Ciudad de México.- Miguel Ángel Mancera llegó a la antigua sede del Senado en la calle de Xicoténcatl con las manos vacías, pero atrás de él, como su sombra, con un portafolio negro bajo el brazo venía el Consejero Jurídico del gobierno de la ciudad, Manuel Granados.
Dentro de ese portafolio estaba la iniciativa de Constitución de la Ciudad de México que en los siguientes minutos entregaría el Jefe de Gobierno a la Asamblea Constituyente; así lo hizo saber el propio Manuel Granados con un guiño de ojo y una sonrisa cuando se le preguntó si ahí traía el proyecto constitucional.
El mandatario capitalino llegó a la casona de Xicoténcatl justo cuando la lluvia de personalidades que integran el Constituyente hacia su arribo.
Poco antes de Mancera entraban los legisladores de Morena; todos juntos se acercaron a la mesa de registro y estamparon su firma en una lista, pero ninguno pasó a tomarse la fotografía oficial. Carlos Payán no llegó, pero acudió se suplente Jesús Ramírez Cuevas, quien hacia saber que, por enfermedad, el fundador del diario La Jornada no asistirá a la Asamblea Constituyente.
Los panistas hicieron su aparición, por primera vez en este recinto, y tuvieron que hacer fila junto con Alejandro Encinas para poderse registrar. El líder de los bomberos, Ismael Figueroa, entraba vestido con el uniforme de gala de los tragafuego, mientras que Alejandro Chanona buscaba acomodarse en las primeras filas del escenario que se montó en el patio de este recinto para el acto de entrega-recepción de la iniciativa de Constitución.
La entrega del documento
Un largo presídium colocado a los pies de la estatua de Belisario Domínguez, con los murales de Jorge González Camarena al fondo, enmarcaron este escenario, en el que a las 10:40 de la mañana inició el evento protocolario de presentación de la iniciativa de Constitución.
Al presídium subieron el propio Mancera, así como los coordinadores de los grupos parlamentarios: Santiago Creel, del PAN; Dolores Padierna, del PRD, y César Camacho, del PRI. Junto a ellos estaban los decanos que se encargarían de integrar la Junta Instaladora: Augusto Gómez Villanueva, Ifigenia Martínez, Porfirio Muñoz Ledo, Bernando Bátiz y Javier Jiménez Espriú.
Curioso que, en un mismo recinto, estos decanos coincidieran en un momento histórico, el de moldear la carta constitucional de la Ciudad de México. La vida y el destino juegan con ellos. Antes, hace más de 40 años, fueron aliados bajo una bandera, la del PRI, en el sexenio de Luis Echeverría.
Durante esos años Porfirio Muñoz Ledo fue secretario del Trabajo y presidente del PRI, mientras que Augusto Gómez Villanueva fue secretario de la Reforma Agraria y secretario general del tricolor; Ifigenia Martínez llegó a ser funcionaria de la Secretaría de Hacienda y diputada federal por ese partido; Javier Jiménez Espriú fue director general en la entonces Secretaría de Obras Públicas, y Bernando Bátiz llegó a la Cámara de Diputados bajo la bandera priista.
Pero hoy estuvieron aquí, para escuchar el breve discurso de Miguel Ángel Mancera, de tan sólo dos minutos, en el que el mandatario local pidió generar un diálogo constructivo.
Por protocolo y en virtud de que la Junta Instaladora no entraba aún en funciones, el Jefe de Gobierno hizo entrega formal de la iniciativa al secretario general de la Cámara de Diputados, Mauricio Farah Gebara.
No hubo más discursos ni posicionamientos, y la retirada de Mancera de Xicoténcatl fue la señal para que todos los asambleístas constituyentes subieran a ocupar sus curules en el histórico salón de sesiones del Senado.
La primera sesión
La distribución de los asientos generó los primeros escarceos entre los diputados, pues aunque por si solos no tienen mayoría, los legisladores del PRI y del PAN se instalaron justo al frente, en las filas de curules del centro y del extremo izquierdo del salón de sesiones; el PRD ocupó los asientos del lado derecho y a los legisladores de Morena los enviaron a los lugares de hasta atrás.
Pero con todo y esa definición de espacios, los morenistas Javier Quijano Baz y Elvira Daniel Kabbaz lograron sentarse entre los priistas, justo en las curules centrales, las que quedan frente a la mesa directiva. Su permanencia ahí no sólo obedecía a una suerte de empecinamiento por quedar bien colocados durante la instalación de la Asamblea; su motivo, sobre todo el de Javier Quijano, era otro.
