Monreal

Impunidad

La forma sigue siendo fondo. El viernes pasado, el excluido de la mesa palaciega, Ricardo Monreal, lanzó su precandidatura a la presidencia desde un ring de lucha libre.

En su presentación, Monreal jamás mencionó el nombre del presidente ni invocó a la Cuarta Transformación.

Pese a la omisión, el jefe del ejecutivo fue su interlocutor silencioso emulando, así, a Miguel Henríquez en 1952 o a Cuauhtémoc Cárdenas en 1988.

Mientras estos últimos invocaban a la Revolución Mexicana, el zacatecano se presentó como el político que defiende la “esencia original de Morena” añadiendo la muletilla de que “nosotros no nos hemos alejado de ella” para distinguirse, obvio, de López Obrador.  

La tesis central es una condena a quien ha dividido innecesariamente a México.

Monreal considera que la polarización —concepto mencionado en doce ocasiones— está envenenando al país.

Es severo en su opinión sobre la gestión del actual presidente. Sólo le reconoce los “apoyos sociales” y, por supuesto, la “pensión a personas adultas mayores” que promete preservar.

Su principal oferta es la reconciliación a través de “un seguro de desempleo”, “piso parejo”, “igualdad” para las mujeres, respeto para los “pueblos indígenas y los afromexicanos, la comunidad LGBTTTIQ+, las personas con discapacidad y aquellas con retos de salud mental”.

Monreal

Esto se logrará “eliminando la pobreza por medio del empleo y oportunidades reales” a través de “más inversión y colaboración” y de “retomar con firmeza la promoción de México” para atraer turismo.

Son también reveladores sus guiños a las clases medias y a los votantes desencantados por el candidato que prometió concordia y el presidente que sembró discordia.

El senador jamás habla del pueblo, ni zarandea retóricamente a neoliberales y conservadores.

Él se dirige a sus compañeros de Morena y a la ciudadanía.

La contundencia del diagnóstico se diluye a la hora de las propuestas.

Por ejemplo, se refirió a la polarización durante 9 minutos con 20 segundos y dedicó a la inseguridad un mísero minuto con once segundos.

Aprovechó el tiempo para lanzar tres certeros latigazos: “la estrategia actual de seguridad debe revisarse”, se tiene que “desmilitarizar a nuestro país” y que combatirá con “firmeza la impunidad vergonzosa y la corrupción destructiva”.

Demasiado general, excesivamente vago.

Promesas sin resultados

En algún momento él y los otros aspirantes de Morena tendrán que ser muchísimo más explícitos sobre cómo enfrentarán a los criminales, cómo tratarán con los militares empoderados y cómo negociarán con la potencia vecina.

En materia de seguridad nos saturan de promesas cuando esperamos resultados.

Monreal ha despertado pocas reacciones entre las élites políticas, los medios de comunicación o la ciudadanía.

El principal interpelado, el presidente, optó por el mutismo y en las mañaneras de lunes y martes guardó silencio sobre el tema.

La cautela viene de que Monreal sigue siendo presidente de la importante Junta de Coordinación Política del Senado.

López Obrador sabe que si lo ataca lo engrandece, pero si lo ignora se arriesga a que haga fracasar sus proyectos estratégicos.

Monreal tendrá que mantener la ofensiva y decidir la velocidad con la que se desplace al bando de los rudos.

Un trayecto inevitable porque en las encuestas de intención del voto aparece en cuarto lugar, pues el presidente y sus leales parecen haber optado ya por Claudia Sheinbaum o por Marcelo Ebrard.

Si Monreal aspira a captar el voto de los 13 millones de ciudadanos moderados que apoyaron a López Obrador deberá satisfacer de alguna manera el revanchismo que anida en el corazón de muchos de ellos.

Para convertirlos en sus seguidores tendrá que enjuiciar con mayor claridad al gruñón de las mañaneras que ha sido su líder durante 25 años.

Con todas sus insuficiencias, el discurso de Monreal tiene muchísima más sustancia que las generalidades lanzadas por los otros tres aspirantes de Morena, más preocupados con complacer al señor presidente que en hablarle a la ciudadanía.

Se inicia el último tercio del agitado gobierno de Andrés Manuel López Obrador y Monreal abre formalmente esta temporada con un mensaje claridoso pero cauto que añade otro flanco al presidente.

Con su discurso se acomodan los campos de la batalla por la presidencia de 2024.


Colaboró Roberto Roldán Vargas.

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