Política del reconocimiento

El partido

Política del reconocimiento. Decía Voltaire que “la tolerancia es patrimonio de la humanidad”.

Para apropiarse de esta rica tradición de pensamiento es necesario repensar aquí y ahora, de cara a nuestra propia circunstancia y coyuntura histórica, los conceptos transmitidos y las actitudes que comportan.

En diferentes debates académicos, legislativos y políticos frecuentemente aparece que la tolerancia tiene un valor relativo en cuanto involucra la idea negativa de “soportar” algo o alguien, y que por lo tanto es preferible el respeto que involucra una consideración.

Aunque acompañada de cierta sumisión, en el trato hacia otra persona o cosa.

La distinción entre respeto y tolerancia es importante porque de ella deriva la comprensión de la modernidad y sus desafíos.

Permite enfrentar el problema de la “devaluación de las personas y grupos” en nuestras sociedades, para proponer el criterio de justicia que postula la necesidad de una organización social que permita a todos sus miembros interactuar como pares.

Política del reconocimiento

Se considera que el respeto es un valor y una cualidad positiva equivalente a tener aprecio y afinidad por otro.

Proyecta una dimensión moral de la vida asociada en cuanto representa una valoración sustentada en principios íntimos de la persona respecto a sus semejantes.

Es una derivación de la ética religiosa cuando Mateo el apóstol afirma:

“Trata a los demás como te gustaría ser tratado”.

Y se consolida como una virtud moral cuando se afirma que a los individuos se les debe respeto por el simple hecho de ser personas y seres racionales libres.

La comunidad moral se basa en la convención y el acuerdo implícito de promover la bondad hacia los demás con un sistema que involucra veneración y acatamiento.

Por el contrario, la tolerancia es la teoría y práctica del reconocimiento.

Es uno de los tres principios básicos del proyecto ilustrado de la modernidad, acompañando a la libertad y la igualdad.

La tolerancia representa el valor político de la convivencia humana fundado en una ética pública que concierne a todos.

Al alejarse de la moral, la tolerancia instaura una vida social articulada en los principios de la laicidad.

Lo hace al sostener que las personas se deben un reconocimiento recíproco.

Es así como la tolerancia aparece en las discusiones contemporáneas sobre libertad, justicia social y derechos de las minorías.

Concibe un orden social justo con dos condiciones:

Una objetiva, relacionada con la redistribución de los recursos materiales para garantizar a todos los actores independencia y voz.

Y otra subjetiva que se refiere a la institucionalización de los patrones culturales de igual reconocimiento que aseguren a todas las personas la misma posibilidad de lograr estima social.

La tolerancia 

La tolerancia se encuentra asentada en la necesidad de reconocimiento entre las personas que integran la sociedad entendida como un sistema de mutua cooperación.

La lucha por el reconocimiento representa el componente ético de los conflictos sociales y se encuentra presente en los debates de ética pública como una visión complementaria del concepto liberal clásico de justicia distributiva.

La tolerancia multicultural instaura un nuevo paradigma de comprensión de la organización social.

Mientras que la política del reconocimiento es el antídoto contra los patrones de exclusión y discriminación que aún persisten y que se encuentran en el reclamo de carácter reivindicatorio asociado a la identidad y a los derechos de los individuos como miembros de una colectividad.

El principio de la tolerancia se ha desarrollado con la conquista de las libertades en el mundo moderno.

Ella representa un ejercicio cotidiano concreto, intelectual y ético, en contra de sus enemigos seculares que son el fanatismo y el despotismo, dos hermanos gemelos engendrados por la intolerancia que es imposible combatir solo con el respeto.

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