País de espías

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Salvemos a Proceso

El viernes pasado, el subsecretario Alejandro Encinas sacudió las relaciones cívico-militares con el informe de la Comisión de la Verdad sobre Ayotzinapa.

Encinas fue directo: en 2014, el entonces comandante del 27 Batallón de Infantería del Ejército, coronel José Rodríguez Pérez, detuvo a seis normalistas y al cuarto día ordenó ejecutarlos obedeciendo órdenes de un cartel criminal.

Es inédito que un subsecretario respaldado por el presidente lance una acusación tan directa contra uno de los altos mandos del ejército y que otro general con orden de aprehensión, Alejandro Saavedra Hernández, estuviera en la terna para secretario de Defensa propuesto por el general Cienfuegos al actual presidente.  

¿Qué tanto sabían el general Cienfuegos y el expresidente Enrique Peña Nieto? Si conocían los hechos y guardaron silencio, forman parte de los perpetradores que cometieron un crimen de Estado.

La relación entre el presidente y los uniformados seguirá siendo intensa. Al drama le faltan actos.

En la mañanera del lunes 29 de agosto la incisiva Dalila Escobar, de Proceso, le explicó que los padres y madres de Ayotzinapa tenían la “sensación” de que pudiera haber intocables”.

Y mencionó al general Cienfuegos. El presidente respondió con otra filípica contra periodistas, pero terminó con un enigmático “espérense”.

Mientras esperamos abordo otra veta de las crónicas de Ayotzinapa: la constante aparición de agencias de espionaje extranjeras (la DEA) y mexicanas.

País de espías 

Un estudioso de los militares mexicanos y su relación con Estados Unidos, el profesor de la UNAM Raúl Benítez Manaut, me explica que los servicios de inteligencia de la Sedena giran en torno a “la Sección Segunda del Estado Mayor de la Sedena. Cada unidad del ejército tiene un grupo produciendo información para esa Sección. Estoy hablando de las 12 regiones militares, 48 zonas militares y todos los batallones y compañías”.

En los archivos está la evidencia sobre quienes cribaron y quienes leyeron la información sobre los cinco días de Iguala.

Juan Veledíaz es un periodista con buenos contactos castrenses.

Tanto, que ha escrito un par de libros sobre ese tema.

El 25 de agosto publicó una columna en El Sol de México (“El Coronel”).

Asegura que en Ayotzinapa operó el “Grupo de Análisis de Orden Interno (GAOI)” del ejército que tal vez tendrá sus 15 minutos de mañanera.

El objetivo de ese grupo era reunir información sobre “grupos subversivos”.

Por ello infiltraron a un soldado entre los normalistas de Ayotzinapa al cual, por cierto, dejaron abandonado.

Si la Sección Segunda sigue activa, deben explicarnos si entre sus actividades está la infiltración de grupos “subversivos” y, más importante todavía, si en esa categoría están los periodistas y diputados que el presidente de la república y el líder de Morena han calificado como “traidores a la patria”.

Tampoco sabemos lo que hacen otros servicios de inteligencia: los de la Marina, la Fiscalía General de la República, la Unidad de Inteligencia Financiera, el CNI, la policía científica y otros más.

Sin rastro de inteligencia 

Las comisiones del Congreso están encargadas de supervisar y controlar a las instituciones encargadas de producir inteligencia para la seguridad nacional.

Lamentablemente, es muy poco lo que hacen pese a la importancia de los temas aquí abordados.

La Ley de Seguridad Nacional creó una Comisión Bicamaral que, me comenta una de sus integrantes, es una instancia fantasmal.

Rara vez se reúne y no se sabe que hayan desarrollado algunas información seria sobre esos temas.

Nos guste o no, el peso de indagar sobre lo que pasa en este país de espías sigue recayendo sobre periodistas, académicos y organismos de la sociedad civil que estamos cazando información con la cual hacerle preguntas al ejecutivo y al legislativo.

Para hacer nuestro trabajo debemos tener acceso a información depositada en archivos.

Afortunadamente, existe el Instituto Nacional de Acceso a la Información (INAI) pero es absurdo que el ejecutivo siga produciendo informes sin supervisión.

Para que un gobierno funcione requiere de buena inteligencia.

Para que la democracia funcione la ciudadanía necesita información de calidad como la que siguen procesando en la Comisión de la Verdad sobre Ayotzinapa.


Colaboró Dulce Alicia Torres Hernández

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