Ciudad de México.- La fotografía que Alejandro Encinas se imaginó allá por inicios de octubre, cuando se estrenaba como presidente de la Mesa Directiva de la Asamblea Constituyente, se cumplió hoy.
Hace tres meses, en entrevista, describía esa foto del futuro cercano. La imagen, dijo aquella vez, tendría que ser frente a sus colegas, el resto de los diputados constituyentes, en sesión del Pleno, firmando la Constitución Política de la Ciudad de México.
A las de 9:33 pm de este martes 31 de enero, el presidente de la Constituyente suscribió, en medio de la solemnidad que imponía la última sesión de este órgano legislativo, la ley máxima de la capital del país.
La mesa sobre la que Encinas firmó esta noche la Constitución de la Ciudad, tiene historia. El mueble fue testigo de los trabajos de la Constituyente de 1917.
Esa mesa fue trasladada en 1916 desde el Palacio de Donceles, entonces sede del Congreso, al Teatro de la República en Querétaro, donde hace 100 años se construyó la Carta Magna de nuestro país. Sobre esa mesa lució hoy, como flamante adorno, una ánfora de plata que se utilizó hace un siglo para depositar los votos que eligieron a la Mesa Directiva del Congreso Constituyente de Querétaro y que, para la sesión de este 31 de enero, fue prestada por el Museo “Sentimientos de la Nación” de la Cámara de Diputados.
La Constitución de la Ciudad no sólo lleva la firma de Encinas. En esta sesión solemne, cada uno de los diputados presentes pasó a plasmar su rúbrica en el nuevo texto de la Constitución.
Después de Encinas, pasaron los vicepresidentes y secretarias de la Mesa Directiva, los coordinadores parlamentarios, los presidentes de las comisiones dictaminadoras y luego el resto de los diputados en orden alfabético. Cada vez que algún legislador se levantaba de su curul para ir a firmar, desde su respectiva bancada gritaban “¡bravo!”, y este respondía con una consigna según la agenda de temas que impulsó.
Así, la nueva Constitución de la Ciudad de México se suscribió en nombre de los jóvenes, de la igualdad, de las minorías, de los derechos humanos, de la ciudadanía, de la democracia.
Un texto plural
Como decía Encinas en esa entrevista de octubre, la carta fundacional de la Ciudad debía incluir todas las visiones, plataformas e ideologías que intervinieron en la construcción de la norma máxima de nuestra urbe.
Así fue. Los discursos finales pronunciados la tarde de este martes por parte los coordinadores parlamentarios, fueron el reflejo de la pluralidad plasmada en el texto constitucional.
Pero no sólo eso. Los discursos resumían lo que son, lo que han sido y lo que pretender ser los integrantes de la clase política que conformaron esta Constituyente.
De acuerdo con el orden del día, los pronunciamientos de los coordinadores parlamentarios debían realizarse de acuerdo con el número de legisladores que tuviera cada bancada, de más a menos.
Según ese orden, la primera en la lista de oradores fue Dolores Padierna, del PRD, seguida del coordinador de Morena, Bernardo Bátiz, pero él pidió que se le dejara hasta el final. Quería cerrar los discursos y el Pleno de la Asamblea Constituyente se lo concedió.
Dolores Padierna subió a tribuna. “Sepan las y los capitalinos que la Constitución de la Ciudad de México es hoy el documento más avanzado de la historia del Constitucionalismo mexicano, surge como la primera que tiene como su total razón de ser a los derechos humanos; la democracia y la función social de la Ciudad están también en el corazón de esta Carta. Nada de cuanto es fundamental para la vida de las y los capitalinos se privatizará o se pondrá antes al servicio de otro interés que no sea la vida digna de los más”, dijo la perredista.
Recordó que se aprueba este documento esencial en tiempos ominosos, cuando el racismo, la xenofobia y el belicismo amenazan a la humanidad entera. “En ese escenario resalta el hecho de que la Constitución de la Ciudad de México amplíe al máximo los derechos de las y los capitalinos, y más aún que los haga exigibles y justiciables, instituyendo mecanismos como la acción de protección efectiva de derechos y el juicio de restitución obligatoria de derechos humanos, que además deberán ser siempre progresivos”, agregó.
