“¡Fuera gringos!”, gritaron, y comenzaron los destrozos

“¡Fuera gringos! ¡A la verga gringos!”, corearon hoy cientos de jóvenes por calles de las colonias Condesa, Hipódromo, Roma y Cuauhtémoc, reivindicando para sí el territorio más gentrificado de la Ciudad . 

Pero no solo fue una consigna, fue como un grito de guerra con el que comenzaron los destrozos a negocios y las agresiones a todo hombre o mujer por el solo hecho de ser güero.

“¡Soy mexicana; fíjate bien pendeja!”, les respondió una señora a quien insultaron y aventaron agua a su paso por la calle de Orizaba, poco antes de llegar a la Plaza Río de Janeiro. El pecado de ella: ser rubia.

La Policía no intervino para impedir el vandalismo; solo se dedicó a hacer cierre de calles durante el avance del contingente desde el Parque México en la Hipódromo y hasta su llegada a Paseo de la Reforma.

Los granaderos, con casco, escudos y cilindros extintores, hicieron su aparición hasta que la marcha se acercó a la sede de la Embajada de Estados Unidos en Reforma y ahí los uniformados se desplegaron retadores para formar una valla.

Pero el contingente se siguió de largo hacia el Ángel de la Independencia enjundioso con sus consignas anti yanquis.

Los granaderos reaccionaron rápido y entre el mismo contingente juvenil se abrieron paso, algunos con empujones, para llegar a la parte superior de las escalinatas de la Glorieta, ahí donde empieza propiamente la columna del Ángel.

Para entonces la Policía llegaba demasiado tarde a una movilización que muy pronto se tergiversó y olvidó el motivo principal de la protesta: acusar pacíficamente la gentrificación que se vive en estas colonias de la Ciudad.

Convocada por redes sociales a manera de mitin en el Foro Lindbergh del Parque México, la protesta inició a las 16:00 horas con discursos en contra de los desarrollos inmobiliarios y el lucro que generan plataformas como Airbnb.

Pero curiosamente no hablaban vecinos de las colonias afectadas, sino jóvenes que llegaron movidos por esa convocatoria lanzada en redes.

Se trataba de la Primera Protesta Antigentrificación convocada por un colectivo denominado Frente por el Arraigo y Inclusión Vecinal, a fin de generar un espacio de diálogo y crear comunidad.

No obstante, pronto empezaron las expresiones a favor de palestina y contra el imperialismo yanqui, cada vez más subidas de tono, con palabras altisonantes e insultos. 

Había cartulinas en las que se leían consignas de odio como “Haz barrio, mata un gringo” o donde sobresalían imágenes de Francisco Villa y Emiliano Zapata con frases de inglés y español mezclado pero cargadas de cierta verdad, como “I want you out of my Barrio. Your way of life is killing our community”.

Un joven, por ser güero, tuvo que huir del lugar custodiado por policías, pero ni así se salvó de uno que otro golpe, jaloneo e insultos.

A partir de ese momento todo se trastocó, porque una parte del contingente que estaba en el Foro Lindbergh se trasladó hacia la Avenida Nuevo León y realizó un bloqueo.

Jóvenes encapuchados y vestidos de negro encendían latas de pintura en spray mientras comenzaban las consignas de “¡Fuera gringos!” y “¡No más despojos!”.

No duraron mucho rato sobre avenida Nuevo León, pues de ahí marcharon hacia Insurgentes por la calle de Sonora, mientras hacían pintas en fachadas de negocios y en vallas publicitarias.

La primera víctima del vandalismo, sobre la calle de Sonora, fue una  cafetería de una conocida cadena comercial. 

El contingente, encabezado por los encapuchados, aventó piedras y palos contra los cristales; hicieron volar las sillas, mesas y sombrillas, mientras lanzaban petardos.

Ya en Insurgentes caminaron en dirección norte, al tiempo que coreaban “¡El que no brinque es gringo!”.

Enardecidos, cargados de insultos y ofensas contra toda persona que tuviera el cabello rubio, doblaron sobre la avenida Álvaro Obregón, en el corazón de la colonia Roma y ahí la protesta se tornó aún más violenta.

Se abalanzaron sin miramientos contra una taquearía, en donde comían unas güeras y que apenas alcanzaron a levantarse de la mesa antes de que una ventana reventara frente a ellas.

De nuevo piedras y petardos. Una botella de cerveza terminó por romper la puerta de cristal, y de milagro sobrevivió el anunció neón de la taquería en donde se leía “El Califa”.

Resentimiento y odio se percibía en ambiente, motor suficiente para que cientos se precipitaran en turba contra sucursales bancarias y restaurantes en la avenida Álvaro Obregón, las calles de Orizaba y Puebla o la Plaza Río de Janeiro.

Ya con llovizna, la escena de destrozos se repetía insana sobre la calle de Niza y el vandalismo no paró hasta llegar a Paseo de la Reforma, donde entre el contingente salían voces exhortando a los demás: “¡Júntense, júntense!”.

El exhorto no era fortuito. Ya para entonces parecía tomar conciencia entre la masa la dimensión del destrozo y surgía el temor a los movimientos de la Policía.

Cada vez había más uniformados en torno a la marcha y los jóvenes que participan en ella caminaban por Paseo de la Reforma en dirección al poniente con el temor de ser encapsulados y luego detenidos.

No ocurrió. Los granaderos escoltaron al contingente hasta la entrada del Metro Chapultepec, en donde el subterráneo de los tragó y ya ahí, cobijados por las escalinatas y pasillos de la línea 1 huyeron hacia  sus propios destinos que, más pronto que tarde, serán alcanzados por la gentrificación.

Alberto Cuenca
Alberto Cuencahttp://cuenquita
Soy reportero del diario y semanario digital Capital CDMX. Fui reportero en diario El Universal y he colaborado en medios como la revista Forbes México, Ruido en la Red, el semanario El Influyente y el canal Capital 21.

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