Reforma electoral de Sheinbaum convulsiona a un aletargado Congreso local

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Alberto Cuenca Reportero en Capital CDMX

Se veía venir. Sería una sesión tensa en el Pleno del Congreso capitalino y los pronósticos no fallaron.

La reforma electoral que impulsan Morena y Claudia Sheinbaum provocó gritos, empujones, acusaciones e insultos durante la sesión ordinaria de este jueves 26 de mayo.

Legisladores de la oposición tomaron una parte de la tribuna y de la Mesa Directiva.

Extendieron una pancarta en la que se leía: “Morena verdugos de  la democracia”.

Los diputados de la 4T corrieron e hicieron lo propio en otra zona de la misma tribuna y de la Mesa.

También extendieron sus pancartas en las que acusaban a los del PAN, PRI y PRD de “vende patrias”.

Abajo, entre curules y pasillos e incluso en la cabina de audio, privaron el desorden, los jaloneos y gritos que en algunos momentos escalaron al punto de la amenaza, como ocurrió con los panistas Diego Garrido y Ricardo Rubio.

PLENO DESASTRE

El debate comenzó a subir de tono desde el inicio de la reunión del Pleno, al votarse el orden del día de la sesión.

Los panistas intentaron reventar el quórum para no votar el acta de la sesión anterior y el orden del día, pero Morena reunió a su mayoría para poderle dar continuidad a la reunión del Pleno.

El presidente de la Mesa, el morenista Héctor Díaz Polanco, notificó la existencia de un oficio de parte de la presidenta del Instituto Electoral, Patricia Avendaño.

En el documento, la consejera pedía un parlamento abierto para discutir esta reforma electoral, la cual elimina cinco unidades administrativas en el Instituto Electoral y provocará el despido de 105 trabajadores del organismo.

Diego Garrido lamentó que Díaz Polanco no motivó ni justificó legalmente por qué negó la petición del IECM para el parlamento abierto.

Lo acusó de ser un presidente faccioso, autoritario y dictatorial.

“Usted ofrece granaderos en vez de parlamento abierto”, le dijo Garrido a Díaz Polanco.

Se refería al operativo de policías que parecen granaderos, pero que según no son granaderos y que con escudos y vallas cercaron durante la mañana las calles que rodean el recinto legislativo de Donceles y Allende.

La imagen de los no granaderos, sus escudos y las vallas alrededor del edificio del Congreso le sirvió al consejero electoral Ernesto Ramos para publicar un sarcástico tuit.

“Creo que no habrá parlamento abierto”, escribió el consejero.

Los policías, cuya presencia fue solicitada por Díaz Polanco, permanecieron en los alrededores del Congreso durante todo el día.

Pero afuera no ocurrió realmente nada.

Fue al interior del recinto donde los ánimos se encendieron.

SACAR EL DICTAMEN 

Prendieron la mecha los diputados Maxta Gonzalez, del PRI, y el panista Ricardo Rubio.

Ella como vicepresidenta de la Comisión de Asuntos Político Electorales y él como secretario de la misma comisión remitieron un oficio al presidente de la Mesa.

En el oficio exigieron el retiro del dictamen de reforma electoral del orden del día.

Se lo gritaron desde la curul a Díaz Polanco, argumentándole que son dos de los tres integrantes de la mesa directiva de la comisión, es decir, la mayoría.

Intervino de inmediato el morenista Temístocles Villanueva.

Dijo que él como presidente de la Comisión de Asuntos Político Electorales desconocía el contenido de ese oficio.

Villanueva alegó que los otros integrantes de la comisión no podían sustituirlo como presidente mientras él no estuviera ausente y dijo que nunca se ausentó.

Lo que siguió fue un largo debate entre legisladores de todos los partidos sobre el Reglamento del Congreso local.

Más de hora y media tomó a diputados y diputadas discutir sobre si el dictamen debía regresar o no a comisiones.

DISPUTA POR LA TRIBUNA 

Pasaban de las 15:30 horas cuando Héctor Díaz Polanco anunció la presentación del dictamen por parte de su compañero Temístocles.

Quedó claro que esa fue la señal que esperaban desde la oposición.

En una acción coordinada y a toda prisa las diputadas panistas Luisa Gutiérrez, Claudia Montes de Oca y Ana Villagrán, se encaminaron hacia la Mesa Directiva.

Ocuparon las sillas del costado derecho respecto al sitio que ocupa Héctor Díaz Polanco.

Al mismo tiempo, sus compañeras Daniela Álvarez (PAN) y Tania Larios (PRI), se lanzaron hacia la tribuna. 

