Limpieza étnica

¿Socialdemocracia o liberalsocialismo?

A pesar de la breve tregua entre Israel y Palestina para intercambiar prisioneros, actualmente la guerra se reafirma como la vía maestra para la solución de las controversias.

50 días de feroces bombardeos israelíes sobre la Franja de Gaza han dejado más de 13 mil civiles muertos, un número indeterminado de heridos principalmente niños y mujeres, han destruido toda su infraestructura incluidos hospitales, escuelas y centros religiosos, cancelaron el suministro de agua y electricidad, y han provocado que 1.7 millones de personas de los 2.3 millones que allí habitan se hayan convertido en desplazados forzados.

Incluso el titular de la ONU afirmó: “el número de civiles asesinados en Gaza no tiene paralelo, ni antecedentes”.

Israel está violentando las leyes humanitarias internacionales y abusando de su derecho a defenderse.

Artistas e intelectuales, además de todos quienes han pedido un cese al fuego –como el Presidente del Gobierno Español- han sido tachados de antisemitas.

La masacre en curso ha radicalizado la cultura de la “deshumanización del otro”. Las limpiezas étnicas forman parte del espíritu de nuestros tiempos.

La Doctrina Netanyahu para la aniquilación de los palestinos, se basa en políticas que resaltan la etnicidad del adversario para deshumanizarlo. Este proceso de “deshumanización del enemigo” es central en la propaganda israelí en relación con los habitantes de Palestina.

Con ello han intentado justificar el ataque indiscriminado contra civiles en la Franja de Gaza, quienes son considerados globalmente por el sionismo como terroristas.

El ministro de defensa israelí, Aluf Yoav Gallant, define a los palestinos como animales, como seres cuya vida vale muy poco.

Con estas palabras el representante del “Estado-nación de los hebreos”, ilustra las políticas de genocidio que se llevan a cabo en Medio Oriente.

El gobierno de Israel parece olvidar que hasta hace relativamente pocos decenios, a manos de los nazis, fueron precisamente los judíos quienes eran considerados animales humanos, lo cual resultó muy eficaz en el proceso de deshumanización sobre base étnica que se les aplicó para justificar la “banalidad del mal” durante el Holocausto.

La limpieza étnica homicida es un problema central de nuestra civilización, de nuestra modernidad y de nuestros conceptos de progreso.

Representa el lado oscuro de nuestras sociedades. Dado que los perpetradores de la limpieza étnica fueron creados por los conflictos cruciales de la modernidad, ésta proviene de nuestra cultura y de personas que en la mayor parte de los casos no son diversos de nosotros mismos.

Hoy sabemos que el Holocausto de los hebreos –a pesar de ser único desde muchos puntos de vista- no es único como caso de genocidio y que se entra en la zona de peligro de la limpieza étnica cuando movimientos antagónicos reivindican el derecho a un propio Estado en el mismo territorio.

La soberanía ejercida en el nombre del pueblo, tiene en sí misma fuertes posibilidades discriminatorias porque permite al Estado excluir a enteros grupos sociales de la comunidad política.

El descenso hacia las masacres cada vez más violentas de estos grupos, acontece cuando el patriotismo popular toma el color del nacionalismo étnico.

Aquellos que son excluidos de la ciudadanía pueden ser declarados “no personas” y, por lo tanto, se hacen posibles las discriminaciones arbitrarias, persecuciones, deportaciones, violencias y asesinatos.

Mientras que durante la Primera Guerra Mundial las víctimas civiles representaron menos del 10% de los caídos, la cifra rebasó el 50% en la Segunda Guerra Mundial, y se elevó a más del 80% tan solo con las guerras que se combatieron en la década de 1990.

En el siglo XX las víctimas de los conflictos étnicos fueron más de 70 millones, mucho más que durante los dos siglos precedentes, pero en el actual siglo XXI podría ser todavía peor.

 

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