Un elemento fundamental de esta Constitución, dijo, es el de progresividad de los derechos que aparece en forma transversal por todo el texto.
Mientras hablaba, a Padierna se le iba quebrando la voz. Alcanzó a decir que, ahora, a 100 años de haberse promulgado la Constitución federal, se entrega la Constitución de la Ciudad de México, producto de una larga lucha democratizadora, sostenida por profesores dignos, estudiantes rebeldes, ferrocarrileros heroicos, rescatistas urbanos y movimientos sociales y populares recios y tesoneros.
A punto del llanto, concluyó su intervención, al subrayar que la Constitución de la Ciudad de México es ya una prueba viva de que el cambio viene.
César Camacho Quiroz, coordinador del PRI, fue el segundo orador. “He aquí el desenlace amable del diálogo democrático, hay Constitución”, inició. En su retórica acostumbrada, el diputado priista hizo énfasis en que este texto es remembranza fiel de su pasado, comprensión cabal de su presente y esperanza fundada en el futuro.
Destacó el sello ciudadano que tuvo y tendrá, tanto la conformación del documento, como la futura aplicación del mismo. Pidió que nadie se cuelgue la medalla por el éxito alcanzado.
“El trabajo no fue sencillo, la materia prima era evidentemente mejorable. No hubo un solo artículo que haya quedado intacto, y habiendo contribuido todos los partidos o los legisladores acreditados por los ejecutivos, sería incorrecto que algún partido lo considerara privativo de él; en todo caso, si hay un propietario y un titular, un beneficiario y un mandante de esta Constitución, son los ciudadanos de la capital del país”, expuso Camacho.
Santiago Creel, más parsimonioso, dejó en claro qué principios trajo aquí el PAN. “La proyección humanista de este nuevo orden constitucional se manifiesta en la dignidad humana como principio rector y sustento de todos los derechos humanos. Para nosotros ver este valor puesto en la norma máxima de nuestra Ciudad, es sin duda, altamente satisfactorio. También lo son los grandes avances logrados en materia de democracia”, expresó.
Aceptó que se cumplieron los ejes de la campaña electoral del panismo, al incluirse a la persona como el eje, el origen y destino de esta Constitución. “Quiero agradecer los acuerdos tomados, pero, sobre todo, el cumplimiento de la palabra aquí empeñada, lo que significa que en esta Constitución se cumplió la palabra de 100 Constituyentes”, concluyó Creel, quien pidió a todos reunirse por lo menos una vez al año para intercambiar ideas sobre el desarrollo y aplicación del texto constitucional.
El momento de Porfirio
Vino el momento de Porfirio Muñoz Ledo, el septuagenario político, el integrante de la mesa redactora que junto con un grupo de notables generó el texto que se discutió durante cuatro meses y medio en esta antigua sede del Senado de la República.
“Hace 22 años llegué a esta sede de Xicoténcatl, llegué con mi compañera de fórmula Ifigenia Martínez, aquí presente. Fuimos los primeros senadores de oposición en la historia de México, como fruto de una alteración profunda de la correlación de fuerzas en esta Ciudad; el antiguo régimen hubo de reconocernos una mayoría de más del 50 por ciento en las elecciones en esta Ciudad. Este es el origen del cambio que debemos a la gente que luchó por la transformación política del país y que convirtió a esta Ciudad en el epicentro de la transición democrática”, arrancó.
En esta segunda visita a Xicoténcatl se dijo orgulloso de haber alcanzado un sueño, el de la pluralidad democrática. Agradeció al Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, por haberlo invitado a participar en este capítulo de la historia capitalina. Curioso fue que, del lado del PRI, nadie hizo la misma deferencia hacia el presidente Enrique Peña Nieto.
Muñoz Ledo destacó que esta Constitución para la Ciudad, surge en tiempos aciagos, pero confió en que lo aprobado hoy repercutirá en muchos estados de la República y, más temprano que tarde en el escenario nacional. Con el humor fino que lo caracteriza, recordó que la frase utiliza aquí por él, la del “itacate legislativo”, para definir todo lo que quedaba pendiente de resolver, es el núcleo de la nueva agenda nacional.
