Importancia de la microbiota intestinal en la salud infantil y sus implicaciones en salud pública

La microbiota intestinal representa una de las comunidades microbianas más influyentes en la fisiología humana.

En la infancia, su establecimiento adecuado es vital para el desarrollo del sistema inmunológico, la regulación metabólica y el equilibrio neuropsicológico.

En los últimos años, la evidencia científica ha señalado que alteraciones en esta microbiota están relacionadas con múltiples enfermedades crónicas de inicio temprano, lo cual plantea un nuevo reto para los sistemas de salud pública a nivel mundial (Rodríguez et al., 2015).

Establecimiento de la microbiota en la infancia

El tipo de parto y la alimentación son determinantes clave en la colonización inicial del intestino.

Los neonatos nacidos por vía vaginal adquieren una microbiota más diversa y rica en Bifidobacterium y Lactobacillus, mientras que los nacidos por cesárea presentan una flora dominada por bacterias cutáneas y hospitalarias (Dominguez-Bello et al., 2010).

Asimismo, la lactancia materna exclusiva favorece el desarrollo de un ecosistema intestinal saludable, al proporcionar nutrientes prebióticos y bacterias beneficiosas.

La transición hacia una microbiota madura ocurre durante los primeros tres años de vida, influenciada por la introducción de alimentos sólidos, el entorno y la exposición a fármacos, especialmente antibióticos, los cuales pueden alterar la diversidad bacteriana y favorecer la disbiosis (Renz et al., 2018).

Funciones clave de la microbiota intestinal

La microbiota intestinal cumple múltiples funciones esenciales en los niños, entre ellas:

– Modulación del sistema inmunológico: Entrena al sistema inmunitario para diferenciar entre patógenos y antígenos inofensivos, reduciendo el riesgo de alergias y enfermedades autoinmunes.
– Metabolismo y nutrición: Participa en la fermentación de fibras dietéticas, producción de ácidos grasos de cadena corta y síntesis de vitaminas como la K y del complejo B.
– Neurodesarrollo: A través del eje intestino-cerebro, influye en la producción de neurotransmisores y en el desarrollo de funciones cognitivas y emocionales.

Implicaciones en salud pública

El estudio de la microbiota intestinal infantil trasciende el ámbito clínico y se proyecta como una herramienta de intervención poblacional.

La evidencia vincula la disbiosis con enfermedades de alta carga como obesidad, asma, enfermedad inflamatoria intestinal y trastornos del espectro autista (Ridaura et al., 2013).

Desde la perspectiva de la salud pública, es necesario desarrollar políticas que:

– Promuevan el parto vaginal cuando sea clínicamente posible.
– Protejan y fomenten la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses.
– Limiten el uso innecesario de antibióticos en pediatría.
– Fomenten dietas infantiles ricas en fibra y bajas en ultraprocesados.

Estas acciones pueden contribuir a disminuir la incidencia de enfermedades crónicas, mejorar la calidad de vida y reducir los costos sanitarios a largo plazo.

Conclusión

La microbiota intestinal infantil representa un componente clave en la salud integral del ser humano.

Su adecuada conformación durante los primeros años de vida debe considerarse un determinante social de la salud.

Las políticas públicas deben incorporar estrategias de protección y fortalecimiento de esta comunidad microbiana como medida preventiva y de promoción de la salud desde la infancia.

La evidencia actual ofrece una oportunidad para actuar de manera temprana, con una visión integradora que articule la salud clínica, comunitaria y ambiental.

Es importante mencionar que en cuestión de dietas existe una infinidad y un ejemplo es la Mediterranea, pero esto depende de la adherencia a pesar de los  múltiples beneficios.

Y el cambio de habitos alimenticios en la población infantil y familiar seria muy importante para el beneficio de esta población y sobre todo para disminuir el sobrepeso y la obesidad en la población infantil.


Referencias

Dominguez-Bello, M. G., Costello, E. K., Contreras, M., Magris, M., Hidalgo, G., Fierer, N., & Knight, R. (2010). Delivery mode shapes the acquisition and structure of the initial microbiota across multiple body habitats in newborns. Proceedings of the National Academy of Sciences, 107(26), 11971–11975. https://doi.org/10.1073/pnas.1002601107

Renz, H., Brandtzaeg, P., & Hornef, M. (2018). The impact of perinatal immune development on mucosal homeostasis and chronic inflammation. Nature Reviews Immunology, 18(4), 219–233. https://doi.org/10.1038/nri.2017.121

Ridaura, V. K., Faith, J. J., Rey, F. E., Cheng, J., Duncan, A. E., Kau, A. L., … & Gordon, J. I. (2013). Gut microbiota from twins discordant for obesity modulate metabolism in mice. Science, 341(6150), 1241214. https://doi.org/10.1126/science.1241214

Rodríguez, J. M., Murphy, K., Stanton, C., Ross, R. P., Kober, O. I., Juge, N., … & Collado, M. C. (2015). The composition of the gut microbiota throughout life, with an emphasis on early life. Microbial Ecology in Health and Disease, 26, 26050. https://doi.org/10.3402/mehd.v26.26050

Patricia Chico Aldama
Patricia Chico Aldama
Soy Médico cirujano de la UNAM, maestra en Salud Pública del Instituto Nacional de Salud Pública, especializada en epidemiología. Fui jefa del Departamento de Investigación en Epidemiología del Instituto Nacional de Pediatría (INP) y actualmente soy investigadora en el Laboratorio de Bacetriología del INP. Soy autora del libro Desarrollo Organizacional de Editorial Plaza y Valdez y una de los cinco autores más leídos en América Latina en Acta Pediátrica y he publicado trabajos en Neurology. Hoy me desempeñó en el Comité Directivo de la organización Alass de Europa.

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