Ciudad de México.– La Asamblea Constituyente de la CDMX es la oportunidad de trazar el fundamento de la ciudad que nos merecemos. No hay por qué conformarse con un “Adios DF, Hola Ciudad de México”.
Participar sin un partido tiene un coste absurdo: las 73,792 firmas de apoyo ciudadano requeridas por el INE, son equivalentes al 1% del padrón electoral de la CDMX. Se necesita lo mismo para presentar una candidatura independiente a la Jefatura de Gobierno capitalino.
Pese a la poca voluntad de los partidos políticos para la existencia de candidatos independientes, el objetivo vale la pena. No se trata solamente de defender los derechos sociales que hemos ganado y garantizado en nuestras leyes, es también la ocasión de extender y reconocer derechos, y de ampliarlos. La redacción de la futura Constitución chilanga, abrirá además una brecha que conduce inevitablemente a la Reforma Constitucional Federal.
Esta candidatura es protesta y es propuesta. Conseguir superar las barreras formales desde la verdadera independencia de las estructuras partidistas, es la mejor manera de probar que el sistema ya no funciona. Lograrlo es antisistema porque implica que -sin violencia-, los ciudadanos podemos reclamar el poder que habíamos cedido a los partidos.
Es cierto que los candidatos independientes no somos la panacea, pero los ciudadanos no-militantes sí vivimos en libertad. Los candidatos verdaderamente independientes no tenemos otro compromiso que la rendición de cuentas ante la ciudadanía, pues nuestra supervivencia política no recae en el acoplamiento a una disciplina partidaria.
El espectro político capitalino se conforma como una pirámide social en cuya parte más alta hay un grupo poco numeroso (los partidos), luego la clase media más numerosa (las organizaciones civiles), y por último una clase inferior numerosísima: los ciudadanos. Entre la base y el medio, podemos reorganizar la vida política.
Por primera vez en cien años, en verdad está al alcance de los ciudadanos escribir en su propia constitución. La forma de hacerlo es a través de una candidatura independiente. Es el momento de demostrar, que si somos capaces de dar un paso atrás para abordar nuestra participación de manera distinta, el poder está al alcance de todos. Los ciudadanos tenemos realmente la capacidad de estar ahí.
Participar por la vía independiente, de manera transparente, es la forma idónea de desentrañar el misterio en que los partidos convirtieron el acceso al poder. Ya basta de que nos digan que tenemos el gobierno que merecemos, porque no es verdad. Merecemos algo mejor.
El cambio sólo vendrá de la base. Participar por la vía institucional es quizá la forma más difícil, pero también es la que tiene mejor posibilidad de garantizar que nuestra constitución no sea de izquierdas, ni derechas, sino para todas y todos.
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