Clara Brugada llega al primer informe de gobierno en una fase crítica.
La tragedia en el puente de La Concordia, con 30 muertos confirmados, supera incluso al colapso de la Línea 12 del Metro.
Y pese a sus intentos por deslindarse, la movilidad es su responsabilidad.
Los baches que prometió tapar siguen ahí. Pero ya no solo son hoyos en el pavimento, ahora son socavones. Hundimientos reales, físicos… y también políticos.
En lugar de soluciones, su gobierno ha pedido apoyo a los ciudadanos. ¿Pasar la charola para resolver la negligencia? No es solo impopular. Es inadmisible.
¿Dónde está la responsabilidad institucional?
En lo político, no hay liderazgo. Morena está dividido. El Congreso local está ausente. Y los alcaldes morenistas se han vuelto lastres más que aliados.
Mientras tanto, la ciudad se descompone.
El Metro se detiene. La inseguridad crece. Los homicidios no se investigan. Y la gente ya no espera que la ciudad mejore: solo que no empeore.
Clara Brugada llegó al poder con la promesa de un “segundo piso de la transformación”. Pero su gobierno ni siquiera ha logrado cimentar el primero.
En menos de un mes rendirá cuentas ante un Congreso que no le exige, pero una ciudadanía que sí observa.
¿Qué hacer?
Lo dijo Aristóteles: “El fin de la política es la felicidad de los ciudadanos”. No se puede gobernar desde el activismo ni con la nostalgia de la utopía.
Hay que recuperar el oficio político, asumir errores, convocar consensos y volver a mirar a la ciudadanía.
Porque sin resultados, no hay transformación. Y sin transformación, la capital de la izquierda se puede volver el símbolo de su derrota.
NOCAUT.
La Ciudad de México retrocede en materia de movilidad. Ahora los hechos de tránsito repuntan con consecuencias fatales para los capitalinos.
La cultura vial es uno de los grandes pendientes de la ciudad para un mejor futuro. Seguir dejándolo en manos de la autoridad sólo será seguir con la pérdida de vidas.