Ahí Daniela Álvarez se encontró de frente con la coordinadora Martha Ávila, quien adelantándose a la acción fue a capturar la tribuna para la bancada de Morena.

No pasó a mayores porque Ávila decidió ceder el terreno ganado y volver sobre sus pasos, aunque en su sitio dejó a la neo morenista Valeria Cruz.

Para evitar la andanada opositora, los de Morena se levantaron corriendo de sus curules y fueron a ocupar el costado izquierdo de la Mesa Directiva.

Hasta ahí llegaron Yuriri Ayala, Esperanza Villalobos, Maricela Zúñiga y Valentina Batres.

Intempestiva como solo ella, Batres comenzó a quitar de ahí y a caderazos a la panista Gabriela Salido.

Más diputados y diputadas de ambos bandos se sumaron a la toma de la tribuna y de la Mesa.

Lo que siguió fue una batalla de gritos.

Los del bloque opositor arengaban que la reforma electoral “¡no pasará!”.

Desde la 4T aseguraba a coro que “¡la reforma va!”.

Abajo de la tribuna había gritos y manotazos, de los panistas Diego Garrido y Ricardo Rubio hacia el morenista Carlos Hernández Mirón.

Mirón fue el encargado de presentar desde febrero pasado la iniciativa de esta polémica reforma electoral, aunque ya quedó claro que él no fue su real autor.

Por la mañana, la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum aceptó en una conferencia que ella fue quien envió la iniciativa al Congreso de la Ciudad.

Aún así, Hernández Mirón no se salvó de los reproches y gritos que le lanzaban los panistas, quienes se le acercaban amenazantes y entre manoteos.

Tan agresiva fue la actitud de los del PAN que una asesora tuvo que ir a calmar a Ricardo Rubio.

Mientras, el propio legislador del PAN Federico Döring tuvo que contener a Diego Garrido y ofrecer una disculpa al morenista Mirón.

La disculpa no resultó suficiente para que el de Morena ventilara en redes sociales el momento en que Garrido se le acercó a gritos.

LUCHA POR LA CABINA DE AUDIO

Muchas escenas de tensión se sucedieron al mismo tiempo dentro del recinto.

Una de ellas ocurrió en la cabina de audio.

Hasta ahí llegaron los diputados del PRD Jorge Gaviño, Gabriela Quiroga y Víctor Hugo Lobo.

Gaviño intentó desconectar los cables del equipo de audio para cortarle el micrófono a Temístocles Villanueva.

Desde su curul, en medio de los gritos y el desorden, Villanueva presentó el dictamen al Pleno, pues así lo marca el proceso legislativo.

Antes de que Gaviño lograra su propósito, la diputada del PT Circe Camacho alcanzó a llegar a la cabina.

Se interpuso entre el diputado del PRD y el tablero de control.

Ahí permaneció con los brazos extendidos para cubrir el equipo técnico.

Oficioso como sólo él y a pesar de que nadie pidió su ayuda, el morenista Gerardo Villanueva también quiso intervenir para ayudar a Circe Camacho y evitar que los perredistas se apoderaran de la cabina.

El problema es que Gerardo Villanueva llegó aventando a la perredista Quiroga y eso provocó la reacción enardecida de algunos panistas.

Desde el Pleno Ricardo Rubio le gritaba a Villanueva: “¡No la toques, Gerardo. No la toques!”.

MOCIÓN INFINITA

El desorden desbordó la sesión.

Para hacerse escuchar, los panistas llevaron su propio micrófono y bocina.

En medio de gritos y el tumulto exigían a Díaz Polanco que decretara un receso, pero él no lo hizo.

Sin inmutarse, el presidente de la Mesa anunció que había un voto particular del panista Diego Garrido.

En 10 minutos, el del PAN leyó su voto particular.

Lo que vino después fue una estrategia que dilató el debate por horas y que hasta la publicación de esta nota no concluía.

El presidente de la Mesa notificó sobre una moción suspensiva que presentó el diputado del PAN Ricardo Rubio.

Por Reglamento, la secretaria de la Mesa debe dar lectura completa a cada moción que se presente.

El problema es que esta moción de Ricardo Rubio es un documento de 465 páginas.

A las 15:50 horas de la tarde del jueves 26 de mayo, la secretaria de la Mesa y diputada morenista Marcela Fuentes, inició la lectura de la moción.

A las 9:50 pm, seis horas después, ya se habían leído 234 páginas, es decir apenas la mitad.

La estrategia dilatoria del PAN incluía alargar la discusión con la presentación de reservas de todo el dictamen.

Los panistas inscribieron 40 reservas. A ellas deberían sumarse otras tantas de PRI y el PRD.

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