En medio de la crisis política que atraviesa Sinaloa tras los recientes señalamientos del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra Rubén Rocha Moya, el PRI ha concentrado sus críticas en el exgobernador Quirino Ordaz Coppel y no en la actual administración estatal encabezada por Morena.
En días recientes, dirigentes priistas, incluido Alejandro Moreno Cárdenas, retomaron señalamientos sobre el papel político de Quirino Ordaz en la pérdida de posiciones del partido en Sinaloa y el avance electoral de Morena en la entidad.
Sin embargo, el debate interno ocurre mientras Rocha Moya enfrenta uno de los momentos de mayor presión política desde que asumió la gubernatura, luego de que autoridades estadounidenses lo incluyeran en acusaciones relacionadas con presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa.
Las acusaciones fueron presentadas por fiscales federales en Nueva York y contemplan delitos relacionados con narcotráfico, armas y presunta colaboración con estructuras criminales dedicadas al tráfico de drogas hacia Estados Unidos.
Tras la difusión del caso, Rocha Moya rechazó públicamente las imputaciones y aseguró que carecen de sustento. Días después solicitó licencia temporal al cargo mientras avanzan las investigaciones.
Analistas políticos estiman que el PRI ha optado por concentrar sus críticas en Quirino Ordaz, quien actualmente se desempeña como embajador de México en España, y en decisiones del pasado, una postura que interpretan más como un reacomodo interno del partido que como una confrontación directa con el actual gobierno estatal.
Este escenario ha llamado la atención también dentro del ámbito político sinaloense, donde distintos sectores observan que, pese al contexto de presión que enfrenta la administración de Rubén Rocha Moya por temas relacionados con seguridad, gobernabilidad y percepción pública, el priismo nacional ha perdido una oportunidad clarísima de contraste al evitar colocar al gobernador con licencia como eje central de su discurso opositor.

