La hipocresía de Morena

Ciudad de México.- Mario Delgado, presidente nacional de Morena, evadió el reto que le lanzó el dirigente del PRI, Alejandro Moreno, para debatir. En términos boxísticos, el morenista escurrió el bulto.

Pero lo hizo colérico. “El debate que debes enfrentar @alitomorenoc es con tus bases, a las que traicionaste para ponerlas al servicio de la ultraderecha y de tus nuevos jefes: @MarkoCortes y @ClauidioXGG, con quienes compartes la desesperación por recuperar el régimen de complicidades y corrupción”.

Esa respuesta refleja el enojo y el miedo que a Delgado y a Morena les genera la alianza entre PAN, PRI y PRD. La ven como una amenaza a su mayoría en la Cámara de Diputados y a varias gubernaturas que sentían seguras.

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Delgado es un pendenciero. Avienta la piedra y esconde la mano. Pide a Moreno debatir con sus bases “a las que traicionaste”, pero de eso precisamente lo acusaron en Colima el viernes pasado.

Militantes de Morena, enojados con la imposición de Indira Vizcaíno como candidata de ese partido al gobierno de la entidad, aventaron huevos a Mario Delgado, quien tuvo que ser protegido con mantas y abordar rápidamente una camioneta. Le gritaron “corrupto” y “traidor”. 

Mario Delgado reclama al priista lo que no es capaz de hacer él en su propia casa. La militancia de Morena está inconforme con las y los candidatos que eligieron desde Palacio Nacional para contender por las 15 gubernaturas que estarán en juego en junio.

¿No es Mario Delgado quien debe una explicación por la decisión de designar candidato a Félix Salgado Macedonio, acusado de violación?

De eso, el presidente morenista no dice nada. Encubre al guerrerense porque hasta ahora la instrucción de Palacio Nacional –no se manda solo—es mantener la candidatura del senador con licencia.

La agenda de género no está en el proyecto de Morena. 

El presidente ignora las protestas de mujeres por la violencia en su contra; Morena festeja la despenalización del aborto en Argentina, pero su mayoría en el Congreso mexicano ni siquiera lo quiere discutir.

La hipocresía del partido en el poder y de su dirigente nacional, Mario Delgado, no tiene límites.

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