La violencia en la Sierra Tarahumara

Pobladoras de la Sierra Tarahumara
Foto: Lorenzo Gutiérrez

Dos sacerdotes y un guía turístico: la región Tarahumara ha permanecido por años bajo el yugo del Cártel de Sinaloa, sin embargo, fue hasta esta semana que el mundo supo sobre las injusticias que viven los moradores de la zona.

El año pasado, como parte de su estrategia para combatir los estragos producto del crimen organizado en Chihuahua, el presidente Andrés Manuel López Obrador dejó a manos de los militares la seguridad del estado. 

Según el periódico La Verdad, esto significó la llegada de más de 8,000 militares a la región. 

Sin embargo, los esfuerzos por parte del mandatario para combatir la inseguridad debido a las organizaciones delictivas en Chihuahua no han sido suficientes.  

La incidencia delictiva dentro del estado se mantiene de forma preocupante, posicionándose como la cuarta entidad con más homicidios dolosos en todo el país. 

¿Por qué en Cerocahui? 

Fueron varios aspectos lo cuales propiciaron el desate de la violencia dentro de la demarcación. 

Cerocahui es una región aislada dentro de la sierra y, por lo tanto, carente de fuerzas federales que protejan a la comunidad. 

Todo comenzó con el ya conocido 2006, año en el que se propuso una guerra entre el Estado y el narcotráfico, orquestada por el entonces presidente, Felipe Calderón. 

Posteriormente, el clima continuó favoreciendo la oleada con el gobierno de Enrique Peña Nieto. 

Actualmente, la situación se agravó por las acciones contrarias. 

El abandono por parte del gobierno de López Obrador ha causado que las organizaciones desarrolladas en los sexenios anteriores se posicionen fuertemente ante el desamparo de la sierra. 

Los moradores aseguran que el municipio no cuenta con vigilancia por parte del Estado, ni con miembros del Ejercito o de la Guardia Nacional, según el periodista Raymundo Riva Palacios.

Por lo tanto, la seguridad recae en la policía municipal, quienes no cuentan con la capacidad de contener ni enfrentar al crimen organizado. 

La inseguridad dentro de la región empeoró a partir de 2016, cuando se abandonó el combate contra el crimen organizado durante el gobierno de Javier Corral. 

Dos años después, las organizaciones se habían apoderado de 20 municipios, propiciando un incremento en asesinatos, secuestros, desapariciones y desplazamientos forzados. 

En 2018, la Consultoría Técnica Comunitaria publicó un informe que aseguró que casi 300 mil habitantes vivían asolados debido a las células delictivas.

Colonizados por el Cartel de Sinaloa 

El Cartel de Sinaloa reina dentro de la región Tarahumara desde hace varios años.  

El periodista Luis Chaparro dijo que el “El Chueco”, líder del Cártel, no puede ser mencionado en la región. 

Los pobladores viven con una suerte de paranoia colectiva constante en la que deben cuidar sus palabras por miedo a sufrir consecuencias. 

“Creen que siempre hay alguien escuchando y puede que tengan razón”, escribió en su cuenta de Twitter. 

Además, en los últimos años, diversos grupos delictivos rivales de la organización han comenzado una serie de disputas por el territorio para controlar el Triángulo Dorado. 

En medio de estas, las víctimas resultan ser la población que especta indefensa: los tarahumaras. 

La disputa del territorio se debe a sus importantes canales para el tráfico de drogas y la tala clandestina. 

Esta última, es también un fenómeno que comienza a reflejarse en la zona. 

Según Riva Palacios, “la Fiscalía General de Chihuahua estima la devastación forestal en la región tarahumara en 170 kilómetros cuadrados”. 

Dos sacerdotes y un guía turístico: tres asesinatos y cuatro desapariciones bastaron para que el gobierno mexicano, motivado por la indignación social, propusiera tomar acciones para proteger a una comunidad que se mantuvo por años olvidada. 

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