Romper a la oposición

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Romper a la oposición. El presidente Andrés Manuel López Obrador empezó a operar su sucesión tres años antes.

Primero destapando sus corcholatas y ahora rompiendo la alianza opositora que se conformó para la elección del 6 de junio.

Vamos por partes. La candidata de Palacio Nacional a la Presidencia de la República es Claudia Sheinbaum.

El Presidente la ha comenzado a placear en todo el país para darla a conocer, pues fuera de la Ciudad de México es una desconocida.

Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal están fuera del juego sucesorio en Morena y lo saben.

Por eso la fotografía en Zacatecas, en la que aparecen muy sonrientes durante el desayuno tiene diferentes lecturas.

Una es que harán frente común contra la Jefa de Gobierno, aun cuando el canciller y el senador pertenezcan a diferentes grupos políticos.

En segundo plano, el Presidente inició una tarea que le será más sencilla de lo que cualquiera pudiera imaginar.

Acercarse a la oposición dándole trabajo en el gobierno a militantes destacados.

Romper a la oposición

Sólo le basta cortejar a uno que otro opositor para que este corra a los brazos del presupuesto federal.

López Obrador, a través de la UIF y la FGR, tiene bajo el brazo expedientes que podrían comprometer la libertad de personajes que están en el bando opositor.

Los todavía gobernadores de Sinaloa, Quirino Ordaz, y de Nayarit, Antonio Echevarría, aceptaron correrse a la llamada Cuarta Transformación.

De esa manera, seguirán viviendo del presupuesto, pues el mandatario ya los invitó a ser parte de su gobierno.

López Obrador es un político profesional, y tiene suficiente poder para cortejar y convencer a quien quiera.

Pero, además, Quirino y Echevarría entregaron a Morena sus estados y ahora reciben el premio prometido.

Silencio y sumisión a cambio de impunidad y trabajo en el gobierno. Así actúan quienes prefieren doblegarse ante el poder a conservar su dignidad e ideología.

El mandatario anunció que podría invitar a más personajes de la oposición a su gobierno, particularmente a gobernadores que pronto dejarán sus cargos en manos de Morena.

López Obrador arrodilla así a sus adversarios, quiebra la alianza opositora y estos rompen con sus partidos a cambio de impunidad y libertad “condicional”.


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