La escasez del agua y la insensatez

 

Ciudad de México.- Fue un boletín de prensa lapidario. Fechado el pasado 24 de enero, lo firmó el Vicepresidente de la Cámara de Diputados, el perredista Alejandro Ojeda, y lo tituló así: “Se colapsaría la Ciudad de México por corte de agua el próximo fin de semana”.

En el texto, este legislador advertía de un conflicto social durante estos días –que no ha ocurrido– en casi todas las delegaciones de la capital, de manera particular en Iztapalapa, y decía que no era exagerado pronosticar conatos de violencia por la disputa de las pipas entre los vecinos, derivado de desinformación entre los habitantes.

Por lo anterior, Ojeda hizo un “llamado enérgico” a la Comisión Nacional del Agua (Conagua) para reprogramar el mantenimiento del Sistema Cutzamala que se realizó este fin de semana.

Pero hubo más, el diputado federal se atrevió a decir que debido al cambio climático la escasez del vital líquido se ha registrado desde noviembre de 2015 y por ello ha disminuido el volumen de agua que se suministra a través de la red de agua potable.

Cierto, el agotamiento de las fuentes de abastecimiento en el Valle de México es evidente, como lo es el cinismo de políticos entre los que se encuentra Alejandro Ojeda, su esposa Aleida Alavez, el grupo político al que ambos han pertenecido por lustros (el bejaranismo) y la clase política de esta ciudad que se han hecho del poder lucrando y amagando con la necesidad de la población.

Alejandro Ojeda hace una apología del caos social y de la violencia entre vecinos, cuando él, su camarilla y las otras pandillas que dicen gobernar la capital del país están acabando con la principal fuente de abastecimiento de agua de esta ciudad: las zonas de conservación ecológica que sirven para la recarga de los mantos acuíferos.

Y son ellos los culpables del desabasto de agua, porque son los principales culpables de depredar esa zona de reserva ecológica, de permitir que sus huestes invadan las áreas donde el agua se filtra, de propiciar el lucro en el suelo de conservación y no actuar para impedir el constante crecimiento de la mancha urbana. Desgraciadamente no detendrán la depredación porque les genera votos y clientela política.

De acuerdo con el estudio Manejo de Demanda de Agua Subterránea para el Acuífero de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, elaborado por el Organismo Cuenca de Aguas del Valle de México, dependiente de la Conagua,  a la Ciudad de México se le abastece con 35.2 metros cúbicos de líquido por segundo.

De esa cantidad de agua, 49.3 por ciento se extrae de los mantos acuíferos que se encuentran en el Valle de México; 28.3 por ciento llega del Sistema Cutzamala; 12 por ciento del Sistema Lerma y un 8.4% de los manantiales localizados en el surponiente de la capital. Existe un déficit de abasto de agua para la ciudad de tres metros cúbicos por segundo y de manera recurrente se suministra agua por tandeo a un millón de habitantes.

De lo anterior destaca que casi la mitad del agua consumida por los capitalinos proviene del subsuelo; es decir, se trata del líquido que logra filtrarse a los mantos acuíferos durante la temporada de lluvia.

Las zonas de mayor filtración están hoy en el sur y el poniente de la capital del país, pero quedan algunas (muy pocas) en la Sierra de Santa Catarina, en los límites entre Iztapalapa y Tláhuac, así como en la Sierra de Guadalupe, en el norte de la ciudad.

Son 88 mil 500 hectáreas de suelo de conservación, un 59.5 por cierto del territorio de la Ciudad de México, donde se genera la recarga de los mantos acuíferos.

Tan sólo el área de recarga del Ajusco, del corredor Chichinautzin y de la Sierra de Guadalupe tienen en conjunto una extensión de mil 825 kilómetros cuadrados, pero es ahí donde los partidos políticos, sus líderes y sus diputados permiten el crecimiento cínico y rapaz de la mancha urbana.

El Ajusco está siendo devorado por los asentamientos humanos, a tal grado que las casas ya comienzan a aparecer a las faldas de la montaña, en el tramo de la Carretera Picacho-Ajusco conocido como la Y. Ahí, en la parte alta de esa carretera ya no sólo hay nuevas colonias, han surgido gaseras, talleres mecánicos y hasta salones de fiestas clandestinos.

Algo similar ocurrió hace unos 25 años en la Sierra de Santa Catarina en Iztapalapa de donde, por cierto, es Alejandro Ojeda. La mancha urbana devoró esa zona de la ciudad a un ritmo imparable, y los políticos como él sólo se dedicaron a lanzar discursos pero a propiciar la devastación.

No se equivoque ni mienta diputado Alejandro Ojeda, el desabasto de agua en la ciudad no es consecuencia del cambio climático, es culpa de políticos irresponsables que como usted atizan de manera insensata los conflictos sociales.

@negroenelarroz

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