¿Quién está pagando la campaña anticipada en la CDMX?

La Ciudad de México ya no parece una capital en periodo de gobierno, sino una ciudad en campaña permanente.

Basta recorrer avenidas, mirar bardas o subir al transporte público para entender que la ley electoral capitalina se convirtió en una ficción decorativa y el árbitro electoral desapreció.

Los diputados locales ya no legislan únicamente: ahora también compiten abiertamente por posicionarse, bajo la tranquilidad de saber que no existe autoridad capaz de frenarlos.

O peor aún: que nadie quiere hacerlo.

El caso más visible es el del Partido Verde y su estrategia alrededor de Jesús “Chucho” Sesma.

Espectaculares, narrativa digital, propaganda permanente y una campaña disfrazada de posicionamiento ciudadano bajo el lema “Ver de Verdad”.

La ciudad entera parece funcionar como antesala electoral de una candidatura que formalmente todavía no existe.

Pero el fenómeno ya rebasó al Verde.

En Tlalpan, por ejemplo, aparecen camiones tapizados con la imagen de Pedro Haces junior promoviendo un libro autobiográfico.

IMG_5294

Una vieja técnica de simulación política: usar publicaciones, informes o supuestos ejercicios editoriales para instalar nombre, rostro y narrativa sin asumir abiertamente que se trata de promoción anticipada.

La maniobra no es nueva.
Lo novedoso es la absoluta normalización de la impunidad.

Es decir, el mensaje de fondo parece claro: las reglas dejaron de importar.

Y no es casual.

Buena parte de la clase política aprendió algo en 2024: se pueden tensar, romper o reinterpretar los límites electorales sin enfrentar consecuencias reales.

Morena abrió ese camino con la promoción adelantada de sus aspirantes presidenciales durante meses y el sistema electoral terminó administrando las violaciones en lugar de frenarlas.

Ese precedente cambió todo. Hoy diputados locales, aliados y grupos internos entienden que la lógica ya no es respetar tiempos, sino ocupar primero el espacio público y después discutir si hubo ilegalidad.

La política dejó de preguntarse “¿se puede?”.
Ahora pregunta: “¿quién me va a castigar?”.

Y ahí aparece el verdadero problema institucional, debido a que el Instituto Electoral de la Ciudad de México luce cada vez más reducido a una función ornamental.

Observa espectaculares, bardas y campañas permanentes mientras la competencia rumbo a 2027 avanza informalmente frente a todos.

En cualquier Estado de Derecho serio, esto sería gravísimo.

No solo por la evidente promoción personalizada, sino porque inevitablemente surge una pregunta mucho más delicada: ¿de dónde sale el dinero?

Porque una cosa es construir posicionamiento político y otra muy distinta utilizar recursos públicos, estructuras legislativas o redes de financiamiento opacas para adelantar campañas.

Ahí está la frontera que realmente debería investigarse.

El filósofo político Norberto Bobbio advertía que la fortaleza de una democracia no depende solamente de tener leyes, sino de la capacidad real de hacerlas valer de manera pareja.

Ese principio parece haberse erosionado en la capital, ya que hoy la Ciudad de México vive una paradoja inquietante: todos saben que las campañas adelantadas existen, todos las ven… y al mismo tiempo el sistema actúa como si fueran invisibles.

Y mientras la ciudad se llena de rostros, slogans y propaganda disfrazada, la pregunta más incómoda sigue sin respuesta:

¿Quién paga realmente las bardas, los espectaculares y los camiones?

Lo anterior porque si el dinero privado financia campañas permanentes, hay inequidad.
Pero si detrás hay recursos públicos, entonces el problema ya no es electoral.

Es corrupción política anticipada.

NOCAUT.

Y mientras los políticos llenan la ciudad de propaganda y ajolotes morados, las lluvias volvieron a exhibir la fragilidad real de la capital.

Avenidas colapsadas, autos atrapados e inundaciones por toda la ciudad.

La postal es brutal.

Ayer, Clara Brugada hablaba de “ajolotizar” la CDMX como símbolo de identidad urbana.

Hoy pareciera que los capitalinos pasaron de ver ajolotes pintados en bardas… a vivir como ajolotes dentro de sus propios coches bajo el agua.

Ahí aparece el problema de fondo.

Una ciudad global no se construye solamente con símbolos, colores o campañas visuales. Se construye resolviendo drenaje, movilidad, infraestructura y resiliencia urbana.

De lo contrario, mientras el poder político pinta ajolotes para fabricar identidad, la ciudad real sigue hundiéndose bajo el agua.

Y quizá ahí está la tragedia de la capital: el gobierno quiere que la ciudad se vea pintoresca… mientras los ciudadanos apenas logran mantenerla habitable.

¡Abrazos, no periodicazos!

Luis Eduardo Velázquez
Luis Eduardo Velázquez
Soy licenciado en Periodismo por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y licenciado en Derecho por la UNAM, con estudios de Maestría en Ciencias Jurídicas por la Universidad Panamericana (UP) y estudios en Filosofía. Soy analista político especializado en asuntos electorales, legislativos, democracia, derecho a la información, libertad de expresión y derechos humanos.Soy director y fundador de Capital CDMX, medio desde el que impulso el periodismo político y de investigación enfocado en el poder público, la rendición de cuentas y la vida institucional de la Ciudad de México.En el ámbito académico, mi línea de investigación se centra en el sistema de Derechos Humanos, con énfasis en libertad de expresión, derecho a la información, democracia y Estados constitucionales, así como en la ciencia y filosofía del periodismo.Soy autor del libro Diágoras, el prudente, una obra que explora la reflexión política, filosófica y jurídica desde una perspectiva crítica sobre el poder, la prudencia y la condición humana.Me desempeño como secretario de la Asociación Periodismo Nación MX, dedicada al fortalecimiento del gremio periodístico, la reivindicación del periodismo mexicano y la construcción de un marco jurídico que proteja los derechos de las y los periodistas.Escribo la columna Contragolpe y participo como analista en El Heraldo Televisión y en el canal de YouTube CDMX TV. He sido reportero en los diarios Milenio y 24 Horas, así como en radio para Enfoque Noticias de NRM Comunicaciones. También he colaborado en revistas como Obras, Chilango y Forbes México.Además de mi labor periodística, soy amante de la buena letra: escribo poesía y desarrollo trabajo plástico en distintos formatos.

RELACIONADO

NEWSLETTER

Loading

MÁS RECIENTE

spot_img