Ciudad de México.- Una decena de jóvenes encapuchados salen de Ciudad Universitaria y atacan la primera unidad del Metrobús que encuentran a su paso.
A unos metros, en las Islas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se reúnen cientos de universitarios y profesores para externar su apoyo a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que fueron reprimidos por al Policía Federal en Nochixtlán, Oaxaca.
La ilusión del jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, de tener la Ciudad de México en paz, se desvanece. En Insurgentes Sur, a la altura de Rectoría, los ciudadanos desfilan descontrolados. Es un día normal, a las 16 horas y no hay Metrobús, sino barricadas con llamas encendidas por los encapuchados.
Acercarse a un paradero de camión es un peligro real, los jóvenes enardecidos agreden a quien tienen a su alcance. Más de 200 granaderos, aguardan el lugar, pero no intervienen. Es una ciudad anárquica.
Los muros de contensión de Insurgentes son rayados do aerosol. Las consignas son contra el gobierno de Enrique Peña Nieto y en apoyo a la CNTE.
La gente camina perpleja por los actos delictivos de los encapuchados. La policial se mantiene al acecho.
Una hora después de los disturbios, los anarcos se retiran hacia el auditorio “Che Guevara” en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
La gente que vuelve a su hogar, avanza sobre los pedazos de señalamientos, vidrios y botes de basura incendiados.
Tras de los disturbios, frente a la Biblioteca Central de CU sigue la asamblea y se reabre la circulación. Ha sido un día más de furia en la UNAM, tres horas de tensión, de disturbios e impunidad. No hay detenidos, sólo unos rastros del vandalismo que se hace presente cada que el gobierno de Peña Nieto enfrenta sus causas.


