AMLO ¿un peligro para el PRD?

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Luis Eduardo Velázquez Director del diario y semanario digital Capital CDMX

Ciudad de México.- La noche del domingo 7 de junio, Andrés Manuel López Obrador ya era un peligro para el PRD.

De la mano de René Bejarano y René Arce, en 1999, López Obrador llegó a la Ciudad de México para gobernarla aún sin tener arraigo ni la dimensión de que se convertiría en el corazón de la izquierda tras la alternancia de 2000.

Los perredistas le enseñaron el camino para doblegar al Instituto Electoral del Distrito Federal. Sin contar con credencial de elector en la capital de México, el tabasqueño se metió a la boleta electoral y ganó en la urnas de una ciudad.

Desde el Antiguo Palacio de Ayuntamiento, López Obrador sedujo a los capitalinos con su imagen desenfadada, su tono pausado al hablar e hizo suyos a los adultos mayores con la pensión alimentaria.

Con el poder Presidencial su discurso fue implacable, el que caracterizó a la izquierda en los últimos 12 años. La capital del país se volvió el corazón de la izquierda y por ende la zona de tensión con los gobiernos de derecha.

Vinieron los tiempos adversos con los videoescándalos de Bejarano y el desafuero orquestado por el Presidente Vicente Fox. Lejos de debilitarlo su imagen fue la de un mártir.

Su carisma lo hizo candidato natural a la Presidencia en 2006. «Un peligro para México», a decir de la clase empresarial. Al perder una elección que creía ganada consideró al PRD, traidor. Con la derrota creció su arraigo en el DF pese a su plantón avalado por el ex jefe de Gobierno Marcelo Ebrard y la pugna interna de las corrientes contra su liderazgo.

La liga con Nueva Izquierda, desde entonces dirigentes del PRD, se tensó y López Obrador dio sus primeros pasos para alimentar otras fuerzas de izquierda como el Partido del Trabajo y el Movimiento Ciudadano.

El puntillazo

En 2009, López Obrador prometió no tocar al perredismo en la ciudad. Su única apuesta fue Clara Brugada en Iztapalapa, quien ganó la interna frente a Silvia Oliva, esposa de Arce, pero un fallo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación la dejó fuera y con ese pretexto el tabasqueño entró de gira a la cuidad en los últimos 15 días de la campaña para apuntalar al candidato del PT en Iztapalapa, Rafael Acosta «Juanito», y con él dio el puntillazo a Arce, quien fue primera fuerza en la ciudad durante nueve años.

El PT aprovechó la imagen de López Obrador en varias delegaciones y creció, por primera vez, a 10 por ciento su votación. Desde ahí fue un aliado inseparable del PRD.

El peje

Andrés Manuel López Obrador, conocido popularmente como El Peje, animal característico de su natal Tabasco, se alejó de la Ciudad de México en el gobierno de Marcelo Ebrard. Sólo volvió en 2011 para arrebatarle la candidatura presidencial del PRD y doblegar por segunda vez a Nueva Izquierda.

El 15 de noviembre de 2011, Ebrard aceptó el juego a cambio del control de la ciudad que puso en manos de Miguel Ángel Mancera. “Como Ulises, el de la Odisea, no se dejó cautivar por el canto de las sirenas, se puso cera en los oídos para continuar en el camino», dijo Obrador a Ebrard con la promesa de juntos construir una república amorosa.

La segunda derrota en 2012, ahora ante el priista Enrique Peña Nieto, obligó al tabasqueño a iniciar su éxodo al Movimiento de Regeneración Nacional, que sería más tarde el partido Morena.

En septiembre de 2012, López Obrador, quien ya avanzaba con un pie fuera del PRD, renunció al partido. «Estamos a mano y en paz», dijo en un abarrotado zócalo capitalino.

Ese día puso al partido que lo impulsó en el casillero de «la mafia del poder». Morena se convirtió en el principal adversario del PRD.

El enemigo

En la adversidad, López Obrador, un hombre que crece en el pleito, fue a la carga para crear Morena. Los cimientos del partido se crearon en la ciudad que gobernó de 2000 a 2005, con liderazgos de la ciudad como Martí Batres, actual líder nacional de Morena, y el apoyo de los liderazgos del equipo de Bejarano y Nueva Izquierda en el DF.

Al arranque del proceso electoral de 2015, Obrador volvió a las calles. Desde el primer día de campaña, el tabasqueño mostró los dientes al jefe de Gobierno e hizo lo que mejor sabe hacer: provocó al PRD y los llevó a un pleito en el que con cada golpe fue creciendo hasta empatarlos el 7 de junio.

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