Piden desalojar el «Che» Guevara

Ciudad de México.- «¡Estamos hartos!», grita una estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) frente a la rectoría.

La acompañan unos cien universitarios de todas las facultades. «La UNAM es de todos», dice otra joven que invita a los jóvenes a opinar sobre los 16 años de ocupación del Auditorio Justo Sierra mejor conocido como “El Che Guevara”,  por grupos vinculados con la izquierda partidista.

Con el hashtag #DesokupaChe, los alumnos pertenecientes al grupo Orgullo UNAM se reunen frente a la torre de Rectoría y exigen la salida de los ocupantes del auditorio Justo Sierra.

Una hora después del medio día de este viernes, el movimiento #DesokupaChe, organizado por la comunidad universitaria de la Facultad de Derecho, suma a padres de familia y académicos preocupados por la seguridad de la comunidad Universitaria. A todos los une la lucha contra el vandalismo e ilegalidad con que proceden los ocupas del auditorio.

«Queremos que desocupen ya», exige una mujer, quien se protege bajo una sombrilla del sol indolente, sosteniendo un cartel con la lista de abusos e inconsistencias que se cometen en el Justo Sierra. Es Claudia Torres, profesora de la Facultad de Filosofía y Letras y afirma con nostalgia que «el auditorio Justo Sierra ya no existe».

A un costado de la Facultad de Filosofía y Letras, está lo que algún día fue el auditorio Justo Sierra, mejor conocido como el Ché Guevara, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad junto al resto de Ciudad Universitaria en 2007. En la entrada hay hojas de colores donde se invita a pasar a los talleres culturales gratuitos. Actividades improvisadas hoy, día del mitin organizado para pedir su desalojo.

Estudiantes que entraron por primera vez comentan que nunca antes habían visto las puertas del auditorio abiertas. Recelosos, los integrantes del «Okupa Ché», como se autonombraron, acostumbran intimidar a los visitantes: “¿Qué quieres? ¿tú a qué vienes?», cuenta una alumna de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales su experiencia al entrar al Che Guevara.

«Si logras entrar diciendo que vas al desayuno que organizan todos los días, también los que están en la cocina  se mantienen a la defensiva y hacen las mismas preguntas. Nos parece extraño que justamente hoy, con el movimiento Desokupa, abran las puertas a todo público», dice una universitaria.

El interior está oscuro, alumbrado apenas por algunos focos que cambian de color cada cinco segundos. El olor a sudor y cochambre se funde con el de la comida que dos mujeres preparan en la planta baja. Ninguno quiere dar detalles, nadie permite ser fotografiado. Como propuesta de talleres culturales, tres mujeres jóvenes practican violín dentro del recinto, sin detenerse aún interrumpidas por el escándalo de rap que penetra de afuera. Su taller de violín, con miras de gratuito, tiene el costo de una cuota de recuperación voluntaria.

En el piso de arriba hay varios estantes con folletos y libros que, en su mayoría, promueven un gobierno anarquista. Parecen acabados de acomodar: dispuestos de una forma íntegra sobre mesas despintadas. Parecen dormidos, están pulcros, como si nadie los hubiera hojeado nunca. 

«No caigan en las provocaciones», retumba de repente una voz desde el micrófono. «Es posible que hoy venga alguna fuerza a querernos desalojar. No se permitirá, pero sean precavidos», alerta la misma voz y siguen las actividades.

«Hacen fiestas, consumen y distribuyen drogas, organizan peleas de perros. También duermen en el auditorio. Varios integrantes de la comunidad los rechazan: su actuar violento ha causado que nadie se les acerque», afirma la profesora Torres y Manuel Valdés, vocero del movimiento #DesokupaChe.

De acuerdo con información que Alejandro Martínez del Centro de Estudiantes de Derecho (CED) proporcionó a Capital CDMX, el movimiento #DesokupaChe “carece de legitimidad porque sus intereses son proselitistas y  se manejan con violencia”. En respuesta, el colectivo admitió no tener ningún interés político:

«Nuestro fin es que se devuelva el auditorio y por eso invitamos a toda la comunidad universitaria a que exponga sus motivos, a que digan todo lo que tengan qué decir y hacer propuestas en virtud de eso. Estigmatizar a alguien porque tiene ese sentimiento es denigrante», señala Valdés.

La autoridad oficial de la UNAM observa el conflicto y mantiene una postura similar a la de la mayoría de la comunidad: apenas en febrero pasado demandó, mediante un comunicado, el desalojo del “Ché” como consecuencia de los incidentes que culminaron en el incendio de varios contenedores de basura, un recinto de seguridad y una patrulla de auxilio dentro de la UNAM, en respuesta a la detención de Jorge Emilio Esquivel Muñoz alias “el Yorch”, implicado presuntamente en actividades de narcomenudeo. Pero, el Che sigue ocupado.

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