Ciudad de México.- Gritos de molestia y canciones de alegría cubrieron los alrededores del Ángel de la Independencia. Una mezcla de emociones cimbró el pavimento y dio paso a una marea de mujeres con determinación, enojadas, en pie de lucha, con ganas de cambio, diversas, extrovertidas, rabiosas y contestatarias.
La Ciudad de México fue teñida de violeta no sólo por las jacarandas que florecieron a principios de mes, sino por banderas, blusas, pantalones, pancartas, caras e incluso torsos desnudos que gritaron contra la violencia de género este 8 de marzo.
Mujeres de papel, de piedra, de agua y de fuego se dieron cita en el primer cuadro de la CdMx, en el marco del Día Internacional de la Mujer, para participar en un acto de protesta que convocó a un paro internacional de labores.
Las mujeres buscaron visibilizar por medio de su ausencia, en las tareas del hogar y en los trabajos remunerados, que todo el sistema económico colapsaría sin su participación.
El llamado clamaba por respeto y reconocimiento a las labores diarias que realizan las mujeres. El acto de protesta quiso mostrar la relevancia del género femenino en todas las expresiones de la vida cotidiana.
"Somos generadoras de riqueza, productoras de arte, de información, movilizamos el mercado cambiario, instruimos, creamos y producimos tanto como cualquier persona", alegaban las activistas en la convocatoria para la marcha.
Y así ocurrió. Hubo quienes faltaron a clases y al trabajo, quienes encargaron el cuidado de sus hijos y quienes dejaron la comodidad de sus hogares para gritar, reclamar y exponer -mediante un acto catártico- todo lo que soporta una mujer dentro de las sociedades machistas.
Denunciaron miradas lascivas, tocamientos, agresiones sexuales, gritos, presiones económicas, temor infundido, trata de blancas, feminicidios, abusos laborales, acoso, desapariciones forzadas e incluso tortura.
Aprovecharon los carriles centrales de la Avenida en dirección a Guerrero para cantar consignas de todo tipo, consignas que esclarecían sus reclamos y que transparentaban algunas de sus exigencias. "Hay que abortar, hay que abortar. Hay que abortar este sistema patriarcal", coreaban.
Increparon durante todo su recorrido a las personas que se encontraban frente a ellas. "Date cuenta que nos matan frente a ti. Nos matan a diario. No queremos más muertas, no queremos más desaparecidas", gritaban.
Las huellas y los zapatos de todos los números hicieron retumbar la avenida. Mujeres con discapacidad, niñas, abuelas de cabello cano, estudiantes, activistas, amas de casa y docentes marcharon rumbo al Hemiciclo al Juárez, para exigir equidad de género, respeto y empoderamiento.
Frases contra la discriminación, el odio, la misoginia y las agresiones sexuales se colaron entre los autos y vibraron sobre los edificios de Paseo de la Reforma, avenida emblemática para el país.
La marcha terminó en un mitin, una concentración frente al museo de la Memoria y la Tolerancia, ahí mujeres quebradas tomaron la palabra. Mujeres inconsolables alzaron su voz.
La madre de Mariana Buendía, víctima de feminicidio, sostuvo en el estrado que el silencio de quienes presencian la violencia lastima más que cualquiera golpe.
Exhortó a las espectadoras a reaccionar ante el dolor, a denunciar una agresión, a luchar por sus derechos, pero sobre todo las llamó a pelear por justicia. Irinea Buendía se puso como ejemplo a sí misma para demostrar que los casos de feminicidio pueden culminar en sentencias condenatorias, luego de años y años de seguimiento.
El caso de esta mujer que ha peleado por lograr el esclarecimiento del asesinato de su hija es un parteaguas para que la Suprema Corte de Justicia de la Nación falle de manera similar en otras averiguaciones.
"Necesitamos tu voz, tu palabra, tus gritos, tus sonidos, tu ruido, tú no silencio. El machismo está escrito en el silencio y hemos decidido no darle ni un minuto de silencio más", advirtió Irinea.
Con mano firme en el templete. Gritó hasta casi desgarrarse la voz y clamó por acciones que contrarresten este problema transversal en México. "Yo no me callé, mi familia y yo no nos callamos. Entonces, ¿tú qué vas a hacer?" cuestionó la mujer.
Y cerró su participación con una mirada hacia el horizonte. Miró a la masa que la escuchaba atenta y les aventó solidaridad, les clavó anhelos. Brindó a la marea violeta que la miraba desde lo bajo un toque de esperanza.
Los grupos de protesta siguieron llegando. La calle se colmó de personas sedientas de justicia y el cielo crujió junto a ellas.
Una niña de aproximadamente seis años, que tenía el rostro cubierto con trazos de guerrera y que sostenía una pancarta con la leyenda "No quiero vivir con miedo" encabeza un contingente.
Grupos y asociaciones civiles continuaron la marcha hasta el escenario. Algunos no escucharon a Irinea, algunos llegaron cantando, otros caminaron con pasos más sobrios, pero todos comulgaron en Avenida Juárez con un objetivo: exigir mejores condiciones de vida para la mujer mexicana.


