El microbioma

El microbioma. Cada vez más investigaciones sugieren que su microbioma, que son las colonias de bacterias, virus y otros microbios intestinales, podría ser uno de los factores preeminentes para determinar su salud y longevidad.

Por lo tanto, es fundamental nutrir las bacterias intestinales beneficiosas con una alimentación saludable.

Para ello deben tener niveles elevados de fibra y alimentos fermentados.

Además de evitar los alimentos procesados y que provengan de animales criados.

Esas son estrategias esenciales para tener una salud óptima y prevenir enfermedades, incluyendo el cáncer.

Las bacterias intestinales influyen en el riesgo de ciertos tipos de cáncer de colon.

Consumir un tipo de alimentación que tenga niveles elevados de fibra de origen vegetal es fundamental para prevenir el cáncer de colon.

La razón de esto está directamente relacionada con la forma en que la fibra afecta a su microbioma intestinal.

«Los estudios han demostrado que consumir un tipo de alimentación que consista en grandes cantidades de carnes rojas y procesadas podría aumentar el riesgo de cáncer colorrectal, mientras que llevar una alimentación con niveles elevados de fibra: grandes cantidades de frutas, vegetales y granos enteros, ha sido asociada con un menor riesgo de esta enfermedad”, afirman estudios médicos.

Las investigaciones previas han sugerido que una forma en que la alimentación influye en el riesgo de cáncer colorrectal es al hacer cambios en el microbioma intestinal.

El microbioma 

El nuevo estudio del Dr. Shuji Ogino apoya esta relación.

Encontró que las personas que llevaron una alimentación con niveles elevados de fibra “tuvieron un menor riesgo de desarrollar tumores de cáncer colorrectal que contenían la bacteria F. nucleatum”.

La F. nucleatum ha demostrado estar frecuentemente presente en las heces de las personas que consumen una alimentación estilo occidental con bajos niveles de fibra.

De igual manera, estas personas tienen un mayor riesgo de cáncer de colon.

«Especulamos que el vínculo entre llevar una alimentación prudente y tener un menor riesgo de cáncer colorrectal podría ser más evidente en el caso de los tumores que contienen una gran cantidad de F. nucleatum, en comparación con las personas que no la llevan», dice Ogino.

Para probar esta teoría, el equipo analizó los datos de salud y nutrición de más de 137 200 participantes en el Estudio de Salud de las Enfermeras y el Estudio de Seguimiento de los Profesionales de la Salud.

Posteriormente, analizaron muestras tumorales obtenidas de participantes que desarrollaron cáncer colorrectal durante el estudio, para determinar si estaba presente la bacteria F. nucleatum.

Los cuestionarios para la frecuencia de alimentos, que los participantes presentaron en intervalos de dos a cuatro años, fueron utilizados para calcular el consumo de nutrientes y fibra.

Los participantes que consumían un tipo de alimentación «prudente», definida como una alimentación con grandes cantidades de vegetales, frutas, granos enteros y legumbres, tuvieron un riesgo significativamente menor de cáncer colorrectal con la presencia de la F. nucleatum, en comparación con los que consumieron una alimentación estilo occidental con bajos niveles de fibra.

Dicho lo anterior, llevar una alimentación prudente no afectó el riesgo de desarrollar un cáncer colorrectal libre de F. nucleatum.

Según Ogino, estos resultados «apuntan a un fenómeno mucho más amplio, que las bacterias intestinales podrían actuar en coordinación con la alimentación para reducir o aumentar el riesgo de ciertos tipos de cáncer colorrectal».

¿Qué alimentos fermentados tienen el mayor impacto? 

En un episodio 30 voluntarios acordaron consumir un cierto tipo de alimentos fermentados durante un mes, para ver cómo afectaría a su microbioma intestinal.

Los voluntarios fueron divididos en tres grupos, los cuales recibieron una bebida probiótica comercial, el kéfir tradicionalmente fermentado o alimentos con niveles elevados de inulina, tales como las alcachofas de Jerusalén, raíces de achicoria, cebollas, ajo y poro. (La inulina es una fibra prebiótica).

«Lo que descubrimos al final de nuestro estudio fue fascinante. El grupo que consumió la bebida probiótica percibió un pequeño cambio en unos tipos de bacterias conocidas por ser beneficiosas para controlar el peso, las bacterias llamadas lachnospiraceae.

Sin embargo, este cambio no fue estadísticamente significativo.

Pero nuestros otros dos grupos sí observaron cambios significativos.

El grupo que consumía alimentos ricos en fibra prebiótica percibió un aumentó en la cantidad de un tipo de bacteria conocida por ser beneficiosa para la salud intestinal en general, algo que está acorde con otros estudios.

Sin embargo, nuestro cambio más significativo fue observado en el grupo del kéfir.

Los voluntarios percibieron la presencia de una mayor cantidad en la familia de bacterias llamadas lactobacillales.

Sabemos que algunas de estas bacterias son beneficiosas para nuestra salud intestinal en general y que podrían ayudar a combatir enfermedades, tales como la diarrea del viajero y la intolerancia a la lactosa».

Posteriormente, se envió una variedad de alimentos y bebidas fermentadas, hechos en casa y comprados en tiendas, para realizar pruebas de laboratorio, las cuales revelaron «diferencias notables» en la composición microbiana.

 

Patricia Chico Aldama
Patricia Chico Aldama
Soy Médico cirujano de la UNAM, maestra en Salud Pública del Instituto Nacional de Salud Pública, especializada en epidemiología. Fui jefa del Departamento de Investigación en Epidemiología del Instituto Nacional de Pediatría (INP) y actualmente soy investigadora en el Laboratorio de Bacetriología del INP. Soy autora del libro Desarrollo Organizacional de Editorial Plaza y Valdez y una de los cinco autores más leídos en América Latina en Acta Pediátrica y he publicado trabajos en Neurology. Hoy me desempeñó en el Comité Directivo de la organización Alass de Europa.

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