de bajo costo.
● No está alineado con objetivos de salud pública.
Esto se basa en aplicar el impuesto del IVA 16 % + el impuesto local 8% + el impuesto IEPS del 53% aplicable por su valor alcohólico que supera el 20%, pues un mezcal ancestral debe de estar en los 45 grados, estamos hablando de que el productor paga de impuestos el 77%, del producto neto, si a esto le agregamos los costos de producción y tiempo, el productor gana poquísimo o en su defecto nada y sólo lo elabora por amor al producto.
Esto expica la escasa presencia de etiquetas nacionales en centros comerciales y sitios especializados y su refugio en bares y mercado boutique.
Si en este contexto lo comparamos con la cerveza que tiene un grado alcohólico de entre 4% y el 7 % y sólo paga de impuesto el 26.5%, estamos hablando que su impuesto total es del 50%, con un trabajo de elaboración y tiempo sumamente reducido, lo que da una producción altísima. En cambio en bebidas como el mezcal que requiere tiempo de maduración de la planta, cosecha y tiempo de elaboración. Un producto que se hace con paciencia. No existen puntos de comparación.
A lo lejos se muestra una competencia desigual por donde se vea, y un marcado favorecimiento a las marcas industrializadas, que en algunos casos producen bebidas de baja calidad que afectan la salud pública: una bebida a precio accesible con bajo grado de alcohol, agua, saborizante y colorantes.
En este sentido, De Luca plantea la necesidad de una modernización del esquema fiscal hacia modelos basados en contenido de alcohol puro que permitiría mayor equidad y coherencia regulatorias.
Además agrega que con esto se impulsa a que las marcas artesanales se registren y puedan experimentar crecimiento económico y productivo, mismo que se puede expandir a sus comunidades, disparandose hacía a otros sectores como el turístico y el gastronómico, generando con ello un círculo de bienestar.
Cómo beben los mexicanos: entre la normalización y el riesgo.
El otro gran tema fue cómo beben los mexicano. De acuerdo con el análisis del consumo reveló cifras relevantes. Según datos de ENCODAT 2025 (Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco), más del 73% de la población ha consumido alcohol alguna vez en la vida, y cerca del 46% lo hizo en el último año.
Sin embargo, más allá del volumen, el foco se puso en la forma de consumo. El taller insistió en la necesidad de diferenciar entre consumo moderado y consumo nocivo, introduciendo herramientas como el “trago estándar”, que permite medir la ingesta real de alcohol independientemente de la bebida.
De entrada Susana Barroso, la exponente, aclaró que su enfoque busca reposicionar el debate: no se trata de prohibir, sino de educar y regular con inteligencia.
En este sentido dijo que hay que tener claro que el “Alcohol es alcohol”, y destacó que una cerveza, una copa de vino o un destilado pueden contener cantidades equivalentes de etanol.
Por lo tanto, invitó a respetar a las personas no bebedoras, pues en la cultura de los mexicanos está el insistir en que beban una copa.
También desmitificó la frase de “una no es ninguna”, al señalar que un vaso de cerveza, de una cuba, cóctel, caballito de tequila o mezcal; o la copa de vino, whisky o cognac, representan en sí mismos una medida estándar. Es decir, contienen la médida exacta de alcohol que el cuerpo puede consumir, pues no importa el tamaño sino el grado de alcohol.
Así que la cantidad máxima que se puede tomar para tener un consumo responsable, sin importar la bebida que se tome es: en las mujeres de una a tres, ya sea copa, vaso o caballito; y en los hombres de uno a cuatro, aunque la altura y peso pueden influir y llegar a 5. Si se pasa de esta cantidad, se pierde la línea divisoria entre consumo responsable y consumo nocivo.
Prevención: una agenda compartida.
El taller, lejos de promover el consumo, enfatizó en una agenda de responsabilidad alineada con estándares internacionales y marcos como la Ley General de Salud.
Entre los principales ejes se encuentran:
● Evitar el consumo en menores de edad.
● Prevenir la ingesta de alcohol y conducción de automóvil.
● Evitar el consumo en mujeres embarazadas.
● Promover el consumo moderado y responsable.
● Respetar al no bebedor.
Subrayando que esta es una invitación a generar una cultura del consumo responsable, pues hay países como los europeos en donde una copa de vino es parte de la gastronomía diaria.
Aunque señaló que en las nuevas generaciones como la Z, el consumo de alcohol ha disminuido arriba del 20%, debido al enfoque de bienestar que aplican en su vida, pues ya no piensan en beber hasta perder el sentido sino más bien en cuidar su cuerpo y disfrutar de su entorno.
Finalmente, la intervención de Luis Nogales fue enriquecedora pues ofreció una ponencia histórica sobre el valor de nuestras bebidas ancestrales, las joyas que tenemos, y la necesidad de valorarlas lo suficientemente, pues otros países ya las quisieran tener.


