En zonas del Ajusco la tala de árboles es una práctica que se realiza frente a la mirada complaciente de autoridades, Policía, Guardia Nacional y paseantes.
Ahí la tala va acompañada de invasiones al suelo de conservación por grupos afines al partido Morena, así como de la depredación del bosque para ganar terreno en favor de áreas recreativas como gotcha y jardines de fiesta.
En torno hay hasta vigilancia con «halcones» que hacen rondines en motocicleta e intimidan a quienes, por ejemplo, graban el ecocidio con un teléfono celular.
Capital CDMX realizó un recorrido por la carretera Picacho-Ajusco y a partir del kilómetro 10 fue notoria la afectación al bosque por parte de asentamientos ilegales en el suelo de conservación y por quienes han adaptado el área para construir cabañas, circuitos para motocicletas y para la práctica del gotcha.

Del lado oficial no existe un diagnóstico sobre el daño de tales prácticas en el suelo de conservación. Si existe tal diagnóstico, es un documento guardado bajo llave en alguna oficina gubernamental.
CON AUSPICIO DE MORENA
En el kilómetro 10, frente a la colonia San Nicolas II de la alcaldía Tlalpan, se encuentra la entrada a un asentamiento irregular de personas afines a Morena y a la diputada local de ese partido Xóchitl Bravo.
Una pancarta de la legisladora morenista cuelga entre ramas y una alambrada que marca el acceso a esta invasión.

Junto hay otra pancarta de la Dirección de Ordenamiento Territorial de la alcaldía Tlalpan en la cual se lee: “Aviso, asentamientos humanos irregulares en suelo de conservación”.
Una lona mucho más grande que las dos anteriores da cuenta de la agrupación que ocupa esa zona ecológica; se trata de la Nueva Organización Bellavista AC, presidida por Antonio Ruiz Mejía.
Según se lee en esa lona: “el único dueño de los predios que hoy ocupamos es el señor Iñigo Andrés de Martino Somellere”.

ÁRBOLES PERDIDOS
Hacia el interior y entre lo poco que queda del bosque se aprecian casuchas levantadas con vigas, láminas de cartón y aluminio, plásticos y en algunos casos con materiales más consolidados como tabique, asbesto y ladrillo.
Unos 400 metros más adelante, frente a un sitio llamado “Gotchamanía”, hay un anuncio de la Conafor y en este se advierte que esa es un área de reserva ecológica y por ello “queda estrictamente prohibido la construcción, la tira de escombro, la tala y la cacería”.
La alerta de la Conafor parece ahí una burla, porque a partir de ese punto y hacia el interior de lo que queda del área de conservación hay casuchas que hoy ocupan lo que antes era un tupido bosque.

Toda este polígono es conocido como Paraje Zacatón y hasta antes de la pandemia por Covid-19 esas edificaciones no existían, pero hoy las viviendas han creado grandes áreas descampadas, sin vegetación.
La falta de árboles en toda esta área no ha sido consecuencia sólo de la tala, también de incendios forestales y de ello dan cuenta los tocones quemados que quedaron de pie y que pueden observarse desde la carretera Picacho-Ajusco.
QUEMA DELIBERADA
Semanas atrás y en entrevista, la titular de la Comisión de Recursos Naturales (Corenadr), Columba López, aceptó que los incendios forestales en la zona son propiciados por grupos de invasores de suelo de conservación y de talamontes.
“Hay gentes que quieren invadir zonas, entonces suben, queman y después invaden”, explicó la funcionaria, al reconocer que ese problema se acentúa en la zona del Ajusco medio, por parte de grupos que se quieren adueñar del Parque Ecológico de la CDMX.
Estimó que un 20 por ciento de los incendios forestales registrados en suelo de conservación son provocados por talamontes e invasores.
Dijo que específicamente en el Paraje Zacatón, el asentamiento irregular es conocido como Belvedere y es parte del Parque Ecológico.
La funcionaria detalló que ahí, el 10 de mayo de 2019 los invasores provocaron un incendio que duró tres días y afectó 84 hectáreas de bosque.
Reconoció que todo el lugar y también el área ubicada enfrente, conocida como Lomas de Coyotepec, es un punto constante de invasiones en el suelo de conservación.
Según Columba López en toda el área se han realizado labores de limpieza y reforestación, pero los tocones de árboles quemados siguen ahí, como constató Capital CDMX en el recorrido.
¿ECOTURISMO?
La intensa actividad que generan paseantes de fin de semana también es un factor que ha influido en la depredación del bosque del Ajusco.
Desde el kilómetro 10 de la carretera Picacho comienzan a observarse los sitios que ofrecen entretenimiento, todo ello bajo la bandera del ecoturismo.
“Gotchamanía” es un ejemplo de lo anterior. Se trata de un amplio terreno privado. Una barda y malla ciclónica delimitan el lugar.
En la entrada principal, además del gotcha, se ofrecen cabañas y jardines para la celebración de fiestas y todo tipo de eventos sociales.
Desde la carretera Picacho-Ajusco y cerca al kilómetro 11 se puede apreciar lo extenso de ese terreno, pero lo que más llama la atención es que cerca a la barda y a la malla ciclónica hay decenas de troncos de árboles apilados.
HALCONES
Por el tamaño de los troncos parece que en algún momento fueron árboles adultos, pero apenas se puede grabar la devastación con el teléfono celular, porque de inmediato llegan sujetos en motocicletas que cierran el paso y en todo intimidante preguntan: “¿Todo bien?”.

Estos motociclistas circulan continuamente por la zona, tanto o más que vehículos de la Policía o de la Guardia Nacional que tienen un cuartel en el kilómetro 17, en una zona conocida como la Y.
De poco o nada sirve la presencia de los uniformados para inhibir lo que sucede más allá de la carretera Picacho-Ajusco.
¿PALIATIVO?
Este 10 de julio, el secretario de Gobierno de la Ciudad Ricardo Ruiz, entregó al Congreso capitalino una iniciativa de reforma al artículo 345 Bis del Código Penal para sancionar con más severidad la tala ilegal en los bosques de la CDMX.
Según la reforma, se establece una sanción de 6 a 20 años de prisión y una multa de 6,000 a 10,000 Unidades de Medida para quien tale, derribe u ocasione la muerte de uno o más árboles en área natural protegida, área de valor ambiental, barranca, o suelo de conservación.
La misma pena de prisión, además de una multa de 10,000 a 15,000 UMA aplicará para quien almacene, transforme, comercie, enajene, suministre, distribuya, acopie, reciba, adquiera, resguarde y/o posea materias primas forestales maderables, madera aserrada o con escuadría y/o madera labrada, con un fin distinto al uso doméstico.
En caso de que el delito sea cometido en nombre y representación de una persona moral, se prohibirá a los representantes y/o apoderados realizar negocios relacionados con la industria maderera por 5 años y una multa de 30,000 a 50,000 UMA, independientemente de la responsabilidad penal en que hubieren incurrido.
Se aumentarán las penas en una mitad cuando en la comisión del delito participen personas servidoras públicas y personas beneficiarias de programas sociales de protección al medio ambiente.



