Para Leticia Hernández, vecina de la colonia Roma Sur, plantar flores es una de las maneras de ayudar a la recuperación del parque “Ramón López Velarde”, hoy caído en el desdén y la dejadez de un gobierno capitalino que hace un año declaró a sus 8.1 hectáreas como Área de Valor Ambiental (AVA).
Al parque no le valió para nada ese decreto emitido el 5 de julio de 2024 por el entonces jefe de gobierno Martí Batres, como tampoco le ha valido estar ubicado en una de las zonas de mayor gentrificación de la Ciudad. La exclusividad de quienes pagan caro un estilo de vida no ha permeado por aquí.
En el lugar hay abandono, inseguridad y un desinterés de la autoridad, lo que se suma a la falta de presupuesto para atemperar el deterioro que, silencioso, consume a este bosque urbano.
Por eso Leticia Hernández está empeñada en plantar flores, porque ellas atraen insectos y sobre todo a los polinizadores, pero a su vez los insectos atraen aves y principalmente a las migratorias que antes se estacionaban en una fuente del tamaño de una cancha de futbol, hoy convertida en un socavón de basura y de charcos con lodo.

SIN AGUA NI FLORES
Hay un desequilibrio ecológico en este lugar, acusa doña Leticia, quien advierte que otro problema grave del parque es la falta de agua para riego de árboles y plantas, pues si bien hoy todo está verde, se debe a las intensas lluvias de la temporada.
No hay flores, ni agua, insiste la vecina, quien explica que el parque tiene un sistema de riego subterráneo pero no funciona desde hace cuatro años, bajo el argumento de que está lleno de fugas y fallas.
En 2010, recuerda, había 34 ahuehuetes en este parque, pero hoy solo quedan dos y ello es consecuencia del escaso riego pues esa especie de árbol requiere mucha agua.
Por eso, como parte del proceso de elección del Presupuesto Participativo que se votará este año, ella inscribió un proyecto para recuperar y restaurar la red de riego del parque y la zona de la fuente que está abandonada desde 2023.

Será la tercera vez que someta a elección ese proyecto, pues lamenta que en las ocasiones anteriores sus vecinos no votaron por él, ya que prefieren alumbrado público, reparar banquetas o poner cámaras de seguridad en otras zonas de la Roma Sur.
CONTRA CORRIENTE
Leticia Hernández, una adulta mayor, es la última que queda de una organización vecinal surgida en 1987 para defender y cuidar a este parque de un mal que ya se asomaba por la Ciudad: la depredación inmobiliaria.
Eran el Comité Pro Defensa del Parque Ramón López Velarde y bajo el liderazgo de su fundador Carlos Romero, ya fallecido, protestaron en su momento contra la construcción de la plaza Pabellón Cuauhtémoc en la esquina con la calle de Antonio M. Anza, pues el plan original era extender el centro comercial hacia la zona del parque, lo que estos vecinos lograron impedir.
Pero de aquella resistencia ciudadana solo quedan los recuerdos que narra Leticia Hernández, y el empeño de ella en mantener el ecosistema de este bosque urbano.
Sin embargo, su esmero parece ir a contra corriente, pues las flores que ella planta en el “Ramón López Velarde” son arrancadas por los pocos trabajadores de Parques y Jardines que laboran en el lugar o por los indigentes que abundan en el sitio.

Ella creó un grupo de WhatsApp para invitar a sus vecinos a hacer jornadas de limpieza y cuidado de este bosque urbano, pero nadie llega a la cita.
Así, sola, acudió a una de las asamblea en el llamado Zócalo Ciudadano que encabeza la jefa de gobierno Clara Brugada todos los martes en la Plaza de la Constitución.
Ahí acusó el olvido en el que está el parque y días después le mandaron a un biólogo de la Secretaría de Medio Ambiente (Sedema), quien verificó la situación de este bosque urbano, pero le dijo que no hay presupuesto para resolver las necesidades de esta Área de Valor Ambiental.
CABEZA DE SIMIO
Capital CDMX realizó un recorrido por el parque en compañía de doña Leticia, y la primera muestra de la degradación que padece el lugar fue la desaparición de un busto de bronce del poeta Ramón López Velarde que estaba colocado sobre una base de cantera rosa, justo a la salida de la estación del Metro Centro Médico.

