El número de niños y niñas migrantes que viajan solos a través México ha aumentado considerablemente en los últimos años, al pasar de 69 mil 500 en 2019 a más de 137 mil en 2023.
Esto debido al aumento de la violencia, la pobreza y los desplazamientos relacionados con el cambio climático.
Gran parte de la niñez, especialmente las niñas, son víctimas de violencia sexual y de género, explotación y otros peligros mientras viaja sin acompañamiento en busca de seguridad.
ESTUDIO
La información forma parte del nuevo estudio de Plan International y Save the Children en México.
La investigación está basada en 155 entrevistas con niñas, niños y adolescentes migrantes y las personas responsables de su cuidado en tres de las principales ciudades fronterizas de México: Ciudad Juárez, Reynosa y Tijuana.
El documento revela que tras huir de la violencia en sus regiones de origen, se encontraban con albergues sobrepoblados, falta de acceso a la educación y sin acompañamiento en barrios inseguros, donde se enfrentaban a más peligros y se les seguían negando sus derechos.
Aunque muchos de los niños y niñas encuestados viajaron inicialmente con su familia o un ser querido, el viaje a menudo desembocó en una separación.
SIN ACOMPAÑAMIENTO
En Ciudad Juárez, casi dos de cada tres niños y niñas (63,5%) salieron de casa con un padre, madre o tutor, pero sólo un tercio llegó a México con alguien a su lado.
Esta separación hace que la niñez, especialmente las niñas, sea más vulnerable a la violencia, la explotación, la trata y el reclutamiento forzado por parte de grupos armados.
En Ciudad Juárez, las niñas y los niños entrevistados también describieron que se habían visto obligados a abandonar sus hogares para huir de la violencia, sólo para encontrarse con nuevas formas de peligro en refugios sobrepoblados y barrios inseguros.
EDUCACIÓN
La educación entre las personas migrantes en la frontera norte de México también se ha visto gravemente afectada.
Casi tres cuartas partes (70,3%) de las niñas y niños entrevistados asistían antes a la escuela, pero más de la mitad (58,1%) ya no lograron regresar a las aulas.
Barreras como las trabas administrativas, los riesgos de seguridad y la falta de educación formal en los centros de acogida son factores importantes.
Además, la discriminación y la xenofobia en las escuelas está empeorando la situación, según testimonios recogidos.
La investigación también evidenció un profundo desgaste emocional entre la niñez migrante, especialmente aquellos niños y niñas separados de sus padres y que cargan con un fuerte sentimiento de abandono.
Muchos no comprenden por qué sus familias ya no están con ellos y ellas, o por qué han pasado tanto tiempo en albergues sin contacto alguno.
Pese a esta realidad angustiante, el acceso a servicios de salud mental para la niñez migrante en estas tres ciudades es prácticamente inexistente.



