Ciudad de México.- Jorge Luis Hernández camina descalzo sobre la calle de Toltecas en la delegación Iztapalapa. Lleva en brazos a su bebé de cuatro meses, quien también está vestido de Nazareno. Ambos utilizan una túnica morada en honor a las prendas con las que vistieron a Cristo antes de ser crucificado, según narran las sagradas escrituras.
“Tengo 24 años viviendo aquí, pero ya llevo ocho años saliendo en la escenificación”, platica mientras sigue el paso detrás de sus compañeros en la 174 representación de la Pasión de Cristo.
Aunque el camino no es liso, Jorge no repara en el sol, la tierra o las piedras que encuentra durante su trayecto, porque asegura que la fe guía su andar.
Es uno de los cerca de 2 mil nazarenos que sigue la procesión y recorre los ocho barrios de la demarcación de Iztapalapa este jueves santo. “Esto lo hago más que nada para dar gracias a Dios por las bendiciones que he tenido. Mi bebé no se ha enfermado ni una sola vez desde que nació, eso quiero agradecerle”, dice.
Los nazarenos recorren junto a Cristo los barrios de Iztapalapa. Todos van formados junto a él en las orillas y largas filas de túnicas moradas colorean la acera este jueves. Decenas de ellos están ahí para cumplir una promesa o una manda, pero otros más, como Jorge, aseguran que sólo quieren agradecer o demostrar la fe que profesan.
Ser nazareno este día significa realizar, con entereza, un recorrido de más de cuatro horas que va desde la Casa de los Ensayos hasta el Santuario del Señor de la Cuevita, donde los personajes reciben la bendición.
Los nazarenos en su mayoría son hombres y hay de todas las edades. Al inicio de la procesión están ubicados los más jóvenes. Los niños allí acomodados tienen hasta dos años de edad y conforme avanza la fila van apareciendo los más adultos. Muchos padres de familia caminan en compañía de sus hijos o sobrinos.
“Para llegar hasta aquí no tuve que prepararme de ninguna manera, porque Dios me ha dado fuerza para realizar este recorrido. Lo único que hice fue confiar en él y rezarle todos los días”, cuenta Eduardo Aldaír, joven de 24 años, que lleva de la mano a su primogénito de cuatro.
Los nazarenos subirán al cerro de la Estrella este viernes 14 de abril y cargarán las cruces de madera que ellos mismos confeccionaron semanas atrás. Realizarán todo el Vía Crucis atrás del Cristo.
Pareciera que algunos espectadores piensan que quien escenifica a Cristo adquiere divinidad en estos días santos, pues durante la procesión le han acercado a enfermos, bebés y personas con discapacidad para que los bendiga.
Eduardo camina junto a su hijo, lo lleva tomado de la mano para que aguante el largo trayecto. Lleva los pies descalzos como si el sol de 25 grados centígrados no hubiera calentado el pavimento y sigue a sus compañeros sin demostrar ni un poco de cansancio.
Algunos jóvenes que van alrededor de él saltan sobre sus pies o utilizan sus huaraches para poder sortear ciertos momentos del camino. “Estoy aquí por tradición, por una manda que tengo. Mi abuelo falleció cuando nació mi hijo y le prometí que continuaría participando en la Representación. Hasta ahorita ya llevo 17 años acudiendo. Prometí que serían 20, cuenta Eduardo.
A los lados, vecinos del barrio de Santa Martha ofrecen a los actores, a los integrantes de la procesión y a la prensa, mitades de naranja y botellas de agua. Judas habla solo y mira a su alrededor con desconfianza, es el más concentrado en su papel.
También hay comerciantes que aprovechan para vender coronas de flores y de espinas a diez pesos. Concuerdan en que estos días santos son buenos para la venta y que deben aprovechar la procesión para sacar toda la mercancía.
Por momentos el recorrido se detiene. En cada capilla de los ocho barrios de Iztapalapa los transeúntes realizan una parada para honrar a quienes participaron en la representación, pero ya murieron. Según relataron algunos nazarenos, la cantidad de minutos que se detienen, depende de la cantidad de fallecidos de cada barrio.
Además de estos momentos de silencio, hay dos paradas más. Poco antes de que culmine la procesión, los integrantes se detienen en la iglesia de San Lucas, ubicada atrás de la explanada delegacional, para realizar oraciones, y también suspenden la marcha en el santuario del Señor de Cuevita, donde los personajes principales reciben la bendición.
Según la biblia, durante el jueves Santo tuvieron lugar dos momentos de especial importancia: la última cena de Jesús de Nazaret, junto a sus discípulos, y el Lavatorio de pies, donde Cristo lava los pies a los apóstoles como un acto de humildad, con la finalidad de dar el ejemplo de los actos de amor y servicio.
En esta parte final, después del largo camino recorrido, y en las inmediaciones de la Macro Plaza de Iztapalapa, Israel Gómez relata que cuando su padre agonizaba realizó una promesa en su lecho de muerte. Le aseguró, de rodillas, que asistiría como Nazareno a la Pasión de Cristo en Iztapalapa y por eso está hoy aquí, con los pies llenos de escoriaciones, pero con el corazón jubiloso porque cumple el juramento que hizo a Dios.
Una vela lo alumbra. Él está sentado en el piso. Los pies tierrosos quedan de frente a la cera y el afirma que la lumbre que sale es la luz que ahora ilumina su camino. Declara sentirse contento y exaltado, pues este Viernes Santo tendrá la oportunidad de subir al Cerro de la Estrella y presenciar la crucifixión de Jesús. “No estoy cansado, la fe es la que me mueve”, sentencia.