“Era una estatua grande, como de dos metros de alto, pero cuando estaban las obras del Metrobús sobre avenida Cuauhtémoc alguien le arrojó pintura azul al busto. Quedó como pitufo.
“Con el pretexto de que iban a limpiarlo se lo llevaron, pero nunca lo regresaron, nadie supo dar razón de su destino y en su lugar algún chistoso puso esto que ve”, señala la vecina.
En vez del busto en bronce del poeta, sobre la base de cantera que está cubierta de grafiti hay la cabeza grotesca de un simio, mal esculpida y desgastada de la cara, de la que apenas se distinguen los ojos.
LA ALCALDÍA
Antes de la declaración del parque como Área de Valor Ambiental, la atención principal al parque le correspondía a la alcaldía Cuauhtémoc, pero fue justo con el gobierno de Sandra Cuevas que el sitio enfrentó uno de sus mayores deterioros.
En la administración de la polémica alcaldesa se inició un proyecto para remodelar la fuente, pero como muchas cosas que suele hacer cualquier autoridad ese plan no se concluyó y ni siquiera quedó a medias.
Hoy, en la fosa que delimita el espacio de la fuente crece yerba, hay basura y unos enormes hoyos y zanjas llenos de lodo y agua de lluvia.
Iban a ser las cisternas y el sistema de abasto de agua para la fuente, pero desde hace dos años la obra quedó abandonada.
La alcaldía en el gobierno de Sandra Cuevas también quitó un camino de tezontle granulado y tepetate en lo que eran los andadores del parque.
En su lugar puso caminos de concreto que, a decir de Leticia Hernández, no es un material adecuado para garantizar el equilibrio ecológico de este bosque urbano.

Cuando existía la fuente, recuerda, llegaban aquí cientos de aves, de garzas y patos, que usaban el lugar como sitio de reposo.
También había un ecosistema de peces y ranas que atraía a las aves, pero de eso no queda nada.

UNOS BAÑOS
Lo último que intentó hacer la alcaldía Cuauhtémoc y eso ocurrió a finales del año pasado ya con la administración de Alessandra Rojo de la Vega, fue la construcción de unos baños públicos en el centro del parque, algo que no ha existido desde que hay parque “López Velarde”.
De entrada Leticia Hernández considera que los baños públicos no son necesarios en el parque, pues además de que no hay agua ni para regar la vegetación, ya existe ese tipo de servicio gratuito en el Pabellón Cuauhtémoc, además de que hay sanitarios en la estación del Metro Centro Médico.
Cuando trabajadores de la alcaldía laboraban en excavar una fosa séptica llegaron las lluvias y la obra está suspendida, pero además la obra se colapsó y dentro del enorme hoyo quedó un tinaco que está tapado con tezontle.

La preocupación de doña Leticia es que con los baños públicos llegará también más concreto a este parque, a pesar de que el decreto como AVA prohíbe expresamente cualquier tipo de edificación que no esté dirigida a proteger los servicios ambientales, culturales y recreativos del lugar.
El decreto de Área de Valor Ambiental publicado en la Gaceta Oficial capitalina el 5 de julio de 2024, señala como responsable directa a la Sedema para gestionar, cuidar y conservar el parque.
Pero Leticia Hernández acusa que esa dependencia no se ha aparecido por el lugar, salvo cuando le enviaron a aquel biólogo que aceptó la falta de presupuesto.
UN HUMEDAL
Como vestigio de la importancia ambiental que alguna vez tuvo el parque “López Velarde”, a lo largo del mismo quedan las piedras y marcas de un humedal que lo cruzaban de norte a sur. De eso hace medio siglo.

La falta de agua, el descuido y las fisuras del suelo derivadas de fenómenos como los sismos, desecaron ese humedal.
BASURA E INSEGURIDAD
A lo largo del parque son notorios los montones de basura que se acumulan bajo algún árbol o un poste de luz.
Los desperdicios no son caseros. En su mayoría son bolsitas con los desechos que producen las mascotas de los vecinos, cuando pasean a sus perros por el sitio.
Pasan varios días antes de que el camión de la basura se lleve todo esto, pero casi de inmediato aparecen de nuevo las bolsitas de desechos. Es un ciclo de nunca acabar.
Al problema se suman los desechos humanos que dejan los indigentes, quienes concentran su actividad sobre todo en la parte norte del parque.
Mientras Capital CDMX recorre con doña Leticia el parque, un hombre en situación de calle retoza al lado de unos arbustos, acomodado entre cartones y ropa sucia.

“A este lo conozco, es bien grosero y agresivo”, dice la vecina, quien reclama la falta de seguridad.
Y efectivamente, durante el recorrido de más de dos horas por ese bosque urbano, ningún policía aparece por el “López Velarde”.
“El problema de las personas en situación de calle es muy grave, porque es un asunto de salud pública, por el fecalismo y porque además aquí ya ha habido cinco muertos, de entre ellos mismos, que se agreden con arma blanca y hasta pistola traen.
“Son un peligro y de vulnerables no tienen nada”, acusa la vecina, quien refiere que ha pedido a la alcaldía mande patrullas y policías, pero le respondieron que no existe suficiente personal para ir a cuidar unas plantas.



