Financiamiento a MiPyMes en México

Podemos decir que las MiPyMes son el corazón de cualquier economía y también de la de México.

De acuerdo con los datos del Censo Económico del año 2024, en México las microempresas (1 a 10 personas) representaron el 95.5% del total, las pequeñas empresas (11 a 50 personas) fueron el 3.7%, mientras que las medianas (51 a 250 personas) el 0.7%, dejando a las grandes empresas apenas un peso del 0.1% del total.

Además, las microempresas concentran el 41.5% del personal ocupado, las PyMes concentran el 29.9% mientras que las grandes el 28.7%, aunque la contribución al valor agregado de las micro es de apenas el 16.1%, de las PyMes el 29.7% y la contribución de las grandes es del 54.3%.

Esto quiere decir que, si bien las pequeñas empresas son por mucho más abundantes y ofrecen muchos más empleos que las empresas grandes, su contribución al valor no es igual en proporción, lo cual es totalmente explicable: las empresas mientras más pequeñas su capacidad de innovación es menor y su orientación a servicios de poco valor es más alta, mientras que las empresas más grandes ya han pasado años de consolidación, de crecimiento, han desarrollado productos y servicios valiosos para la sociedad para lograr esa escala y en muchas ocasiones se han establecido con las referentes de su industria.

Pero el tránsito de ser pequeña a ser grande no es fácil ni es alcanzable para todas las empresas. Uno de los elementos que contribuye de manera importante para lograrlo es el financiamiento.

Durante décadas el financiamiento ha sido un servicio ausente para las micro, pequeñas y medianas empresas, siendo accesible casi exclusivamente para las grandes organizaciones. Dice el dicho común que el financiamiento se ofrecía para quienes no lo necesitaban, lo cual refleja esta condición.

En el año 2024 el INEGI levantó la Encuesta Nacional de Financiamiento a las empresas, la cual permitió conocer mejor sobre estas necesidades.

De acuerdo con esta encuesta, el 25.8% justificó como un factor negativo de crecimiento en las empresas el costo del financiamiento, mientras que el 20.7% imputó la falta de financiamiento como un elemento que impedía su crecimiento.

En esta encuesta se encontró que apenas el 50% del total había solicitado crédito, de las cuales solo el 46% habían recibido una respuesta positiva, la cual se incrementaba en los casos donde el solicitante era hombre y disminuía en el caso de mujeres.

Claramente las solicitudes de financiamiento eran más altas conforme el tamaño de las empresas.

Mientras las medianas solicitaban en el 71.3% de los casos, las micro apenas en el 53.8%. De esas postulaciones, en promedio el 6.3% de los casos fue rechazado.

La causa más común de rechazo fue el de no tener garantías suficientes o no tener un aval (21.6%), pero en una cantidad aún mayor no hubo motivos o razones (21.9%) que pudieran ayudar a los postulantes a mejorar su experiencia para las siguientes experiencias.

Estas experiencias negativas son muy importantes para las organizaciones, pues como indica la misma encuesta, retrasan la expansión de las empresas, así como la adquisición de nueva maquinaria (45% de los casos), además de forzar a la cancelación de inversiones (38.2%), lo que evidentemente afecta el desempeño en el futuro de las empresas.

Ante tales evidencias, es claro que una gran parte de las empresas del país no accede al financiamiento, lo que afecta su desempeño y su sobrevivencia.

Esta falta de financiamiento afecta más severamente a las empresas más pequeñas, quienes enfrentan diversas dificultades que les impide poder crecer, como es la falta de conocimientos de administración de empresas, la insuficiencia tecnológica para poder alcanzar una escala competitiva, así como un desconocimiento de las opciones financieras para acceder a recursos de externos.

Ante tal necesidad, a partir del impulso del Plan México, la banca de desarrollo se ha involucrado de manera más decidida a participar de la provisión de financiamiento para las empresas más pequeñas. Por un lado, ampliando las posibilidades de financiamiento mediante la intermediación de NAFINSA y BANCOMEXT para la provisión de garantías para estas empresas ante intermediarios financieros, así como mediante la creación de nuevas instituciones de financiamiento social, como el Fondo de Desarrollo Social de la Ciudad de México (FONDESO) cuya misión es la de financiar proyectos productivos mediante recursos no reembolsables (para el arranque de los proyectos) y reembolsables (para el crecimiento de las iniciativas).

Sin embargo, es importante destacar que para que el financiamiento pueda tener un impacto perceptible, se debe involucrar decididamente a la iniciativa privada, donde la banca comercial tiene un liderazgo claro.

También es importante considerar, para lograr una mayor efectividad, la incorporación de las Fintech, estas empresas que hace poco han logrado empujar claramente la inclusión financiera mediante la innovación tecnológica, atrayendo de esta manera a muchos grupos antes excluidos del sistema financiero formal. Y también es importante el sector asegurador en las empresas, pues representa el mejor vehículo para reducir los riesgos inherentes que enfrentan las organizaciones y en el cual también hay instituciones muy innovadoras, llamadas Insurtech, construidas sobre la tecnología para ser más cercanas a las necesidades de las empresas en el país.

Solo mediante la colaboración entre todos los actores del sistema financiero las soluciones pueden ser duraderas y generar resultados tangibles. Por ello, instamos a las autoridades a asumir el liderazgo en este impulso y ser creativos en la búsqueda de soluciones financieras para las MiPyMes.

Pablo Pérez Akaki
Pablo Pérez Akaki
Profesor de la Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey, Campus Estado de México, e investigador del Financial Access, Inclusion and Research Center. Investigador Nacional nivel 2 del SECIHTI. Estudioso de las finanzas inclusivas, el desarrollo económico, las cadenas de valor y los productos vinculados al origen.

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