Ciudad de México.- La hija de Yuli Flores Rodríguez, de apenas un mes de edad, fue la primera en ser rescatada en el Hospital Materno Infantil de Cuajimalpa, luego de que explotara una pipa de gas que abastecía el nosocmio la mañana del 29 de enero de 2016.
La mamá de Yuli se enteró por la televisión del percance y con su hija corrió al Hospital ABC de Santa Fe, donde los menores rescatados estaban siendo atendidos. Sin embargo, la bebé no estaba ahí. Llegó al hospital Legaria y a las pocas horas se sumó a la lista de cinco víctimas mortales que dejó la explosión de la pipa de gas de la emppresa Gas Express Nieto.
Ha pasado un año de la tragedia y Yuli se aposta a las afueras del terreno donde se encontraba el Hospital Materno Infantil de Cuajimalpa, delegación gobernada por el PRI, para recordar a su hija que se encontraba internada en el área de Neonatos porque su nacimiento fue prematuro..
Con el nuevo sistema penal acusatorio en la capital de México, la joven de 17 años logró una indemnización de la gasera, pero de los gobiernos de la Ciudad de México y Cuajimalpa no recibió nada. Con la voz entrecortada cuenta casi ya sin fuerzas que este año ha sido el más difícil de su vida.
«El gobierno no nos dio nada y el dinero, pues de qué sirve», dice Yuli a Capital CDMX y con sus manos se aferra a una cobija que lleva entre sus brazos como si trajera consigo un bebé.
Los familiares de las víctimas del hospital materno organizaron este viernes 29 de enero una misa en el predio donde antes estaba el hospital. Son las diez de la mañana y aún no sale el primer rayo de sol para calentar un poco sus almas, pero frío ayuda a los abrazos, cuando salen de la misa los familiares se reconocen entre miradas, bajan la mirada como si quisieran no recordar. Yuli avanza y sus ojos tristes se cristalizan al recordar la tragedia de hace un año.
Caravana fúnebre
“A un año de su partida su legado perdurará para siempre.», se lee en una manta que va en brazos de los familiares de las víctimas de la explosión del Hospital Materno Infantil de Cuajimalpa. Son unos veinte hombres y mujeres con niños los que caminan desolados por las calles de la delegación, ubicada al poniente de la ciudad.
A este acto no asistió ninguna autoridad. «Ha sido un año tremendo», dice consternado un familiar del camillero Jorge Tinoco, que no logró salir del nosocomio.
A la vanguardia de la caravana avanza Lorena Ángeles, una de las sobrevivientes, quien con serenidad recuerda que esa mañana se percibió un fuerte olor a gas y algunos compañeros sólo lograron poner trapos debajo de las puertas hasta que colapso el edificio y los cubrieron los escombros.
Horas después del siniestro, el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, llegó al lugar a atender a las víctimas y ahí prometió que el lugar sería reconstruido en un año, no obstante, a la fecha la obra no ha comenzado.
La Secretaría de Salud local (Sedesa), que dirige Armando Ahued, sólo envía a sus pacientes embarazadas los centros de salud más cercanos, el Enrique Cabrera o el de la delegación Magdalena Contreras.
Los olvidados
A fuera del lugar está un payaso con bata de doctor, Rulo tiene pintadas un par de lágrimas debajo de sus ojos, su rostro luce afligido: es un payaso triste. Antes se encargaba de repartir sonrisas y juguetes en el Materno Infantil junto con el camillero Tinoco.
A Raúl Lozada Román, alias Rulo, se le borró la sonrisa esa mañana al viajar en el colectivo y escuchar por la radio la noticia de la explosión. De inmediato bajó del camión que se dirigía a la Colonia Contadero para ir a ver con sus propios ojos lo que aún no creía. «Como describieron el lugar en las noticias no es nada comparado con lo que pasó, el hospital prácticamente se derrumbó todo, no quedo nada», recuerda con nostalgia quien fuera el radiólogo del hospital.
«Estar aquí, en el lugar donde antes estaba nuestro hospital me hace sentir que las heridas aún están abiertas», dice este payaso, quien perdió su empleo, no recibió apoyo del gobierno y ahora se gana la vida en el área de Protección Civil de Cuajimalpa.
Como los vecinos de Contadero, lamenta que el gobierno no ha iniciado los trabajos de construcción en el predio. Rulo ha perdido el ánimo de un payaso, pero se le acercan a tomarle fotografías y recuerda a los dichos de su amigo Jorge Tinoco: «Dios proverá y la función debe continuar».


