El emblemático «Coloso de Santa Úrsula», ahora conocido como Estadio Banorte, vive una metamorfosis histórica.
Con un presupuesto estimado en más de 300 millones de dólares, las obras avanzan a paso firme para convertirlo en una sede de primer nivel de cara al Mundial 2026.
Se han reubicado los vestidores bajo las suites, se erige una nueva zona de palcos de “Hospitality” y se colocan modernos asientos LED con capacidad para alrededor de 90 000 espectadores, superando la capacidad actual de 83 264.
La cancha se encuentra en plena renovación, sin césped, mientras se erige la infraestructura técnica en gradas y pasillos.
El plan no solo abarca el interior. Coyoacán y el Gobierno de la CDMX ejecutan mejoras urbanas en el entorno: pintura de fachadas, bacheo, ciclovías, alumbrado y planeación vial para garantizar una experiencia de llegada fluida.
Además, los edificios emblemáticos de la capital lucen color verde FIFA en un despliegue simbólico hacia 2026.
La reapertura se espera el 28 de marzo de 2026, tres meses antes del partido inaugural del Mundial.
El recinto será renombrado temporalmente como «Estadio Ciudad de México» durante el torneo, conforme a normas de FIFA, aunque Banorte mantendrá los derechos como patrocinador.
¿Por qué es relevante para la CDMX? Es la primera sede histórica en recibir tres Copas del Mundo (1970, 1986 y 2026):
1. Reforzará la proyección internacional de la CDMX como metrópoli global.
2. Impulsará la reactivación económica local: turismo, comercio y empleo.
3. Mejorará infraestructura y movilidad en zonas aledañas a través de proyectos complementarios.
No obstante, persiste preocupación por el impacto en la vida cotidiana y el ritmo acelerado de los trabajos.
Vecinos reportan demoras en obras externas y piden mayor comunicación.
Con esta renovación, el Estadio Azteca entra en su capítulo más ambicioso, renovando su alma cada vez que late por el fútbol.