El secretario general de la Cámara de Diputados, Mauricio Farah, fue el primero en hablar, para rendir un informe sobre la instalación del Constituyente. Varios yerros, señalados por diputados de Morena, caerían sobre él.
De entrada, este funcionario dio cuenta del número de asambleístas constituyentes que correspondían por cada partido político; según sus números eran 98, pero además encajonó en cada instituto político a los que fueron designados por la Cámara de Diputados y por el Senado de la República.
Bernando Bátiz hizo ver que eso era un error. “Me parece un error porque ellos (los designados) tendrán que decidir si forman parte o no de un partido y al haberlo hecho así, indica quizás la intención de quienes hicieron los nombramientos”, acusó el diputado de Morena.
El yerro no quedaría ahí. Sería sólo el preludio de lo que se convertiría en el primer debate en la tribuna de la Asamblea Constituyente.
Como parte de su informe, Farah mencionó a los decanos que integrarían la Junta Instaladora de la Asamblea y dijo que conforme al artículo séptimo transitorio de la Reforma Política de la Ciudad de México, le correspondía al diputado de mayor edad y de más antigüedad legislativa esa responsabilidad.
Fue entonces que subieron a las curules de la mesa directiva los cinco decanos, encabezados por Augusto Gómez Villanueva, quien se tomó asimismo protesta al cargo, lo hizo después con sus compañeros decanos y finalmente con el resto de los legisladores.
El momento no estuvo ajeno a incidentes, pues los diputados de Morena empezaron a interrumpir alzando la voz y pidiendo la palabra. Javier Quijano y Jaime Cárdenas tomaron el micrófono de su curul y exigían una recomposición de la Junta Instaladora. Decían que a quien le tocaba presidir era a Bernardo Bátiz, pues él fue un diputado electo por la ciudadanía, no a Augusto Gómez Villanueva, que había sido una designación directa del presidente Enrique Peña Nieto.
Con sus 87 años a cuesta, habilidoso y sereno, Gómez Villanueva sólo les respondió que sus planteamientos quedarían asentados en la versión estenográfica de la sesión y continuó con el procedimiento. Hizo el pase de lista y resultó que sólo estuvieron presentes 94 de los 100 constituyentes.
Uno de esos ausentes no ha sido designado por la Cámara de Diputados, pero de los otros cinco nadie supo explicar nada, ni siquiera el área de procesos parlamentarios del Senado que se encargó del registro.
Con todo y su experiencia, Augusto Gómez Villanueva no se salvó de algunos traspiés al momento de conducir esta primera sesión, como cuando dijo que la Asamblea Constituyente quedaba instalada el 15 de septiembre de ¡1916! Alguien le hizo ver de inmediato su error y corrigió. También anunció que la siguiente sesión se realizará el próximo martes 19 de septiembre; después aclaró que sí, será el martes, pero 20 de septiembre.
La dualidad
Según el acuerdo de los decanos no habría discursos ni posicionamientos, pero Javier Quijano subió a tribuna para leer un texto que a varios de los presentes dejó pensativos. Recordó que hay total de 28 constituyentes que al mismo tiempo son diputados federales y senadores, los cuales continuarán en el ejercicio pleno de sus cargos en ambas Cámaras y a su vez tendrán que acudir a las sesiones de la Asamblea Constituyente.
“Hay aquí una imposibilidad absoluta, insuperable; no se pueden desempeñar al mismo tiempo dos cargos de la misma naturaleza material en diferentes cuerpos legislativos que requieren y suponen una dedicación cabal”, acusó Quijano, y continuó.
Expuso que por esa ubicuidad, los 28 constituyentes designados violan el artículo el artículo 125 constitucional, y lo citó: “Ningún individuo podrá desempeñar a la vez dos cargos federales de elección popular, ni de la Federación, ni de la entidad federativa que sean también de elección”.
Ya al término de la sesión, en los pasillos de la casona de Xicotencatl, los senadores Roberto Gil (PAN) y Alejandro Encinas (PRD) se encontraban y hablaban al respecto. “Hay un rumor de que debemos pedir licencia en el Senado para estar aquí, eso no es cierto, eh”, le dijo Gil a Encinas.
El perredista le hizo saber que él ya se había blindado y para ello consultó a las áreas jurídica del Senado, que concluyeron en que no habría problema con el doble cargo. El senador Encinas agregaba que a su registro como constituyente agregó los documentos que entregó esa área jurídica.
Por lo pronto, Roberto Gil le sugirió que para la siguiente sesión del Senado, a realizarse el próximo martes, y que coincidirá con la sesión de la Asamblea Constituyente, no pasen lista de asistencia en la Cámara alta.



