“Los barrios que cambian de idioma”: la gentrificación que encarece la CDMX y seduce a extranjeros digitales

En la Ciudad de México ya no sorprende escuchar inglés en una cafetería de la Roma o ver precios en dólares en una renta de Airbnb. Lo que alguna vez fue un refugio cultural de clase media, hoy es un escaparate del fenómeno global de la gentrificación, donde la desigualdad se traduce en metros cuadrados.

“Mi renta subió de 9 mil a 23 mil pesos en un año”, cuenta Lucía Hernández, vecina de la colonia Juárez desde hace dos décadas. “Nos dicen que es el mercado, pero en realidad es que los nuevos inquilinos ganan en dólares”.

Según datos del portal Inmuebles24, la renta promedio en zonas como Condesa, Roma Norte y Juárez supera los 25 mil pesos mensuales, mientras que el salario promedio en la CDMX ronda los 11 mil pesos. Para un estadounidense que gana 3 mil dólares trabajando en remoto, vivir en la capital mexicana resulta “barato”; para un capitalino, es cada vez más inalcanzable.

EL EFECTO AIRBNB Y LA NUEVA BURBUJA

Desde 2020, la Ciudad de México se ha convertido en destino favorito de los llamados nómadas digitales. Plataformas como Airbnb reportan un crecimiento del 65% en estancias largas, especialmente en colonias céntricas donde los propietarios prefieren alquilar a extranjeros que pagan más por menos.

“Yo rento a distancia. Un canadiense me paga 1,400 dólares mensuales por un departamento que antes daba en 12 mil pesos”, admite un arrendador de la colonia Roma que pide anonimato. “Es negocio, pero también sé que ya nadie del barrio puede pagar eso.”

El fenómeno beneficia a inversionistas, agentes inmobiliarios y desarrolladores, pero expulsa lentamente a residentes tradicionales y pequeños negocios: panaderías, papelerías y misceláneas que no soportan los nuevos precios de renta comercial.

LOS QUE GANAN Y LOS QUE PIERDEN

Ganan:

• Propietarios que revalúan sus inmuebles.

• Plataformas digitales y administradores de rentas temporales.

• Comercios gourmet y cadenas que sustituyen negocios locales.

Pierden:

• Inquilinos, adultos mayores y trabajadores sin contratos formales.

• Familias que deben mudarse a zonas periféricas con menos servicios.

• Comunidades que pierden tejido social y sentido de pertenencia.

UN ESPEJO DE LAS CIUDADES LATINAS EN EE.UU.

El desplazamiento no es exclusivo de México. En Los Ángeles, Miami o Austin, la comunidad latina también enfrenta desalojos por el aumento de rentas y la llegada de nuevos residentes con mayor poder adquisitivo.

En ambos lados de la frontera, la ciudad se divide entre quienes pueden pagar por vivir y quienes solo sobreviven.

“El problema no es que lleguen extranjeros, sino que el modelo económico prioriza el mercado sobre el derecho a la vivienda”, explica el urbanista Julián Ruiz. “La CDMX se está convirtiendo en lo que alguna vez fue San Francisco: un paraíso para los nómadas y un infierno para los locales.”

EL FUTURO: RESISTIR O REINVENTAR

Mientras tanto, colectivos vecinales como Renta Justa CDMX o Vecinos Unidos Roma-Condesa impulsan políticas de regulación y transparencia. Proponen topes de renta, impuestos a plataformas y la recuperación del espacio público como eje de identidad.

En las calles, la respuesta es cultural: murales, cafés comunitarios y proyectos de barrio que reclaman su historia.

La gentrificación no solo encarece la ciudad: también redefine lo que significa pertenecer a ella.

La CDMX hoy es una ciudad global, pero con un dilema local: ¿quién podrá seguir llamándola hogar?

Karla Guerrero
Karla Guerrero
Periodista de la FES Acatlán. Escribo con perspectiva de derechos humanos y de género.

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