Concluyó con un llamado a construir puentes en lugar de muros. “Esto es lo que la Nación necesita, sin desvelo alguno de mi pensamiento crítico y de mi militancia opositora, creo que debemos construir un frente nacional para la salvación del país, y ese frente nacional debe ser el origen de resurgimiento mexicano. De un lado de la frontera están los gobernantes que quieren establecer los muros, de este lado estamos los mexicanos que queremos tender los puentes”, cerró Porfirio.
Después de Muñoz Ledo vendrían legisladores como Fernando Lerdo de Tejada, designado por el presidente de la República. En su discurso habló también de tiempos aciagos, de la amenaza externa que viene para la nación, de la necesidad de estar unidos, porque “Goliat nos tiene en la mira”, dijo.
Gabriel Quadri, de Nueva Alianza, consideró que el resultado de esta Asamblea Constituyente es fiel reflejo de la Ciudad, de sus actores y de sus sectores; “es un rompecabezas esta Constitución, también un caleidoscopio. Es un crisol, mejor dicho, un molcajete, donde han concurrido todos los ingredientes sociales, culturales, políticos y económicos de la ciudad. El contenido abigarrado revela esa tensión entre visiones del mundo opuestas, pero que han encontrado un espacio de encuentro y de diálogo”, expuso. Para él, el texto fundacional será también referencia nacional.
Como ya lo había solicitado y le fue concedido, Bernardo Bátiz pidió hablar al final de todos los coordinadores parlamentarios y como lo mencionó desde el primer día que habló en la tribuna, acusó la presencia de los 40 legisladores que llegaron por designación.
"Sobran, porque su presencia es contraria a la democracia y distorsiona la representatividad equitativa de la población en la Ciudad, en esta Asamblea, porque hubo un momento en que fueron un muro, una barrera que impidió alcanzar más, que matizó, que complicó la redacción. En momentos vimos cómo revivía el PRI-AN. En algunos momentos vimos también cómo se volvía a perfilar el Pacto por México", expresó Bátiz en medio de abucheos que surgían de entre las bancadas aludidas.
Encinas tuvo que intervenir para poner orden en la sala. El coordinador de Morena siguió con su discurso cargado de elogios pero solo hacia los legisladores de su bancada.
Dijo que todos en Morena actuaron sin consignas ni prohibiciones, con un juego siempre abierto. No faltó quien le reprochara que de entre su grupo parlamentario hubo alguna diputada que se alió con el PRI y el PAN.
A propósito de los discursos previos que exhortaron a la unidad en estos tiempos de amenazas externas, Bátiz dijo que unidad sí pero con la gente. "No podemos pensar en una unidad en tanto no se reconozca que estamos en la situación que estamos por graves errores y por traiciones políticas", terminó.
El discurso final
Alejandro Encinas dio su discurso final después de que todos los coordinadores hablaron. “Hoy enviamos un buen mensaje al país en estos momentos de desasosiego; hemos demostrado que otra ciudad, otro país es posible, que podemos recuperar la esperanza, el derecho a soñar, el derecho a aspirar a un mejor país y a una mejor vida”, expuso en el silencioso momento de este final de historia.
“Terminamos con el último vestigio del Departamento del Distrito Federal: las delegaciones políticas; creamos las alcaldías, así como nuevas formas de democracia participativa y de gestión metropolitana, transformando además al poder intocable, al Poder Judicial, que ha sido objeto de la reforma más profunda que se conozca en las últimas décadas”, agregó entre los aplausos y reconocimientos de toda la Asamblea Constituyente.
Vestidos con uniforme de gala, integrantes del H. Cuerpo de Bomberos ingresaron al salón de sesiones, para que los presentes rindieran honores a la bandera y entonar el Himno Nacional. Después, el presidente de la Mesa Directiva tomó el micrófono, para declarar la expedición del decreto de la Constitución Política de la Ciudad.
El reloj marcaba las 10:41 de la noche de este 31 de enero, cuando la Asamblea Constituyente dejó de existir. El propósito se había cumplido y el capítulo final de esta historia se había escrito.



