Ante un Cutzamala “colgado de alfileres”, especialistas apuestan por tratamiento de agua residual

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Alberto Cuenca Reportero en Capital CDMX

Ante la vigente crisis de agua que los habitantes del Valle de México tienen ante sí, debe darse un cambio radical en el modelo de gestión porque el sistema hídrico de la región ya está rebasado.

Así lo expuso Eduardo Vázquez, director ejecutivo de Agua Capital, durante el Coloquio Internacional «Resiliencia urbana y crisis ambiental en América Latina” realizado en la Facultad de Arquitectura de la UNAM.

El sistema hídrico, subrayó, está rebasado a nivel Institucional, presupuestal, normativo, como política pública, así como en coordinación entre los múltiples sectores.

“Ya no da y si no tomamos decisiones vamos a empezar a vivir efectos que nadie quiere ver”, advirtió Vázquez al participar en el módulo Resiliencia Hídrica Urbana.

Alertó que el Sistema Cutzamala “está colgado de alfileres”, pues además el mantenimiento que se le da es el mínimo indispensable.

EL DIAGNÓSTICO

Recordó que la CDMX está asentada en un suelo donde existen entre cinco y siete acuíferos sobreexplotados, pues se extrae el doble del agua que se recarga de manera natural y hay un difícil acceso a nuevas fuentes de abastecimiento.

A ello se suman problemas como mayores costos para la extracción de líquido, pues hay pozos con más de mil 200 metros de profundidad, así como hundimientos del subsuelo de hasta 30 centímetros por año.

Un 26 por ciento de la población del Valle de México no recibe la cantidad suficiente de agua, mientras que un 15 por ciento no cuenta con servicios de suministro diario.

El director de Agua Capital también refirió que 1.8 millones de personas se surtieron a través de pipas durante el año pasado, pero estimó que el número crece para este 2024.

Al citar a la organización Oxfam, dijo que en el Valle de México 38 mil viviendas y 148 mil personas no cuentan con agua entubada, sino por tandeo.

Además, se pierde un 40 por ciento de agua en fugas y se estima un 17 por ciento de agua no contabilizada, la cual se relaciona con errores de medición y tomas clandestinas en un fenómeno ya conocido como huachicoleo del agua.

Frente a todo este escenario, lamentó, sólo se trata un 12 por ciento de agua residual.

SEQUÍA

De acuerdo con el Monitor de Sequía de México Región Centro que presentó el director de Agua Capital, al 31 de diciembre de 2023 la sequía moderada a severa aumentó en Querétaro, Hidalgo, Estado de México, la CDMX, Morelos y Puebla.

En esa región la sequía se ha mantenido por los últimos cinco años, por lo cual se prevén más recortes y racionamientos para el estiaje que viene.

Las presas del Sistema Cutzamala como Valle de Bravo, el Bosque y Victoria tienen niveles de almacenamiento menores al 40 por ciento, cuando históricamente en estas fechas tenían niveles del 70 por ciento.

En noviembre de 2023, cuando ya se veía venir esta situación, las autoridades locales y federales anunciaron medidas emergentes para racionar el abasto, lo cual afecta a 16 municipios del Estado de México y 12 alcaldías de la CDMX.

Ese racionamiento consistió en la disminución del caudal que llega del Cutzamala, de 12 mil 200 litros por segundo a 9 mil 200 litros por segundo.

Apenas la semana pasada se anunció una segunda reducción que implicará una disminución de otros 8 mil litros de agua por segundo.

TRATAMIENTO

Eduardo Vázquez consideró que mucha del agua que se expulsa a través del drenaje y que va a parar al Valle del Mezquital se debería quedar en la Ciudad a través de modelos que incentiven su reuso.

Vázquez consideró que hacia allá deben apuntar las políticas públicas, pues el sistema actual no da más y no se pueden crear otros siete Cutzamalas o seguir con la sobreexplotación del acuífero.

Sobre las posibilidades del tratamiento de aguas residuales habló Montserrat Bonvehi, Investigadora de la Universidad de Washington y la Universidad de Harvard.

En su ponencia señaló que a nivel mundial la demanda urbana de agua se disparará en un 40% para el año 2050.

Esto pondrá a un 28% de las ciudades más grandes del mundo en camino de alcanzar el llamado de “Día Cero”, cuando se quedarán sin agua por completo.

La  ciudad de México está en esa lista, alertó Bonvehi.

Expuso que el cambio climático pondrá en conflicto a las zonas urbanas y agrícola para competir por la misma agua, a tal grado que para mediados del siglo unas 240 de las ciudades más grandes del orbe estarán en ese conflicto.

Pero puntualizó que en el caso de los productores agrícolas no se prevé que necesiten más agua en el futuro.

“Los productores agrícolas ya representan el 70 por ciento del agua que se usa, sin embargo, enfrentarán un aumento sobre la incertidumbre en la disponibilidad de agua como resultado del cambio climático”, dijo la investigadora.

Por esa razón, enfatizó, un sistema seguro de abasto con aguas residuales ofrecería una cura a esta condición de conflicto hídrico.

“Las aguas residuales son la única fuente que crece en cantidad a medida que también crece la demanda de agua. 

“Aumentan el suministro de agua sin utilizar más agua y reducen la dependencia de fertilizantes industriales, sin reducir la fertilidad”, dijo.

El reto y la pregunta, añadió Bonvehi, es si un sistema de alcantarillado combinado es capaz de producir aguas residuales de manera segura y habló de un concepto al que denominó de “urbanismo de aguas residuales”.

EL MEZQUITAL

La investigadora se refirió al caso del Valle del Mezquital, ubicado en el estado de Hidalgo, a donde van a parar 60 metros cúbicos de agua residual por segundo que desaloja la Ciudad de México a través del drenaje profundo.

El Mezquital, enfatizó, es hoy el sistema agrícola con base en agua residual más grande y más antiguo del mundo.

No obstante, también señaló que en el suelo de ese Valle hay una gran y creciente contaminación, por la existencia de organismos que se hospedan en cualquier sistema de agua residual, como coliformes fecales, salmonela y diversos virus.

A ello se suman microplásticos, 1.5 millones de toneladas de desechos industriales, 170 toneladas de plomo, 15 toneladas de arsénico y cinco toneladas de cadmio que se acumulan cada año.

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