La consulta sobre el NAIM

Ciudad de México.- El hasta hoy subsistente debate sobre el Nuevo Aeropuerto Internacional de México gravitó, esencialmente, en torno del quién y del cómo fue llevada a cabo la consulta celebrada del 25 al 28 de este mes.         

En efecto, como es del dominio público, la crítica respecto del quién, fue dirigida al convocante de tal ejercicio participativo, entre otras cuestiones, por no tratarse de una autoridad en funciones.

La objeción referente al cómo, se centró en el hecho de que la misma no fue organizada, administrada, ni ejecutada conforme al mecanismo que establece la Constitución Federal y la ley general de la materia. 

Ambos aspectos, sin ser los únicos, se volvieron materia recurrente del debate político y público, y llegaron a ser parte de los focos centrales de la polarización de las opiniones.

En la contienda argumental, a menudo, se pasó de lado la sustancia del conflicto. 

Me refiero a la fuerza social encarnada en grupos de interés o de presión contradictorios que visualizaban de modo distinto sobre el punto a decidir: continuar o cancelar la construcción del NAIM.

Al respecto, es importante recordar que el origen del tema en disputa es anterior a la idea de poner en marcha la consulta ciudadana. Se remonta a octubre del año 2001 cuando habitantes del Pueblo de San Salvador Atenco, Estado de México, se opusieron al anuncio de la construcción de la terminal aérea.

Ello impone admitir que la médula de la jornada consultiva no provino de quien la puso en marcha, dado que la fuente real de ella fue la lucha, entre quienes argumentaban por mutar la naturaleza, el uso y el destino de un territorio y quienes se oponían a esa transformación que les afectaría de forma directa o indirecta. 

Igual de cierto es que ambos polos tuvieron la oportunidad inédita de no sólo rivalizar, sino de alcanzar el predominio mediante un ejercicio participativo. Su resultado se dio a conocer el domingo.

Se optó por una de las dos posiciones del sentir social. La cual, en lo que a esta colaboración interesa, permitirá cuando menos:

• Conservar y revitalizar un ecosistema que incluso reporta un gran valor para la Ciudad de México por servirle como vaso regulador, y

• Reivindicar los diversos intereses legítimos de los pueblos originarios de la zona en que se construía la mencionada terminal aérea.

Otro renglón es el de las esferas económica y contractual correlativas a la cancelación de las obras del NAIM en Texcoco, dado que son materias que las autoridades federales deberán atender. Es preclaro que no puede haber una consulta ciudadana que dirima tales aspectos. 

Bajo tal contexto hoy día es obligado admitir que:

• Las posiciones y disputas políticas e ideológicas tuvieron y mantienen sus respectivos espacios. 

• Prevalece la pluralidad que es propia de toda democracia. 

• El mencionado ejercicio consultivo está inscrito en la historia de nuestro país. 

Finalmente, la opinión libre de las y los ciudadanos que prevaleció en la consulta del NAIM no puede calificarse como errónea, si antes reflexionamos que se significó en un indulto para un ecosistema valioso que estaba condenado a morir.

¡Vivan El Lago de Texcoco, los pueblos originarios y el futuro de la Ciudad de México!

RELACIONADO

NEWSLETTER

Loading

MÁS RECIENTE

spot_img