Paseo de la Reforma: historia de grandeza, sombra de ambulantaje

Paseo de la Reforma es, sin duda, una de las avenidas más emblemáticas de la Ciudad de México.

Inspirada en los bulevares europeos, fue construida por órdenes de Maximiliano para conectar Chapultepec con el centro de poder.

Fue el “Paseo de la Emperatriz”, luego se volvió símbolo de la República y de la historia nacional.

Hoy, Reforma cuenta otra historia. Junto al Ángel, bajo sus árboles o frente a torres financieras, se multiplican los puestos informales.

La mayoría paga cuotas diarias de entre 50 y 200 pesos a líderes que controlan zonas enteras. ¿Y el gobierno? Mira de lejos. O pacta de cerca.

“Nos cobran hasta por el espacio de una caja de dulces”, comenta un vendedor que pidió anonimato.

El transeúnte esquiva puestos de tlayudas, peluches, frituras y cables sueltos mientras intenta cruzar una glorieta.

Una señora tropieza con una lonja de plástico. Su torta vuela, su dignidad también. El litro de agua cuesta 35 pesos. El refresco de 600 ml, 40. Papas grandes: 50.

Una avenida que antes presumía modernidad, ahora negocia su alma a precio de botana. “No podemos ni caminar con tranquilidad. Ya no es el mismo Reforma de antes”, dice Teresa Vargas, vecina de la colonia Juárez.

Los vecinos de Cuauhtémoc exigen regulación, pero las autoridades responden con silencio… o permisos. El Paseo resiste.

Pero no basta con resistir. Debe recuperarse porque en Paseo de la Reforma no solo se vende: también se pierde la ciudad.

Leonardo Velázquez
Leonardo Velázquez
Soy gamer y me gusta el periodismo. Informo con pasión en las plataformas y redes sociales de Capital CDMX.

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